Introducción
Este tema abarca desde la caída de la I República hasta la proclamación de Alfonso XII como rey en 1874. La restauración de la monarquía en la persona de Alfonso XII supone una etapa de estabilidad que durará hasta finales del siglo XIX. Esa estabilidad estará propiciada por la Constitución de 1876, el sistema bipartidista creado por Cánovas, y una cierta prosperidad económica.
Pero estos logros no ocultan grandes defectos del sistema: fraude electoral y caciquismo que deja a las masas fuera del sistema, marginación de los partidos que están fuera del sistema (republicanos, movimientos obreros, nacionalismos…). A la vez, afloran en las regiones periféricas los primeros movimientos regionalistas y nacionalistas que aspiran a conseguir un cierto grado de autonomía en un estado fuertemente centralizado. Pero el gran mazazo para el sistema será la crisis del 98, año en el que se pierden las últimas colonias, (Cuba y Filipinas), a partir de ahí España se replantea la razón de su ser y las medidas a llevar a cabo para su modernización.
El sistema político de la Restauración, que más o menos ha funcionado en el XIX, se continúa en el XX, pero tras la dictadura de Primo de Rivera ya está obsoleto y acabará saltando por los aires en los años treinta con la caída de Alfonso XIII y la proclamación de la II República en 1931.
La Evolución Política Durante el Reinado de Alfonso XII (1874-1885)
Esta evolución política se desarrolla en las siguientes fases:
- El retorno de la dinastía borbónica: Tras el golpe de Pavía en 1874, el general Serrano encabezó el gobierno y dedicó sus esfuerzos en poner término a la guerra carlista, pero el problema estaba en el “partido alfonsino” liderado por Cánovas del Castillo que defendía la restauración de la monarquía constitucional en la persona de Alfonso XII (hijo de Isabel II). Esto se corresponde a la fase final de la República.
El general Martínez Campos, el 29 de diciembre de 1874, proclamó a Alfonso XII, acto que fue secundado por las demás guarniciones del país. El 31 de diciembre se constituía el ministerio-regencia bajo la presidencia de Cánovas, y el 9 de enero de 1875 era confirmado este gobierno por Alfonso XII.
- La transición política (1874-1876) de Cánovas: En el inicio de la formación del primer gobierno de Cánovas y la aprobación de la Constitución del 76, éste buscaba asentar la monarquía; elaborar una Constitución que permitiera gobernar a partidos políticos distintos (pertenecientes al sexenio de la 1ª República) y que acabara, para alcanzar el poder, con los pronunciamientos e intervenciones militares. Cánovas gobernó durante la transición política (1874-1876) con un régimen que supuso la suspensión de las garantías constitucionales con el objetivo de consolidar el nuevo régimen político y su jefatura política de los alfonsinos. El primer objetivo y la condición esencial para el éxito de la operación restauradora era la pacificación interna y externa. El movimiento canovista había sido controlado por la república de Serrano, pero cuando Alfonso XII inició su reinado persistían la guerra carlista y la de Cuba. El final de la guerra carlista permitió el envío de nuevas tropas a Cuba, donde en un par de años también acabó.
- La acción de gobierno de Cánovas entre 1876-1881: Estuvo marcada por las reformas administrativas y medidas que reforzaron el control del Estado sobre el ejercicio de los derechos de la Constitución de 1876: entre estas medidas destacan:
- La ley electoral de 1878 estableció un sufragio censitario muy restringido, que redujo el censo electoral al 5% de la población.
- La ley de imprenta de 1879 consideraba delito los ataques o críticas a la Monarquía.
La Constitución de 1876
Por decreto de 31 de diciembre de 1875 se convocan elecciones a Cortes constituyentes. La Constitución fue aprobada por las Cortes en mayo de 1876. Esta constitución ofrece cierto eclecticismo al reunir las influencias de las Constituciones moderadas de 1845 y democrática de 1869. Por lo tanto, Cánovas tuvo que transigir para conseguir que se aceptara la nueva Constitución por otras fuerzas políticas y la determinación del derecho del sufragio se quedó sin cerrar. Cánovas restableció el sufragio restringido y Sagasta recuperó el Sufragio Universal. Otro punto importante es la cuestión religiosa. El Congreso se dividió entre defensores de la unidad católica y los de tolerancia hasta que la Constitución estableció un Estado confesional, aunque permitió el ejercicio privado de otras religiones.
