Colonialismo, Marxismo y Anarquismo: Auge y Evolución Ideológica

El Colonialismo

El periodo que va de 1860 a 1900 se caracteriza por un extraordinario proceso de expansión de las potencias europeas fuera de la propia Europa. Esta expansión está relacionada con la necesidad de control de los puntos más estratégicos del globo, o de los centros de producción de nuevas materias primas; la rápida industrialización, el aumento de poder del Estado y la preocupación por el prestigio. Además, Europa vivía un momento de plenitud en aquel momento. Aunque sólo cubre el 7 por 100 de la superficie de las tierras, su densidad de población compensa su pequeñez. En 1800 estaba habitada por el 20 por 100 de los seres humanos; y en 1900 nada menos que el 35,7 por 100. Pero no hemos de tomar las cifras como un factor que impulsa la colonización de nuevos territorios en cuanto «desahogo» de la superpoblada metrópoli. Más bien lo que ocurre es que esta explosión demográfica revela una extraordinaria vitalidad de Europa. En las cifras citadas influye la mejora de las condiciones sanitarias y de los métodos terapéuticos y clínicos, el progreso económico, los adelantos técnicos, y la conciencia de una superioridad europea sobre el resto del mundo. Sin ese orgullo europeo no es fácil explicar la explosión del colonialismo.

Suele concebirse el fenómeno del colonialismo como la consecuencia final del nacionalismo y del imperialismo. Sin embargo, este fenómeno pudo operar también como válvula de escape que dio salida a esa «vitalidad» de Europa, sin degenerar en continuas peleas entre potencias. Aunque terminado el reparto del mundo, los europeos se vuelven de nuevo contra sí mismos.

El conjunto de los hechos de la expansión europea es, pues, una realidad que convendría estudiar por partes si no queremos caer en reduccionismos.


El Conocimiento del Mundo

Fue el hombre de Occidente el que en tres grandes impulsos logró conocer en su totalidad el planeta que habita. El primer impulso llegó a fines del siglo XV y en el XVI, con la circunnavegación de África, el descubrimiento de América, la llegada por mar a las costas de Extremo Oriente, y la primera vuelta al mundo. Las colonias del Imperio español poco tuvieron que ver con lo que luego vino a denominarse colonialismo. Guardaba más semejanza con el modelo romano de colonia. Los españoles fundaron ciudades, poblaron masivamente el territorio, se mezclaron con las poblaciones indígenas y trasplantaron los modelos e instituciones existentes en Castilla. El Imperio portugués, en cambio, sí que tuvo algunas de las características de lo que vendrá a continuación: monocultivo, mano de obra negra en condiciones de esclavitud, etc. En el XVIII ingleses y franceses permiten conocer las últimas tierras del Pacífico. El tercer impulso, en la segunda mitad del siglo XIX, supone prácticamente el conocimiento integral del mundo.

Hubo expediciones marítimas. Pero quienes caracterizan a la época son los grandes exploradores terrestres. Algunas exploraciones pudieron estar impulsadas por afanes económicos, pero la mayoría por el ansia de conocer y descubrir. En la empresa del conocimiento del mundo hubo muchas veces no solo desinterés, sino también afán humanitario.


La Filosofía del Colonialismo

Por 1880 la idea de colonizar se presentaba como un principio magnífico de civilización y de progreso. En 1850 había incluso corrientes anticolonialistas. Pero en el período 1860–1914 el prurito colonialista dominaba en las mentalidades de Occidente.

Las causas pueden ser muy diferentes, desde motivos económicos, hasta puramente políticos y de prestigio, sin olvidar los militares, o incluso los culturales y benéficos. Por lo que se refiere a la economía, existe una doble tesis. En primer lugar, el paso en la mayor parte del continente europeo de una economía preferentemente agrícola a otra preferentemente industrial fue borrando las diferencias entre países. Ya no eran tan fáciles los intercambios. Cada país deseaba proteger su propia industria. Se hacía preciso conquistar mercados, y para ello dominar zonas de influencia. El control fue fundamentalmente comercial. Por otro lado, la nueva revolución industrial que se estaba operando desbordaba a la romántica, caracterizada por el carbón y el hierro. Hacían falta nuevas materias primas, productos existentes únicamente en países exóticos.

Desde el primer momento se vio que muchas colonias no eran rentables. Los negocios no respondían siempre a las expectativas. A su tiempo, la mayoría de las colonias serían abandonadas con déficit.

El nacionalismo romántico derivó hacia el imperialismo en el caso de las grandes potencias, y éste hacia el colonialismo. Una potencia era estimada por la extensión de territorios ultramarinos que era capaz de controlar. Y unido a todo ello una filosofía sobre «la sagrada misión del blanco» de llevar su cultura, civilizar y evangelizar a los pueblos atrasados. El colonialismo de finales del XIX fue un movimiento magnífico, sin paralelo en la Historia, que cambió por completo las estructuras del futuro.


El Imperio Colonial Británico

El esplendor de la era victoriana en Inglaterra sería incomprensible sin la conquista del imperio más vasto que recordaban los siglos. Aquel orgullo caracterizó una época, y aún habría de perdurar con el tiempo en el temperamento británico.

El símbolo imperial de Gran Bretaña fue la India. Desde el siglo XVII había penetrado en aquel subcontinente la Compañía de las Indias Orientales, con fines exclusivamente comerciales. Al interés comercial se unió el control efectivo del terreno, y la India pasaba de ser una empresa particular a otra del Estado. Los militares ingleses se hicieron cargo de la administración de la India, un inmenso país en que coexistían seiscientos principados distintos, más de doscientas lenguas y ocho religiones. Esta diversidad fue precisamente un factor que facilitó la progresiva penetración británica. La conquista, o más bien el control del territorio fue obtenido unas veces por alianzas y otras por pequeñas guerras.

En 1876 Disraeli obtuvo para la reina Victoria el título de Emperatriz de la India. Desde entonces hasta después de la Segunda Guerra Mundial, Gran Bretaña fue considerada como un imperio. Aquellas familias pudientes de la India constituyeron con su afán de lujo un espléndido mercado para la metrópoli. El resto del país siguió siendo pobre, aunque con la nueva y unificada administración mejoró. La India fue un notable ejemplo de simbiosis entre dos culturas. Por eso tal vez se ha convertido en uno de los más poderosos países poscoloniales.

continuación imperio colonial británico.

Después de la India, el área de mayor expansión británica fue África. Tras la derrota de Francia en la guerra francoprusiana, la presencia gala en Egipto fue sustituida por la británica, y los ingleses se aprovecharon de la construcción del canal de Suez. Por otra parte, la ruina del jedive les obligó a vender la mayor parte de las acciones del Canal, y poco a poco Egipto se fue convirtiendo en un protectorado británico. Se expandieron luego por Sudán, Somalia, Kenia… Su gran proyecto fue la construcción del ferrocarril El Cairo-El Cabo, donde tropezaron con los portugueses, y les obligaron a desistir, lo cual hirió el alma portuguesa. Y en 1898 chocaron los británicos con los franceses en el encuentro de Fachoda. El propósito francés era opuesto al inglés, unir sus territorios del Atlántico y del Índico. Durante unas semanas, la crisis francobritánica fue muy tensa. Al fin los franceses hubieron de ceder. El último choque fue con los boers, colonos holandeses que se habían establecido en las zonas sudafricanas de Transvaal y Orange. Después de la dura Guerra de los Boers, la paz negociada puso las bases de la Unión Sudafricana.

