La Economía del Franquismo: De la Autarquía al Desarrollismo
La Etapa Autárquica (1939-1959)
Al concluir la Guerra Civil, la ideología fascista del régimen (ultranacionalismo e intervencionismo estatal) y la coyuntura internacional (Segunda Guerra Mundial y el aislamiento) impusieron una política de autarquía económica. Con el fin de lograr el mayor autoabastecimiento posible, se limitaron las importaciones y exportaciones, fomentando los escasísimos recursos propios y una fuerte intervención del Estado, rechazando el capital extranjero. El Gobierno desarrolló iniciativas como la creación del Servicio Nacional del Trigo (1937) en la agricultura, y la creación del INI (Instituto Nacional de Industria) y RENFE (Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles) en la industria.
Las consecuencias de la autarquía fueron negativas:
- Elevó la inflación.
- Frenó el crecimiento económico.
- Disminuyó la producción agrícola, lo que provocó escasez, alza de precios y hambre.
- Obligó a distribuir cartillas de racionamiento, generando un mercado negro paralelo, el “estraperlo”.
El Decenio Bisagra (Años 50)
Con el fin del aislamiento internacional, el apoyo económico norteamericano y un relativo cambio de posición ideológica, comenzó un periodo de transición entre la autarquía y la plena economía de mercado de base industrial: el decenio bisagra. Esta fue una etapa de crecimiento económico que, sin embargo, conllevó una fuerte inflación y una disminución de las reservas de divisas del Estado por el pago de importaciones y préstamos. Esta situación obligó a un cambio radical de la política económica, llevada a cabo por los ministros tecnócratas vinculados al Opus Dei.
El Plan de Estabilización y los Planes de Desarrollo (1959-1975)
En 1959 se aprobó el Plan de Estabilización, que impulsó la liberalización económica, abriendo camino al capitalismo pleno mediante:
- Reducción de los gastos del Estado.
- Congelación de salarios.
- Devaluación de la peseta.
- Apertura al capital extranjero.
Entre 1964 y 1975 se pusieron en marcha los Planes de Desarrollo, dirigidos por el ministro López Rodó (el Estado se convertía en el planificador de la economía, invirtiendo en obra pública y estimulando al capital privado). Entre 1960 y 1970, la renta per cápita aumentó en más del doble. El eje de la actividad económica se desplazó de la agricultura a la industria. Se mecanizó el campo, y el exceso de mano de obra se desvió hacia la industria, iniciando un gran éxodo rural.
La mitad de la producción industrial se concentró en Cataluña, País Vasco y Madrid. La balanza comercial, tradicionalmente deficitaria, se compensó con las divisas procedentes de los emigrantes españoles en Europa, el turismo extranjero y la entrada de capital exterior. España aprovechó el ciclo económico internacional favorable, aumentando la exportación de productos y de mano de obra excedente. El crecimiento económico comenzó a disminuir desde 1967, hasta la llegada de la crisis mundial de 1973 (crisis del petróleo).
Transformaciones Sociales bajo el Franquismo Tardío
El crecimiento y el desarrollo económico provocaron una mejora general de las condiciones de vida, basada en el pluriempleo, el ahorro y la generalización de las prestaciones sociales básicas (educación, sanidad y pensiones). En 1963 se promulgó la Ley de Bases de la Seguridad Social. Se logró una auténtica transformación de la sociedad española con tres parámetros fundamentales:
- Crecimiento demográfico: El ‘baby boom’ de los años 60, fomentado por el régimen y la disminución de la mortalidad.
- Consolidación de las clases medias: Con una aristocracia empobrecida y sin apenas relevancia y una alta burguesía reducida en número, las clases medias terminaron por constituir la gran mayoría de la sociedad española. Surgió una mentalidad más abierta y las nuevas generaciones se iban distanciando de las líneas ideológicas del franquismo. El movimiento obrero, fuertemente reprimido, se articuló sobre las bases del sindicato clandestino Comisiones Obreras (CCOO), en demanda de mejoras salariales y derechos sindicales y democráticos.
- Aparición de la sociedad de consumo: Acceso a vivienda, automóviles, electrodomésticos y nuevas aficiones para el ocio (deporte, radio, televisión, etc.).
La sociedad española de los años 70 nada tenía que ver con la sociedad franquista de posguerra. Aunque la cultura oficial seguía fiel a los postulados ideológicos de la dictadura, los jóvenes y universitarios aspiraban a una nueva sociedad libre y democrática, similar a la del resto de los países de Europa occidental.
La Oposición al Régimen Franquista
Primeras Manifestaciones y Represión (Hasta los años 60)
Hasta bien entrada la década de 1950, la oposición política sufrió una dura represión. Las primeras manifestaciones de oposición al régimen fueron diversas:
- La oposición monárquica, que reclamaba la restauración borbónica en la figura de Don Juan de Borbón (Manifiesto de Lausana, 1945).
- La guerrilla antifranquista (los maquis), activa especialmente en los años posteriores a la Guerra Civil.
- Sectores de la Iglesia, que iniciaron su crítica al régimen con la formación de asociaciones católicas obreras al finalizar la II Guerra Mundial (HOAC, JOC).
- Las primeras huelgas obreras y protestas estudiantiles.
- El incipiente terrorismo de ETA (fundada en 1959).
