Crisis del 98: Pérdida de Colonias y Guerra con EE.UU.

La Pérdida de las Últimas Colonias y la Crisis del 98: La Guerra de Cuba y con EE.UU.

El Tratado de París

En noviembre de 1885 muere Alfonso XII, con 28 años de edad, creando una situación de riesgo para la continuidad del régimen. Su viuda, María Cristina de Habsburgo, actuará como Regente hasta la mayoría de edad de su hijo Alfonso en 1902.

En estas circunstancias, se llega a un acuerdo entre conservadores y liberales en 1885 con el llamado “Pacto de El Pardo” (aunque no hay certeza escrita de su existencia), por el cual se garantizaba la rotación de poderes con el turno pacífico y el acatamiento de la Constitución de 1876, asegurando la continuidad política sin violencia.

Causas de la Insurrección en Cuba

La presencia española en Cuba era muy importante para ciertos sectores nacionales con intereses económicos en la isla: la burguesía catalana exportaba una parte importante de la producción textil y de ella venía a la península azúcar y tabaco, que aportaban a la economía española un flujo continuo de beneficios.

Entre las causas del proceso independentista destacan tres:

  1. La intransigencia de España que llevó a muchos cubanos al exilio, como en el caso de José Martí, que impulsó la creación del Partido Revolucionario Cubano.
  2. El sentimiento patriótico de la población autóctona que pedía libertad de comercio entre Cuba y los demás países americanos.
  3. Los intereses de EE.UU. en la zona y su cercanía geográfica (propuso a España la compra de la isla).

En Cuba estalla en 1895 una nueva insurrección armada que supone el definitivo proceso de independencia cubano. Se produce tras un doble fracaso:

  1. El acuerdo establecido por Martínez Campos en el Convenio de Zanjón, 1878 (que puso punto final al conflicto iniciado en 1868 por los cubanos otorgando ciertas concesiones), no aportó soluciones políticas.
  2. No se consigue la aprobación por parte de las Cortes de un plan de reformas que les otorgaba una cierta autonomía, propuesto por el ministro de Ultramar Antonio Maura dentro de un gobierno Sagasta.

Destacan las personalidades de Antonio Maceo y Máximo Gómez, como jefes militares, y José Martí, como jefe político.

En Cuba, el ejército español está dirigido primero por Martínez Campos, hasta 1896, que intenta utilizar la diplomacia antes que la fuerza, controlando las vías de comunicación y los centros productores de la isla, y, después, por Weyler, hasta 1897, que utiliza procedimientos extremos con continuas represiones y fusilamientos. Estas medidas originaron una gran impopularidad de España en el mundo.

Tras la muerte, en un atentado, de Cánovas en 1897, le sustituye un gobierno liberal con Sagasta. El 15 de febrero de 1898 tiene lugar la explosión del crucero norteamericano «Maine», con 254 muertos, en La Habana.

La opinión norteamericana culpa a los españoles y sirve de pretexto para un ultimátum a España y, después, en abril para la declaración de guerra.

Sagasta, presidente del Gobierno, decía “España está dispuesta a sacrificar hasta la última peseta de su Tesoro y hasta la última gota de sangre del último español antes que consentir que nadie le arrebate un pedazo de su territorio”. “La nación española puede ser vencida, pero jamás impunemente afrentada”, 27-VI-1898.

Un sector de los intelectuales como Unamuno, Pi y Margall y Joaquín Costa, sin embargo, se pronunciaron en contra de la guerra al grito de “¡Paz, paz, paz!”.

Unamuno escribe lo siguiente: “Lo que pasa en la guerra de Cuba es un ejemplo de lo que pasa en todas las guerras, cuyo móvil último suele ser la codicia o la rapiña de los acaparadores que invocan el nombre de la patria (la patria es el suelo que acaparan) para mandar al matadero al pobre que no tiene más patria que el hoyo que ha de recibir su cadáver”.

La defensa del honor de España hizo que la guerra se convirtiera en una necesidad ineludible.

España fue a la guerra con un enorme desequilibrio de fuerzas en relación con su adversario.

España acudió al conflicto bélico sin ninguna alianza internacional y sin una preparación adecuada; de ese modo, quedó demostrada su inferioridad naval frente a la moderna flota estadounidense.

El 3 de julio de 1898, la mayor parte de la escuadra española, mandada por Cervera (“Con la conciencia tranquila voy al sacrificio”), es hundida en la bahía de Santiago de Cuba. Paralelamente, en 1896, surge también el movimiento independentista en Filipinas, dirigido por José Rizal, ejecutado en 1896 en un acto muy controvertido por no demostración de delito. Destaca Aguinaldo como jefe militar.

La inferioridad de las fuerzas militares españolas era evidente y el 1 de mayo de 1898, España sufría la derrota de Cavite en Filipinas.

El Tratado de París y sus Consecuencias

El desenlace en ambos escenarios fue rápido en contra de España, que tiene que aceptar el Tratado de París (10-XII-1898), por el cual EE.UU. impone la independencia de Cuba, y la renuncia a Puerto Rico y Filipinas. El resto de posesiones españolas de Extremo Oriente serán vendidas al Imperio alemán mediante el tratado hispano-alemán del 30 de febrero de 1899, por el cual España venderá al Imperio alemán sus últimos archipiélagos.

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