Gran Bretaña contaba también con inmensos territorios en América y Oceanía, en este caso colonias de poblamiento. A finales de siglo éstas se constituyeron en Dominios. Más tarde la Unión Sudafricana pasó a formar parte de esta comunidad.


El Marxismo y el Anarquismo

El Marxismo

El revisionismo gramsciano y la contracultura actual

Las últimas décadas del siglo XIX han conocido una evolución importante en la ideología del marxismo. Aquí aparece Antonio Gramsci, éste se fija en la cultura, piensa que no habrá revolución plena si no se cambian las creencias. Para él, las ideas y creencias no son una simple exhalación de la economía, sino una realidad que constituye la cultura.

La idea propulsora del pensamiento gramsciano es que la Revolución se realizará de un modo orgánico dentro de lo que Gramsci llama cultura. Gramsci también tiene interés por el cristianismo, al que considera un germen vital de una cultura histórica que penetra la mente y la vida de los hombres. Será preciso desmontar los valores últimos y crear así una cultura nueva. El ariete para esta transformación será el Partido Comunista, que pensaba que cambiar la lengua debía ser el objetivo principal, si cambia la forma de llamar a las cosas, la gente las enfocará de otra manera. Buscaban una transformación únicamente materialista.

El arma principal de Gramsci era la lingüística, la gramática normativa, porque alterando el sentido de las palabras y sus connotaciones emocionales, crearían en quien habla una nueva actitud espiritual. Si se cambian los valores, se modifica el pensamiento y nace así una cultura distinta. De esta forma se alteran las convicciones ideológicas para conseguir una misma ideología global y así nadie se revele en cuanto al cambio económico posterior.

El medio para conseguirlo era el pluralismo, que aparentando respetar las estructuras y los fines de una cultura, se corromperá con un criticismo que les lleve a su propia autodestrucción. Si se logra infiltrar el pluralismo en la propia Iglesia, el éxito será fácil.

El Anarquismo

Los pensadores anarquistas, también críticos con el nuevo orden político y social, consideraban que una vez lograda la libertad, los ideales revolucionarios tenían que hacerse realidad por medio de la reforma social o de la revolución.

Marx y Engels encontraron una fuerte crítica de los anarquistas durante la I y la II Internacional (1864 y 1889).

El Anarquismo Nace con el Socialismo

El anarquismo surgió como un movimiento emparentado con el socialismo. Ambos coincidían en la consideración de la necesidad de la revolución, y en la afirmación de que el resultado de la revolución debía ser una sociedad sin clases. Marx buscaba crear un superestado que le diese todo el poder al proletariado, para él, el establecimiento de la sociedad sin clases se llevaría a cabo a través de la dictadura del proletariado, pero esto no lo aceptan los anarquistas, cuyo pensamiento era el de abolir todo el poder, incluso el Estado.

Los anarquistas no sólo recelan del estado sino que la máxima que resume su quehacer político es: «ni Dios, ni patria, ni amo».

La irreligiosidad de estos tiene un sentido diferente. Para Marx, la religión es el opio del pueblo. Para los anarquistas, no hay ningún principio inmutable. Como Dios es un principio inmutable, hay que rechazarlo. De manera que su idea principal era la lucha contra la autoridad, ya que todo poder deriva del individuo. El anarquismo toma el concepto del liberalismo, pero lo lleva al extremo de negar cualquier poder político.

Dentro del anarquismo encontramos dos tendencias: la nihilista y la anarquista libertaria.

Los inicios nihilistas: Stirner, Pisarev y Netchaiev

Max Stirner piensa que el hombre no ha salido ganando nada en su lucha contra el desequilibrio, porque al creerlo ya superado, siempre se crea uno nuevo.

Todos estos planteamientos se resumen en:

  • – Que el yo sepa reconocerse a sí mismo como «único poder real».
  • – Que se deje de creer en el Derecho, que no es más que la expresión de los derechos del Estado.
  • – Que el «yo» no entre en sociedad con los demás.
  • – Que se rechace toda misión, todo destino y sólo tenga la tarea de su propia expansión y su disfrute personal.

Stirner, en su individualismo extremo, defiende el rechazo a toda misión y destino y la búsqueda de la propia expansión y el disfrute personal. Por su parte, Dimitri Pisarev y Serge Netchaiev defienden unas actitudes personales sobrias y de absoluta entrega a una misión: la revolución.

  1. Los primeros escarceos: Pierre Joseph Proudhon

    Proudhon es el único ideólogo dentro del pensamiento obrerista que era obrero de origen. Siempre tuvo como meta permanecer al lado de ellos.

    Marx ordena a los obreros lo que deben hacer; Proudhon es expresión de lo que los obreros «querían hacer». De ahí que el marxismo sea frío, mecánico y coherente; mientras que el pensamiento de Proudhon es cálido, ágil, pero, en ocasiones, incoherente.

    Proudhon propone una sociedad anárquica en la que debe desaparecer cualquier atisbo de poder político.

    Al oponerse a cualquier autoridad también rechaza a la autoridad religiosa, es decir, a las Iglesias. Sus teorías son fundamentalmente antirreligiosas. Pero con la desaparición de las clases, gracias al principio de la no violencia, el Estado podrá desaparecer.

    Para Proudhon la justicia es el respeto a la dignidad humana. Y, esta justicia, es la que debe llevar a que los tres principios de la Revolución Francesa: «libertad, igualdad y fraternidad» puedan llevarse a efecto conciliando la libertad y la igualdad gracias a la fraternidad.

  2. La solución a todo es la socialización, que es el dominio de los productores sobre su actividad. Lo importante es evitar cualquier concentración de poder y mantener la motivación en la actividad económica. A esta organización donde no habrá concentración de poder se llamará mutualismo y la forma política que propone Proudhon es el federalismo.

    A) Mutualismo.

    El mutualismo es el cultivo iniciador de la invención y la autoorganización obrera. Y tiene tres sectores:

    1. Propiamente mutualista: los obreros tienen el dominio de su actividad.
    2. Colectivista: propiedad colectivizada.
    3. Sector privado de pequeños propietarios: son una garantía frente a cualquier concentración de poder.

Continuación primeros escarceros: Pierre Joseph Proudhon.

B) Federalismo.