Incremento y Diversificación de la Oposición (Años 60 y 70)
En la década de los 60, la oposición política y social a la Dictadura se incrementó y empleó nuevas formas de lucha:
- Protestas obreras: Proliferaron las huelgas laborales. Comisiones Obreras (CCOO) fue la organización sindical clandestina más activa en la etapa final del franquismo.
- Protestas estudiantiles: Reivindicaban libertades democráticas, con asociaciones como el FLP (Frente de Liberación Popular). Hubo protestas de gran magnitud, como la de 1965, que llevaron al Gobierno a declarar el Estado de excepción. Contaron con el apoyo de catedráticos represaliados como Enrique Tierno Galván, Agustín García Calvo o José Luis López Aranguren.
- La Iglesia: El Concilio Vaticano II (1962-1965) marcó el inicio de una separación de sectores de la Iglesia respecto al régimen y una actitud crítica, liderada por figuras como el cardenal Vicente Enrique y Tarancón.
- Oposición política organizada: Destacan el PCE (Partido Comunista de España), liderado por Santiago Carrillo, y el renovado PSOE (Partido Socialista Obrero Español), que impulsaron la Junta Democrática (1974) y la Plataforma de Convergencia Democrática (1975), respectivamente. También participaron partidos nacionalistas (PNV, ERC, CDC) y nuevas formaciones democristianas como Izquierda Democrática (liderada por Joaquín Ruiz Giménez).
- El terrorismo político: Principalmente de ETA (Euskadi Ta Askatasuna), movimiento nacido en 1959 por jóvenes nacionalistas vascos descontentos con la pasividad del PNV ante la dictadura. Hacia 1975 surgieron otras organizaciones terroristas de extrema izquierda como el FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota) y los GRAPO (Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre).
Destacan las sentencias represivas del régimen, como la ejecución mediante garrote vil del anarquista catalán Salvador Puig Antich (1974).
La Agonía del Régimen (1969-1975)
La etapa final del franquismo (1969-1975) se caracterizó por un deterioro del régimen paralelo al deterioro biológico que experimentaba Franco.
En julio de 1969, el príncipe Juan Carlos de Borbón fue proclamado sucesor en la Jefatura del Estado a título de rey, jurando lealtad a la Ley de Principios del Movimiento Nacional, con la intención aparente por parte del régimen de asegurar la continuidad de la dictadura tras la muerte de Franco.
Desde 1969, el régimen agonizaba y manifestaba un desgaste evidente, como demostró el caso Matesa (1969). Este caso de corrupción financiera, en el que se vieron implicadas instituciones públicas y personalidades del régimen, y que fue sacado a la luz por ministros independientes y falangistas, llevó a la formación de un nuevo gabinete ministerial más homogéneo y tecnócrata (octubre 1969), con el almirante Luis Carrero Blanco como vicepresidente. Sus objetivos eran mantener la unidad de las fuerzas franquistas e impedir el crecimiento de la oposición. A partir de aquí, se intensificó el enfrentamiento dentro del propio régimen entre inmovilistas (ultrafranquistas, conocidos como el ‘Búnker’) y aperturistas (partidarios de limitadas reformas).
1973 marcó el inicio de una crisis imparable del franquismo. En junio, Franco, ya muy mermado físicamente, nombró a Carrero Blanco presidente del Gobierno, separando por primera vez la Jefatura del Estado de la Presidencia del Gobierno. El gobierno de Carrero Blanco, con Carlos Arias Navarro como ministro de Gobernación, tenía como objetivo mantener el control y frenar a la oposición.
Tras el asesinato de Carrero Blanco por ETA (diciembre de 1973), ocurrido en una situación de crisis económica internacional creciente, Franco nombró presidente del Gobierno a Carlos Arias Navarro, representante de la línea dura del franquismo. López Rodó y los tecnócratas fueron apartados del poder.
El nuevo gobierno inició su andadura con tímidas promesas aperturistas (el llamado ‘espíritu del 12 de febrero’ de 1974), pero las huelgas, las protestas obreras y la creciente oposición política y social llevaron al ‘Búnker’ del régimen a obligar a Arias Navarro a frenar cualquier intento real de apertura.
Ante los síntomas de descomposición del régimen y la escalada de atentados del FRAP y ETA, el gobierno aprobó una nueva y dura Ley Antiterrorista (agosto de 1975) que preveía la pena de muerte para delitos terroristas. Esta ley culminó en septiembre de 1975 con la ejecución de dos activistas de ETA y tres del FRAP, lo que generó una oleada de condena internacional y la retirada de embajadores de varios países europeos.
En política exterior, el régimen tuvo que hacer frente a crecientes dificultades: en 1974 cayeron las dictaduras de Portugal (Revolución de los Claveles) y Grecia, aislando aún más a España; las protestas internacionales se multiplicaron tras las ejecuciones de septiembre de 1975; en octubre de 1975, Marruecos organizó la ‘Marcha Verde’ sobre el Sáhara Español, y el gobierno de Arias Navarro, en plena agonía del dictador, cedió la administración de la colonia a Marruecos y Mauritania (Acuerdo Tripartito de Madrid).
Finalmente, el 20 de noviembre de 1975 moría el dictador Francisco Franco, dejando un país en el inicio de una profunda crisis económica y política, con un nuevo Jefe de Estado, el rey Juan Carlos I, quien sería el encargado de pilotar la Transición a la democracia.