En relación a la división del poder, el rey ejerce el poder ejecutivo y en las Cortes bicamerales (Congreso o Cámara baja y Senado o Cámara alta), la Constitución remitía a una ley electoral la amplitud del censo y el procedimiento de elección de estos.
En resumen, aunque la Constitución es de carácter moderado, es suficientemente elástica para ser aceptada por los progresistas. Se trataba de evitar con esto que cada partido pretendiese implantar su propia Constitución cuando llegase al poder.
El primer gobierno de Sagasta (1881-1884), se inicia la alternancia de la Restauración. La unión en torno al Partido Constitucional de Sagasta de otros grupos y su aceptación de la Monarquía y la Constitución de 1876 dio lugar en 1880 a la creación del Partido liberal-fusionista, que en febrero de 1881 formó gobierno por primera vez, iniciándose la alternancia que caracterizó al régimen de la Restauración hasta su crisis en 1923 (quedando fuera de juego político partidos republicanos, nacionalistas y una nueva oposición política del movimiento obrero junto a los marxistas, anarquistas y socialistas.)
En el inicio, la orientación liberal de Sagasta fue tímida para no alarmar a los grupos sociales dominantes. Hasta que más tarde tomó medidas para acabar con las restricciones de la libertad de expresión sin entrar en juego político.
La recesión económica y la timidez de las reformas de Sagasta provocaron protestas y ante la debilidad del gobierno de Sagasta, el Rey encargó la formación de nuevo gobierno a Cánovas (vuelta de los conservadores en 1884) reanudándose el control sobre las medidas represivas y la prensa.
La Evolución Política Durante la Regencia de María Cristina (1885-1902)
La muerte de Alfonso XII en 1885 llevó a Cánovas y Sagasta al temor de una desestabilización del sistema político por el cual se comprometían a apoyar a la regencia de Mª Cristina, apoyos en la opinión pública, a facilitar el relevo en el gobierno cuando este perdiera prestigio… (PACTO DEL PARDO) se inicia el sistema político oficial: bipartidismo y turnismo de la Restauración.
Este último se basaba en la existencia del partido liberal y el conservador, que defendían la monarquía, la Constitución de 1876, la propiedad privada y la consolidación del estado liberal, unitario y centralista. Ambos eran partidos de minorías notables, y se nutrían básicamente de las élites económicas y de la clase media acomodada. El Partido Conservador se organizó alrededor de su líder, Cánovas del Castillo y aglutinó a los sectores más conservadores y tradicionales de la sociedad. El Partido Liberal tenía como principal dirigente a Sagasta y reunió a antiguos progresistas, unionistas y algunos ex republicanos moderados para gobernar la alternancia en el poder y así asegurar la estabilidad institucional. Cuando el partido en el gobierno sufría un proceso de desgaste político y perdía la confianza de las Cortes, el monarca llamaba al jefe del partido de la oposición para formar gobierno y obtenía el decreto de disolución de la Cámara y la convocatoria de elecciones y así tener mayoría parlamentaria suficiente para ejercer el poder de manera estable.
Durante estos años de alternancias bipartidistas hay que destacar:
Los Gobiernos del Turnismo de la Restauración Durante la Regencia de María Cristina (1885-1902)
En este período destacan:
- La insurrección cubana de febrero de 1895 provocó el regreso al poder de los conservadores.
- El nuevo gobierno de Sagasta (1897-1899) que asistió al desastre del 98, es decir, a la liquidación de los restos del Imperio colonial español, lo que supuso un tremendo desgaste y desprestigio para España.
- La reina Regente, de acuerdo con los mecanismos del turno, entregó en 1899 su confianza al nuevo líder conservador, Francisco Silvela, cuyo gobierno mostró una voluntad de renovación con políticas reformistas. Las dificultades que afrontaron las reformas de este gobierno llevaron a su caída en 1901 y su sustitución por un nuevo gabinete liberal presidido por Sagasta, último gobierno de la Regencia de Mª Cristina.