El federalismo es la forma propuesta por Proudhon. Consiste en una organización política cuya base son las comunas (los municipios) y en cierta manera las regiones y las empresas. Hay un escasísimo poder central que será una mera emanación de municipios, regiones y empresas, pero las empresas sólo las colectivas y mutualistas. Todos estos se administrarán a sí mismos y por sí mismos y no tienen necesidad de ningún órgano superior.

Proudhon no reconoce la autoridad de ningún partido, sólo admite la idea de justicia.

Mijail Bakunin (1814–1876)

Bakunin piensa que en la libertad está el origen de todo el pensamiento anarquista. Precisamente por ello ataca todas las instituciones ya que la propia Institución por el hecho de serlo es incompatible con la libertad.

En cualquier caso distingue claramente entre sociedad y Estado. La sociedad la considera natural al hombre. Sin embargo, el Estado es algo esencialmente artificial, un instrumento creado por algunos hombres para ejercer poder sobre otros.

Fue el mayor adversario que encontró Marx en la I Internacional, hasta que éste logró, que, en el Congreso de La Haya, los bakuninistas fueran expulsados de la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores).

Bakunin puede considerarse un continuador de Proudhon. No obstante, difería de éste, ya que mientras que Proudhon prefería los métodos pacíficos, Bakunin siempre apoyó los métodos más violentos.

A) Concepción negativa del Estado.

La concepción de contrato social de Rousseau fue criticada por Bakunin, sobre todo, porque sirve para justificar la tiranía del hombre sobre el hombre.

Los partidarios del contrato social están claramente equivocados porque se imaginan a los hombres viviendo, antes de crearse los Estados, en unas condiciones naturales. Sin embargo, en realidad los hombres han vivido siempre en sociedades y en estas sociedades existían criterios sobre lo justo e injusto.

Bakunin se opone a esto porque piensa que tanto los impulsos egoístas como sociales forman parte de la naturaleza del hombre. Además, añade que lo justo y lo injusto derivan de los impulsos primitivos, y lejos de haber sido mejorados por el Estado, han hallado en él su mayor enemigo y corruptor.

Continuación Mijail Bakunin.

B) Concepción negativa de la religión.

Bakunin no negaba que el impulso religioso había existido en el hombre desde su origen y que había desempeñado una función necesaria en el desarrollo de la Humanidad. Sin embargo, era profundamente anticlerical.

Además, su explicación del desarrollo histórico de la religión era similar al de Augusto Comte, que habla de los tres periodos por los que atraviesa el espíritu humano: el mitológico–teológico, en el que el hombre hace depender los fenómenos naturales de la voluntad de poderes superiores; el metafísico, en el que se sustituyen los poderes superiores por entes abstractos y el científico–positivo, en el que el hombre conoce cuál es la misión y esencia del saber humano. Bakunin creía que estos períodos suponían el paso de la Humanidad de las explicaciones religiosas del mundo a las metafísicas, cediendo terreno a la ciencia.

Pensaba que el hombre debía ser considerado como parte de la naturaleza y gobernado por las leyes naturales. Afirmaba que el hombre es más libre conforme avanza más el conocimiento científico, ya que el descubrimiento de las leyes de su propio ser y del mundo influye en las condiciones de vida.

En el siglo XIX le parecía que la creencia en Dios era sólo una supervivencia de lo primitivo, explicable sólo como una imposición. Bakunin veía una absoluta contradicción entre Dios y la libertad, porque si el deber del hombre es obedecer a Dios ya no es dueño de sí mismo.

C) Concepto de federalismo.

El federalismo de Bakunin deriva de su antiestatismo y de su antiteologismo. Entendía que las sociedades libres tienen que fundamentar todo su poder en los individuos.

De ahí que el federalismo busque una única sociedad libre, porque es «el hombre contra el Estado». Los hombres deben cooperar en distintos grupos pequeños (municipios o comunas) y las grandes sociedades deben basarse en ellos. En esto consiste el federalismo. Y si las bases se establecían bien, los hombres podían federarse en unidades mayores hasta una vastísima federación que comprendería toda la Humanidad.

El federalismo garantiza la libertad, mientras que si se hace del Estado la base de la organización social, su centralización y sus tendencias autoritarias dividirán la Humanidad en grupos de poder hostiles que, inevitablemente, conducirán a la guerra.

Continuaación mijail Bakunin segunda parte.

D) La polémica con Marx.

Bakunin y Marx tenían dos caracteres absolutamente incompatibles. La polémica fue una lucha de poder dentro de la Internacional. En consecuencia, la polémica acabó con la expulsión de los anarquistas de la Internacional.

Marx concebía una organización basada en la clase obrera bajo la dirección del proletariado, y afirmaba que como consecuencia del desarrollo de la sociedad capitalista el conflicto se plasmaba entre dos poderes, la clase capitalista y la clase proletaria.

Bakunin concebía la revolución como una lucha incesante contra la opresión. La fuerza revolucionaria era la de los grupos desposeídos. Sin embargo, Marx pensaba que el aspecto clave de la revolución era la lucha de clases y el desarrollo de la conciencia y organización de los obreros industriales. Además, Bakunin entendía que la revolución sería un movimiento instintivo y violento de los grupos más oprimidos, mientras que Marx afirmaba que sería resultado del cultivo de la «conciencia de clase» y de una buena organización.

La concepción de Bakunin le parecía a Marx completamente anticientífica, romántica y totalmente alejada de las realidades modernas.

Pero el punto clave que separó a ambos y despertó los recelos de los anarquistas fue la «dictadura del proletariado». Para Marx, el tránsito del capitalismo al socialismo se debía realizar a través de la dictadura del proletariado. A Bakunin, en cambio, le obsesionaba esta idea de nuevo Estado centralizado y autoritario.

Piotr Kropotkin (1842–1921)

Kropotkin fue el polo opuesto al anarquismo individualista de Bakunin, y fue el teórico más influyente en el anarquismo. Afirma que la «ayuda mutua» es una cualidad natural de los hombres. Desarrolla aspectos de la teoría comunista libertaria de Bakunin. La revolución, bajo su criterio, debía ser destructiva. Y cuando ésta se haya llevado a cabo, los hombres construirán la nueva sociedad de acuerdo con sus impulsos cooperativos naturales. La tarea del presente es revolucionaria, es destruir.

A finales del siglo XIX la oleada de atentados llevados a cabo por anarquistas condujeron a que se relacionara el anarquismo con la actividad terrorista.

George Sorel (1847–1922): la rebeldía paradójica

Fue un hito en la formación teórica del Anarcosindicalismo.

Su pensamiento político es fundamentalmente negativo: está en contra de la democracia, no cree en el progreso, se opone a la posibilidad de llegar a acuerdos en los enfrentamientos sociales y no estima útil el valor de la razón. Durante una época se consideró a sí mismo mar- xista pero, a diferencia de Marx, veía al proletariado inmerso en un conflicto en el que lo importante no era la victoria final sino el conflicto en sí.

Destaca dos ideas fundamentales, la idea de la función creadora de la «violencia» y la idea de «mito social».

Para Sorel la realidad humana es libertad. La acción libre supone un «mundo fantástico» y cuando ese mundo fantástico se convierte en norma de acción de las masas tenemos un mito

Continuación Mijail Bakunin 3.0

George Sorel (1847–1922): la rebeldía paradójica

Fue un hito en la formación teórica del Anarcosindicalismo.

Su pensamiento político es fundamentalmente negativo: está en contra de la democracia, no cree en el progreso, se opone a la posibilidad de llegar a acuerdos en los enfrentamientos sociales y no estima útil el valor de la razón. Durante una época se consideró a sí mismo mar- xista pero, a diferencia de Marx, veía al proletariado inmerso en un conflicto en el que lo importante no era la victoria final sino el conflicto en sí.

Destaca dos ideas fundamentales, la idea de la función creadora de la «violencia» y la idea de «mito social».

Para Sorel la realidad humana es libertad. La acción libre supone un «mundo fantástico» y cuando ese mundo fantástico se convierte en norma de acción de las masas tenemos un mito social. El mito es irrefutable porque es idéntico a las convicciones de las masas. Sorel pretende vaciar al socialismo de lo ficticio, liberar al marxismo de sus elementos ficticios y dotar al anarquismo de la idea de una lucha de clases total y violenta. Esto es el Sindicalismo que propone Sorel. El paso del capitalismo al socialismo será como una catástrofe violenta, por lo que la política de reformas sociales carece de sentido. Todo lo expuesto implica la justificación de la violencia, no de la pequeña violencia sino de la violencia implícita en la lucha de clases.

Las ideas de Sorel tuvieron una notable influencia en los movimientos obreristas, el Comunismo soviético y el fascismo italiano.

La Controversia Revisionista

En el Congreso de Hannover hubo un intenso debate porque los socialdemócratas de Baviera se aliaron con el Partido Zentrum católico.

La teoría socialdemócrata vigente resaltaba la tendencia histórica hacia las grandes empresas y la concentración de capital en un número cada vez menor de personas. El proceso de socialización supone la sustitución de empresas individuales por otras cada vez mayores que implica que un número mayor de obreros trabajen bajo una misma dirección unificada. El creciente carácter colectivo de la producción conduciría al proletariado a adueñarse del poder político y pasar los medios de producción de la propiedad privada a la propiedad pública, para atender las necesidades de todo el pueblo. Es decir, la concentración de la propiedad en pocas manos.

Por consiguiente, las pequeñas empresas eran despreciadas y destinadas a decaer y a ser superadas por las propias fases del capitalismo. En la sociedad venidera los labradores desaparecerían como restos anacrónicos del capitalismo inicial, y la tierra sería cultivada a gran escala lo cual reduciría el coste unitario de producto.

Sin embargo, esta descripción no se correspondía con la realidad. Esta situación, así como las mayores dificultades de crecimiento de la Socialdemocracia que seguía considerándose como representante del proletariado, era desconcertante.

Georg Von Vollmar defendió que los labradores pobres debían ser considerados proletarios aunque fueran propietarios. Además, ayudar y contar con estos pequeños agricultores fortalecería la causa socialista, pues eran nuevos aliados para derrocar el capitalismo.

Kautsky pensaba que el SPD (Partido Socialdemócrata Alemán) no debía basarse en más clase que el proletariado, considerando una traición a los principios del Partido Socialdemócrata el abandonar la doctrina fundamental del marxismo, ya que consideraba que las tesis del materialismo histórico eran completamente correctas.

De manera que se presenta como el máximo defensor del marxismo y, por consiguiente, de la revolución proletaria. Pero su versión, a diferencia de la de Marx, era más sistemática, más inflexible y más fácil de aprender. Además, había en Kautsky un fuerte elemento de pacifismo que era extraño al pensamiento de Marx.

Desde 1891 Vollmar pedía cambios ideológicos, pero estos fueron rechazados. Eduard Bernstein asumió las aspiraciones reformistas que se apuntaban y provocó lo que se ha conocido como la controversia revisionista.

Las tesis de Bernstein

Bernstein, paulatinamente a la largo de la propia controversia, fue decantando sus tesis que podemos resumir del siguiente modo:

  1. Afirmaba que el SPD era fantasioso porque estaba dominado por la idea de un futuro salto repentino del capitalismo al socialismo, creyendo resolver así todos los problemas.
  2. Criticó la idea de que el capitalismo estaba a punto de derrumbarse, y de que estaba cerca la toma del poder del proletariado.
  3. Afirmó que el movimiento era todo, y lo que usualmente se llama objetivo final del socialismo, nada.
  4. Defendía el gradualismo, y sostenía que el socialismo vendría como una acumulación de pequeños cambios, afirmando que no habría cambio repentino del capitalismo al socialismo, sino más bien una transformación gradual, poco a poco, de uno a otro.
  5. Afirma que las cosas cambian porque cambian las condiciones básicas de la vida social y porque los cambios de estas condiciones hacen que los hombres adapten sus instituciones para satisfacer nuevas necesidades.
  6. Prescinde del determinismo al afirmar, que afirma que el futuro depende de lo que hagamos hoy. Piensa que las relaciones sociales dependen hoy mucho menos de la economía que antes, revisando de ésta forma la teoría marxista.
  7. Ponía en duda la solidez de la teoría de la plusvalía (diferencia entre el valor generado por el trabajador y lo que se le paga, siendo ésto una ganancia extra para el empresario). Pensaba que no era necesaria para explicar la explotación, sino que sólo sirve para introducir confusión en este punto.
  8. Opinaba que había una tendencia hacia la concentración capitalista, pero negaba que se produjera con la rapidez que Marx le atribuía al proceso.
  9. Piensa que ha surgido ya una clase media que sustituye al pequeño empresario. En definitiva, que la clase media no estaba pasando a las filas del proletariado.
  10. Niega la teoría marxista de la «miseria creciente del proletariado», lo que condujo a valoraciones diversas sobre un empobrecimiento relativo. Afirmaba que la clase media no iba desapareciendo sino más bien rejuveneciendo en formas nuevas.

Continuación tesis de Bernstein.

  1. Considera que la dictadura del proletariado era inadecuada y contraria al principio democrático, que la mayoría de las empresas tenían que dejarse en manos de las personas que supieran dirigirlas, por lo que el paso de la propiedad privada a pública tendría que ser gradual. Consideraba incompatible la dictadura del proletariado con la democracia, porque la democracia significa la supresión de un gobierno de clase, ya que puede ser elegido sea de la clase que sea, no la sustitución del gobierno de una clase por el de otra «mejor». Para él la democracia no era simplemente un medio sino un fin.
  2. Bernstein se muestra contrario a la afirmación de que «los trabajadores no tienen patria», lo ve falso.
  3. En definitiva, su argumentación global venía a demostrar que las doctrinas de Marx no eran en modo alguno científicas, y que necesitan adaptar los hechos o prescindir de ellos cuando la adaptación sea imposible. De esta manera acusó a Marx de ser en el fondo un inflexible y no un científico.

En definitiva, Bernstein pedía al SPD que abandonase las doctrinas anticuadas y que adaptara su pensamiento a lo que la Socialdemocracia era, un partido democrático y reformista.

Conclusiones prácticas del revisionismo

La estrategia propuesta por los ortodoxos como Kautsky era preparar la revolución. La Asamblea de la Internacional Socialista de 1896 pedía a los trabajadores que se preparasen para ejercer el poder gubernamental, dada la proximidad de la «crisis final» del capitalismo y la toma del poder por el «proletariado».

Bernstein consideraba que esto era un error y que era preferible pedir a los trabajadores que actuaran colectivamente para conseguir de los patronos mejoras en sus contratos laborales. Opinaba que no estaba próxima la caída del capitalismo, y criticaba el concepto de dictadura del proletariado. Recomendaba que los socialistas moderasen sus ataques al liberalismo. Consideraba que en la doctrina liberal había cualidades suficientes para que la misión de los socialistas no fuera destruir la sociedad capitalista sino enmendarla. El SPD sostenía que los trabajadores alemanes sí tenían patria y debían participar activamente en su defensa, en el ejército.

La II Internacional y los partidos socialistas mantuvieron un debate continuo entre los partidarios de la revolución y de la reforma para llegar a establecer una sociedad socialista que sustituyera a la capitalista. La actitud hacia los labradores era un indicador de la aceptación del concepto lucha de clases y de sus límites.

Por ejemplo, Jaurés no consideraba a los pequeños propietarios agrícolas como una clase enemiga y sabía que, aunque formaban una minoría en el medio rural, podían lograr que el socialismo no avanzase si el partido se oponía a ellos. Consideraba que los pequeños agricultores habían consolidado su situación gracias a la Gran Revolución por lo que sería una traición atacarles en lugar de darles la oportunidad de adaptarse a la nueva sociedad socialista. Jaurés nunca fue un marxista, siempre resaltaba los elementos éticos del socialismo y sus raíces en una democracia.

Totalitarismos – Comunismo

Si bien es discutible una «teoría global del totalitarismo», en la que se incluya bajo la misma explicación el comunismo, el fascismo y el nazismo, ésta se resumiría en lo siguiente:

  • La concentración de todos los mecanismos de poder en manos de un partido único que prevalece sobre las estructuras del Estado o se confunde con ellas.
  • La eliminación del Estado de Derecho y del pluralismo político. Son sustituidos por un estricto control policial y una agobiante propaganda que pretende justificar el dirigismo.
  • La acumulación de poder por parte del líder único (Stalin en la Unión Soviética, Hitler en Alemania y Mussolini en Italia).
  • La imposición de una ideología a partir del Estado en el que ha logrado instalarse.

Antes de la Revolución

La revolución soviética está unida a la ideología marxista. En su obra El Capital Marx construye una teoría de la Historia a la que llama «materialismo histórico» en la que asegura que se pasan por los periodos del esclavismo, feudalismo, capitalismo, que ineluctablemente conducirá al socialismo gracias a la lucha de clases. La implantación del socialismo exige una dictadura del proletariado que establecerá el comunismo. Dicen que Marx «esboza el camino para una sociedad socialista, es decir, de una sociedad racional en la que no exista la propiedad privada de los medios de producción y en la que se suprima la división entre el trabajo manual e intelectual, las diferencias de clase, con la consiguiente desaparición del Estado.

A Marx se le encargó que redactara el manifiesto inaugural de la I Internacional, pero tuvo que compartir su influencia con algunos anarquistas como Prondhom o Bakunin. Como consecuencia de los enfrentamientos en el Congreso de La Haya (1872) se produce la expulsión de los anarquistas de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) con lo que el marxismo, en la II Internacional Socialista, se consolida como doctrina oficial de los partidos socialistas y socialdemócratas.

Continuación totalitarismos- omunismmo/ antes de la revolución y Bolcheviques y mencheviques.

Tras el fallecimiento de Marx y

Engels sus seguidores auguraban el derrumbamiento del capitalismo, pero éste no se producía, lo que dio lugar a la «controversia revisionista». Ya se apuntaba la ruptura entre socialdemócratas y comunistas, pero, de momento, no ocurrió nada, al menos mientras duró la II Internacional Socialista, hasta la Primera Guerra Mundial. La idea más generalizada entre los socialistas consistía en que la revolución iba a producirse en un país desarrollado, y más concretamente en Alemania.

Bolcheviques y mencheviques

El Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR) fue fundado durante un congreso clandestino, en el que se agudizan las diferencias entre las dos principales corrientes del Partido, la de Martov y la de Lenin. Estas diferencias se vieron más marcadas cuando se trataba de decidir sobre la admisión al partido. Martov pretendía aceptar como militantes a todos aquellos que se mostraran dispuestos a estar controlados políticamente y a seguir las orientaciones del POSDR, aunque no participaran activamente en todas las iniciativas, buscaba un partido con numerosos miembros, posibles votantes que permitirían ganar las elecciones.

Lenin, por el contrario, opina que el partido debe ser un instrumento de la revolución. A Lenin le importa poco el número de afiliados, para él el partido debe ser una élite de revolucionarios dispuestos a recibir órdenes y ejecutarlas con precisión. El partido debe ser centralizado y disciplinario.

Este concepto de partido se opone tanto a los mencheviques como a los que Lenin llamaba «izquierdistas», quienes insistían en la acción espontánea de las masas.

Así pues, Lenin defiende un partido de revolucionarios profesionales, experto en acciones secretas y capaz de conciliar la teoría marxista con la práctica revolucionaria.

En un principio, Lenin y Trotsky estaban en desacuerdo sobre la posibilidad de una revolución en Rusia y sobre la organización del partido. Sin embargo, más tarde comparten la idea de hacer una «revolución proletaria» por medio de la dictadura del Partido.

Martov se quedó en minoría, por lo que su corriente dentro del Partido fue denominada minoritaria (menchevique en ruso), mientras que las tesis de Lenin fueron aprobadas por mayoría, de ahí la denominación de mayoritaria (bolchevique en ruso). A pesar de que las mayorías y minorías fueron cambiando, las palabras quedaron fijadas: los primeros se fueron asimilando a las tendencias más moderadas dentro del socialismo, mientras que los bolcheviques representaban el radicalismo.


El círculo vicioso del atraso ruso

El siglo XIX fue un periodo de debilidad, el Imperio ruso se encontraba en situación crítica, y además estaba aislado internacionalmente.

La productividad agraria en descenso fue signo del agotamiento del régimen zarista. Ante esta situación era necesario emancipar a los siervos. Así pues, en 1861 el Zar Alejandro II dictó el decreto de Emancipación de los siervos. Pero el decreto de emancipación no satisfizo las aspiraciones.

Mejor suerte corrieron los siervos estatales dependientes de la Corte. Desde el primer momento se les concedió el derecho al usufructo de todas las parcelas que cultivaban, aunque seguían vinculados al Mir (Comunidad rural). La deuda pública era muy alta y la incertidumbre era constante.

Las medidas reformadoras no dieron estabilidad al Imperio ruso. Se introdujeron algunos elementos modernos durante el reinado del zar. Algunos de ellos fueron: la reorganización de la Justicia con jueces inamovibles; la apertura de las Universidades a las clases medias; o la reorganización del Ejército abriendo la oficialidad a los no nobles.

En resumen, el sistema económico ruso, que contaba, en su mayoría, con población rural, no era capaz de alimentar a una masa creciente de población.

El aumento demográfico a lo largo del siglo, se produjo sin incremento sensible de la productividad agrícola y sin posibilidades de empleo en otros sectores. Esta situación de una sociedad rural muy atrasada era desfavorable para el desarrollo de la industria, pues se carecía de demanda efectiva pues los campesinos se confeccionaban sus propios vestidos, incluso su propio calzado y sus muebles. Esta economía de autoconsumo no generaba capitales propios para la inversión.

La inversión extranjera en Rusia

Rusia hizo un gran esfuerzo en la construcción del ferrocarril, lo que supuso un estímulo para la industria pesada.

La firma del Tratado de 1894 entre Francia y Rusia llevó a los franceses a contribuir en la financiación para la industrialización de San Petersburgo, Moscú, Los Urales y Ucrania Occidental, vital para los rusos, ya que era su zona de entrada a Europa.

Aunque la estructura económica del Imperio ruso estaba basada en el predominio agrario, las zonas industriales mencionadas, adquirieron una cierta vitalidad a lo que contribuyó la Banca. A principios del siglo XX a las inversiones francesas se les unieron las inglesas y belgas. El capital alemán se concentró en la industria eléctrica. Se calcula que un tercio del capital invertido en Rusia procedía del extrtanjero.


Obreros e industriales en Rusia

A pesar de que el retraso agrícola frenó el proceso industrializador, a partir de 1885 la tasa de crecimiento industrial se incrementa. Como resultado de este proceso, el conjunto de obreros de industrias modernas en Rusia creció.

En resumen, la situación política de Rusia se caracterizaba por ser una autocracia bastante poco operativa, salvo en lo que a la actividad policial se refiere. La estructura productiva basada en el gigantismo de los nuevos establecimientos, tanto por el número de obreros empleados como por la dimensión de las instalaciones, según la expresión de Lenin, fue consecuencia del modelo aplicado en una economía atrasada.

De los sectores industriales podemos destacar el textil que había avanzado mucho gracias a la mecanización.

Otro sector de gran pujanza fue el siderúrgico. La creación de altos hornos en Rusia se debió al acuerdo entre el gobierno ruso y un inventor británico, John Hughes.

Las modernas fábricas rusas estaban localizadas en Moscú, San Petersburgo, Polonia rusa y Ucrania occidental, por lo que el sur y el este del inmenso imperio eran las zonas más atrasadas.

En resumen, hacia el inicio de la I Guerra Mundial, la economía rusa podía ser calificada de subdesarrollada, pues tenía una economía primaria, aunque en la industrialización hacía grandes progresos.

De ahí que una guerra pudiera socavar la estabilidad de un régimen que basaba su continuidad en el temor que inspiraba a los súbitos.

LA REVOLUCIÓN DE 1905: EL ENSAYO GENERAL

El imperio ruso se extendió considerablemente tanto hacia el este de Asia como hacia el centro. La fundación del puerto de Vladivostok, la ocupación de la isla de Sajalín y la penetración rusa por Corea del Norte, provocaron la guerra entre los Imperios Japonés y Ruso. La guerra ponía al descubierto las debilidades rusas e incrementaba la oposición al régimen del Zar. Los zemstvos (órganos de carácter local de cierta representatividad que formaban parte del sistema político- administrativo ruso) constituyeron una unión clandestina al ver amenazadas sus competencias por una burocracia central cada vez más corrupta. Los dirigentes de los zemstvos reclamaban la convocatoria de elecciones, promovían el paso de una monarquía absoluta a una monarquía parlamentaria.

La destrucción de la Armada rusa y la consiguiente victoria japonesa precipitaron los acontecimientos.

Se convoca una manifestación para presentar al Zar un manifiesto respetuosísimo para solicitarle «justicia y comprensión» y la convocatoria de elecciones de una asamblea constituyente por sufragio universal. Sobre estos manifestantes se abrió fuego, produciendo alrededor de un millar de víctimas.


Continuación de la Revolución de 1905: El ensayo general.

La destrucción de la Armada rusa y la consiguiente victoria japonesa precipitaron los acontecimientos.

Se convoca una manifestación para presentar al Zar un manifiesto respetuosísimo para solicitarle «justicia y comprensión» y la convocatoria de elecciones de una asamblea constituyente por sufragio universal. Sobre estos manifestantes se abrió fuego, produciendo alrededor de un millar de víctimas. Ante esta situación el zar Nicolás II decide firmar el «Manifiesto de Octubre» en el que acepta las reivindicaciones políticas más generalizadas: ampliar el derecho al sufragio mediante una nueva ley electoral y conceder a la Duma poderes para legislar. Mientras se realizaban los trabajos previos antes de publicar la nueva ley electoral, se formó en San Petersburgo el primer comité de trabajadores que sería conocido en todo el mundo por la palabra rusa: el soviet.

Se realizaron las elecciones en todo el Imperio y obtuvieron escaño algunos diputados que eran partidarios de la revolución, pero la gran mayoría pretendía instaurar en Rusia una monarquía parlamentaria.

La nueva situación contribuyó a incrementar las diferencias entre mencheviques y bolcheviques.

Pero este debate quedaba superado por los titubeos del zar Nicolás II. Las atribuciones de la Duma fueron paulatinamente recortadas.

En noviembre de 1907 se reunía de nuevo la Duma y el líder moderado Stolypin era nombrado primer ministro.


El principio del fin de los Romanov

El aparente triunfo de la intransigencia zarista podemos situarlo en 1911, año en el que se produce el asesinato del primer ministro reformador Stolypin. La reacción policial acentuó la represión de lo que se consideraba cualquier tipo de oposición con lo que se cerraba el proceso liberalizador.

También se dieron diversos factores negativos fueron confluyendo hacia el hundimiento del régimen:

– El factor disgregador del independentismo finlandés, polaco y ucraniano se agudizó. Ante cualquier reivindicación se actuaba desde el gobierno del Zar acentuando la rusificación, a través de prohibiciones y supresiones.

– El factor económico también evolucionó de manera interrumpida. Por una parte, fracasaban los intentos de modernización de la agricultura. Pero es que además, había una pésima distribución de la renta y la pobreza estaba muy extendida. Sólo la industria parecía que crecía

con ritmo, pero estos impactos positivos en el sistema económico no venían acompañados de un entorno político favorable. Al contrario.

– El factor político agudizó más la crisis. El Zar se retiró de los asuntos de gobierno cotidiano. Sobre él y sobre su esposa ejercía una gran influencia un personaje siniestro llamado Rasputín, que murió asesinado por unos patriotas rusos. Además el desinterés y la apatía política de la cúspide favorecía la corrupción hasta tal punto que se quedaban sin efecto algunas normas legales.

Todos estos factores fueron evolucionando negativamente durante la Primera Guerra Mundial. A las derrotas se añadió el desabastecimiento de la retaguardia.

En 1916 en la Duma se piensa en la abdicación del Zar, Nicolás II, para salvar a la monarquía y a Rusia, pero pronto estos proyectos se verían desbordados por los hechos revolucionarios.


LA REVOLUCIÓN DE 1917 Y EL PODER BOLCHEVIQUE

La revolución de febrero y los gobiernos provisionales

Las noticias que llegaban a Petrogrado (San Petersburgo) eran sobre el fracaso de la ofensiva, las pérdidas de hombres, y la escasez de víveres, las cuales contribuyeron al estallido de huelgas y manifestaciones que se convirtieron en los primeros hechos revolucionarios.

Se fueron constituyendo soviets en las grandes ciudades que resultaron decisivos en la organización revolucionaria.

Los mencheviques consideraban que Rusia sólo estaba preparada para la «revolución burguesa» por lo que, favorecieron la constitución de un gobierno provisional. De esta manera, salió un gobierno provisional que debía convocar una asamblea nacional constituyente.

El gobierno provisional tenía una influencia muy escasa, pues sólo se acataban órdenes del soviet de la ciudad. La autoridad legal estaba en manos del gobierno provisional, pero el poder efectivo, en manos del Soviet.

El mismo día en que se constituía el gobierno provisional, el zar Nicolás II abdicó en su hermano Miguel, que, a su vez, abdicó al día siguiente. El gobierno provisional estaba formado principalmente por miembros del Partido Constitucional Democrático (KD). Kerenski como ministro pretendía asegurar la buena relación con el Soviet. Durante el mes de marzo de 1917 la popularidad del gobierno provisional va disminuyendo porque la guerra continúa. En Alemania el ministro de Asuntos Exteriores y el Alto Mando del Ejército urden un plan para llevar de vuelta a Lenin, el líder bolchevique, a Rusia. Los dirigentes alemanes implicados pensaban que esto les podía servir para apartar a Rusia del conflicto bélico.

Lenin llega a Petrogrado en plena disputa entre el gobierno provisional, partidario de proseguir la guerra, y el Soviet, defensor de una paz. La retirada de Rusia de la guerra abría a Alemania y Austria-Hungría las posibilidades de victoria que cada vez veían más lejana.

Lenin va ganando influencia en los soviet y se decide formar un gobierno de coalición, presidido por Lvow, en el que Kerenski es nombrado ministro de la guerra.


Continuación revolución de 1917 y el poder Bolchevique.

La agitación permanente en Polonia, Finlandia y Ucrania por la independencia continuaba.

Ante esta situación se preparan para tomar el poder tanto los bolcheviques como los contrarrevolucionarios. En julio un intento de golpe de estado bolchevique fracasó y provocó la caída de Lvow. Le sustituye Kerenski que constituye un gobierno exclusivamente menchevique y toma la decisión de continuar la guerra.

El gobierno Kerenski no era capaz de contener a las masas. Su popularidad cae y en agosto de 1917 el general Kornílov intenta dar un golpe de Estado que fracasa. Este fracaso fortaleció a los bolcheviques. Finalmente, la resistencia del Ejército Rojo permitió a los bolcheviques derribar al gobierno consiguiendo la mayoría en el soviet.

Kerenski da prioridad a la guerra y aplaza las elecciones, en cambio, Lenin promete una paz y un reparto de tierras.

La toma del poder por los bolcheviques

En octubre de 1917 Lenin regresa tras el intento de golpe de estado de abril. Se reúne con el partido bolchevique, y propone la toma del poder mediante un golpe antes del 25 de octubre, día en el que debía reunirse en Petrogrado el II Congreso Panruso de los Soviets, en el que se mencheviques y socialrevolucionarios obtendrían la mayoría. Además, ya iban a comenzar las reformas que supondría un fortalecimiento de mencheviques.

El 25 de octubre, el Ejército Rojo de Trotski, toma Petrogrado y se dispone a detener a los miembros del gobierno provisional. Al anochecer, los Soviets se encontraron con los hechos ya consumados y con los bolcheviques en el poder.

Esta situación generó que muchos de los congresistas abandonaran el Congreso, ya que el Ejército Rojo de los bolcheviques no dejaba pensar a los demás de una forma diferente a la suya.

Los bolcheviques quisieron dar apariencia de legalidad a sus actos aprobando tres decretos redactados por Lenin: el ofrecimiento de una paz inmediata; la expropiación, sin indemnización, de hectáreas; y la creación de un Consejo de Comisarios del Pueblo que asumía todo el poder ejecutivo. Este órgano estaba formado por bolcheviques y los presidía Lenin. Este consejo logró controlar los resortes del poder en Rusia.

El 3 de marzo de 1918 se acordaron los términos y fue firmada la paz de Brest-Litovsk.


Continuación de la revolución de 1917 y el poder Bolchevique 2.0

Elecciones, guerra civil y comunismo de guerra

La llegada de los bolcheviques al poder en los grandes centros urbanos fue posible por la desmovilización del ejército regular, por la incapacidad de los gobiernos provisionales para hacer frente a la situación, por el anhelo de muchos campesinos de conseguir tierras y por la contundencia de las nuevas unidades del Ejército Rojo de Prin.

En diciembre de 1917 se celebraron las elecciones, en las que los social- revolucionarios fueron la fuerza política con más apoyo. Por lo que era presumible que estos y juntos a los mencheviques se aliaran para formar gobierno y, con la mayoría, desplazar a los bolcheviques del poder.

En enero de 1918 el Ejército Rojo disolvió la Asamblea Constituyente. En el III Congreso de los Soviets de toda Rusia, en su mayoría bolchevique, Lenin se proclama heredero de la Asamblea Constituyente y otorga todo el poder central y local a los soviets.

En julio de 1918, los bolcheviques, proponen la Constitución de la República Socialista Federativa Soviética Rusa, que no reconocía la separación de poderes. La autoridad efectiva quedó centralizada en beneficio del Partido Comunista Bolchevique por lo que había nacido el primer Estado totalitario.

El descontento era muy diverso, por lo que, en el verano de 1918, comenzó la guerra civil. Se extendió esporádicamente por todo el imperio ruso, aunque no alcanzó a las grandes ciudades. El Ejército Blanco tenía la intención de converger en Moscú. El Ejército Rojo sabía que dependía económicamente de los campesinos, de ahí que se pusiera en marcha el «comunismo de guerra», la requisa obligatoria de productos agrícolas que luego eran repartidos como pago en especie de parte del salario.

Además este «comunismo de guerra» supuso el control sobre la economía.

Desde el punto de vista político, la guerra civil consolidó el naciente totalitarismo, plasmada en la violencia permanente.

El IX Congreso del Partido Comunista, aprobó la militarización del trabajo, aunque no hubo unanimidad. La certeza de victoria del Ejército Rojo hizo a Lenin preparar la eliminación de la oposición dentro del propio partido comunista bolchevique.

En 1919, Lenin reúne la III Internacional Comunista. En 1920 el Ejército Rojo consigue la victoria. Y finalmente, en 1921 muchos países ya reconocían el gobierno bolchevique.


Coontinuación revolución de 1917 y el poder bolchevique 3.0

El X Congreso y la NEP (1921-1927)

En 1921 extensas zonas de la naciente República Soviética se encontraban en total ruina. La producción agraria era poco más de la mitad; la producción industrial aún había descendido más. En consecuencia, el nivel de vida de los obreros, teóricos beneficiarios de la revolución, había disminuido. Y las carencias eran tan grandes en las ciudades que perdían población, que emigraba al campo.

Ante esta situación los dirigentes bolcheviques decidieron hacer determinadas concesiones económicas. El detonante fue un motín en la fortaleza de Kronstadt, en el que se pedía mayor libertad de expresión y de actividad política dentro del sector socialista de la población. Este hecho da testimonio de la profunda desilusión con respecto al poder bolchevique, totalitario y centralizado.

El X Congreso del Partido Comunista, en marzo de 1921, aprobó dos importantes resoluciones: la unidad y la disciplina en el Partido; y se posicionó en contra de las desviaciones sindicalista y anarquista y la oposición obrerista. Comenzaron las primeras purgas en las que el 24% de la cúpula del partido desapareció.

La concentración de poder en el seno del Partido Comunista coincidía con los mismos hombres, que dirigían el Partido y el Estado. 

Entre las medidas más importantes de la Nueva Política Económica (NEP) estaba la entrada en vigor de un único impuesto sobre la cosecha. Pagado este impuesto sobre la producción, por lo que el campesino podía vender el resto de su cosecha. Estas medidas se completaron con la Ley Fundamental de utilización del suelo, que permitía cultivar en cualquier forma.

Los kulaks (campesinos más ricos) y los seredniaks (poseedores de 4 a 8 hectáreas de tierra) iban a ser los artífices del incremento de la producción agraria.

Las reformas económicas se completaron con un plan de estabilización, una intervención sobre la masa monetaria, una introducción de criterios de productividad en la industria que produjo un incremento del número de parados.

Las medidas liberalizadoras de la NEP supusieron el establecimiento de una economía con grandes limitaciones, ya que todo era propiedad del Estado, exceptuando algunos sectores como la artesanía, la pequeña industria ligera o el comercio.

Con la NEP no progresaba mucho la economía rusa, pero salió del marasmo en el que se encontraba.


POR QUÉ GANARON LOS BOLCHEVIQUES – COMUNISMO

¿Por qué ganaron los bolcheviques?

En las primeras semanas posteriores al golpe de Estado de 1917, durante el verano de 1918 y una vez más en el otoño de 1919, el poder comunista pareció pendiente de un hilo, pero al final logró imponerse totalmente, salvo entre el campesinado, al que hasta cierto punto fue. incapaz de controlar. Para muchos dirigentes bolcheviques, que en los primeros meses dudaban de su capacidad para conservar el poder, todo pareció un tanto milagroso. La victoria de los comunistas se basó en varios factores:

1) Desde el principio, controlaron casi todas las ciudades y el núcleo demográfico de Rusia, un área en la que, dependiendo de hasta dónde llegara la ocupación en cada momento, vivían entre sesenta y ochenta millones de personas, lo cual les proporcionó una base social, económica y demográfica mucho mayor que la de sus rivales, además de medios para reclutar y equipar a un Ejército muy numeroso.

2) Los comunistas controlaban también gran parte de los arsenales del antiguo Ejército zarista, que había almacenado una amplia gama de armas, municiones y provisiones, de manera que el Ejército Rojo, en gran medida, libró la guerra con armamento del antiguo régimen.

3) Gracias a un asombroso ejemplo de Realpolitik, tan notable por su audacia como por su cinismo, Lenin logró que la guerra con Alemania beneficiara a los bolcheviques, primero convirtiéndola en un consumado argumento propagandístico y después, y esto fue todavía más crucial, haciendo que, en virtud del Tratado de Brest-Litovsk y del acuerdo adicional de agosto de 1918, que garantizaba la paz con Alemania e incluso su apoyo temporal, se simplificaran gran parte de los problemas del nuevo régimen, que disfrutó de un respiro para movilizar al grueso del territorio ruso para la guerra civil. De este modo, en contra de lo afirmado por la propia 

propaganda comunista y la historiografía posterior, la única intervención extranjera decisiva fue la que favoreció a los bolcheviques.

4) La invención e imposición de un nuevo modelo de dictadura centralizada totalitaria que se convirtió en un singular «organismo de movilización militar-industrial» sin parangón en la historia.

5) Prácticas absolutamente rigurosas y despiadadas, igualmente revolucionarias y sin precedentes, ni siquiera en Rusia, que ampararon la realización de arrestos masivos y sistemáticos, asesinatos indiscriminados a gran escala y un ingente y polifacético ejercicio de coacción.

6) La ventaja de ocupar las líneas interiores y el centro de la red ferroviaria, una posición que facilitaba el transporte en varias direcciones de gran cantidad de tropas y suministros.


7) El reclutamiento de un nuevo Ejército Rojo masivo, mucho más numeroso que los de sus oponentes, en el que se conjugó el alistamiento de muchos miles de antiguos oficiales zaristas con la implantación de un nuevo cuerpo de comisarios políticos.

8) La disponibilidad de más recursos económicos e industriales, algo que, a pesar de que las políticas bolcheviques arruinaron la economía urbana, proporcionó una constante ventaja, por lo menos en materia de producción militar.

9) La profunda desunión, los conflictos intestinos y las contradicciones internas de las fuerzas opositoras, divididas por rencillas personales y discrepancias ideológicas, partidistas, sectarias o étnicas.

10) Una clara superioridad de los bolcheviques en materia de propaganda, un recurso extremadamente débil entre los blancos.

11) La falta de conciencia política del campesinado, cuyos únicos objetivos eran negativos -que le dejaran en paz- y al que, con gran dificultad, los bolcheviques pudieron por tanto dividir Y parcialmente neutralizar.

12) La debilidad extrema de cualquier tradición de respeto a las leyes en la sociedad rusa.

13) La flaqueza del nacionalismo ruso, ya que lo primordial siempre había sido el imperio.

14) La debilidad social y política de la Iglesia ortodoxa, a pesar de contar con la lealtad religiosa de la gran mayoría de los rusos.

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