La Edad Moderna y las Primeras Monarquías Autoritarias
En la segunda mitad del siglo XV surgió, en muchos países de Europa, una nueva concepción del Estado, que se conoce como Estado moderno.
En este Estado, los reyes imponen su autoridad sobre la nobleza y los municipios, y concentran en su persona una gran parte del poder, estableciendo así una monarquía autoritaria. En Francia, los reyes acabaron con la inmensa influencia de los duques de Aquitania, Bretaña y Borgoña; en Inglaterra, los Tudor dominaron a la nobleza; y en España, la implantación de la monarquía autoritaria fue obra de los Reyes Católicos. No obstante, esta monarquía ha de mantener, de un modo pactista o en equilibrio, las peculiaridades territoriales y los privilegios individuales, familiares, territoriales (fueros) y de grupos de muy variada naturaleza (gremios, universidades, municipios), entre los que se destaca un grupo en principio no privilegiado: la naciente burguesía enriquecida por el comercio y las actividades urbanas. La figura del valido, nombrado por el monarca para desempeñar gran parte de sus poderes, adquirirá una importancia creciente. La monarquía se apoyaba en una creciente burocracia, una hacienda organizada, una diplomacia activa, un ejército moderno y mantenía relaciones complejas con los diferentes estamentos.
La monarquía autoritaria integraba los diversos territorios preexistentes en el Estado, permitiéndoles conservar cierta vida propia y autonomía (respetando sus constituciones particulares o fueros), pero sin extender esas particularidades a todo el reino. Al mismo tiempo, se procuraba centralizar y uniformar la vida del Estado mediante órganos de gobierno comunes, la promulgación de leyes generales y el fomento de ideales colectivos.
Actividad Exterior
La actividad política exterior de las monarquías autoritarias se apoya en la utilización de un ejército permanente, que paralelamente contribuye a reforzar su predominio interior. Las guerras de Italia contribuyen a la difusión de formaciones cerradas y de soldados instruidos y disciplinados. Estos nuevos métodos requieren tiempo y dinero, originándose el soldado profesional y los ejércitos mercenarios que son sostenidos con los bienes del príncipe y los del Estado. El poder del príncipe se ve así respaldado por una fuerza armada que pesa en los asuntos internos ante cualquier tentación nobiliaria. El mantenimiento y pago de los ejércitos permanentes exige la intervención de los grandes capitalistas en las haciendas reales, provocando de esta manera uno de los contactos más fecundos para el desarrollo del capitalismo inicial.
Estructura de la Monarquía Autoritaria
La estructura básica de la monarquía autoritaria incluía:
- El Rey: Cúspide del poder.
- La Corte: Centro del gobierno, donde comenzaba una distribución de funciones en Consejos especializados.
- Administración de Justicia: Impartida en nombre del rey.
- Aparato gubernativo territorial y local: Para controlar el territorio.
- Ejército permanente: Instrumento de poder interior y exterior.
Relaciones Internacionales y Poderes Universales
En sus relaciones con otros Estados nacionales, la monarquía autoritaria despliega una actividad diplomática y jurídica extraordinaria. Venecia inició el sistema instalando embajadores permanentes en las principales capitales europeas, seguida rápidamente por el Papado. Estos contactos permanentes modificaron en sentido favorable las relaciones internacionales, favoreciendo los tratados comerciales y los primeros tratados políticos con proyectos de federaciones europeas.
El Imperio, uno de los poderes universales de la Edad Media, pareció estar a punto de restaurarse de forma formidable con Carlos V, pero su idea imperial (alimentada por el humanismo de Erasmo de Rotterdam y Adriano de Utrecht) fracasó, en beneficio de los príncipes alemanes, tanto católicos como protestantes. El otro poder universal, el Papado, no logró convertirse en una potencia territorial, y su poder espiritual fue desafiado por la Reforma (en las monarquías protestantes) o el regalismo (en las monarquías católicas).
Consolidación de las Grandes Monarquías Europeas (Siglo XVI)
En el siglo XVI se consolidaron tres grandes monarquías: la española, la francesa y la inglesa.
España: El Imperio de Carlos I y Felipe II
En España, los reyes Carlos I (Carlos V del Sacro Imperio) y Felipe II consolidaron una administración, una hacienda y un ejército propios, aunque los diversos territorios mantuvieron sus instituciones originales, las Cortes. El imperio de Carlos V y Felipe II fue la mayor potencia del siglo XVI. En 1517, los castellanos ya mostraron su descontento al príncipe extranjero por su menosprecio de las leyes castellanas y por la arrogancia de sus consejeros flamencos. El monarca se había educado en un ambiente totalmente ajeno a la Península, solo hablaba francés, y sus consejeros únicamente veían en los dominios hispanos de su señor una fuente de aprovisionamiento de dinero para sus propias empresas. Como consecuencia, estallaron sublevaciones: en Castilla, la Guerra de las Comunidades (de fundamentos más políticos) y en Aragón, las Germanías (de carácter más social).
Carlos I subió al trono español en 1516 y poco después heredó también la corona del Sacro Imperio, para convertirse en Carlos V; su monarquía se convirtió en la principal potencia europea. Francia fue su principal rival y ambos países mantuvieron continuas guerras. Además, el emperador tuvo que enfrentarse a la rebelión de los protestantes en Alemania. Muchos príncipes alemanes se hicieron luteranos y se opusieron a la política de Carlos V, que tras costosas luchas se vio obligado a aceptar la división religiosa. Otro frente de lucha constante durante el reinado de Carlos V fue contra el Imperio otomano (turco).
Durante la segunda mitad de siglo, el trono español recayó en manos de Felipe II, que venció a los turcos en Lepanto (1571) y fue derrotado por Inglaterra en el desastre de la Armada Invencible (1588). Pero el peor problema para Felipe II fue la rebelión de los Países Bajos, que acabó por arruinar las finanzas de la monarquía.
Francia: Hacia la Unificación
En Francia, los monarcas Luis XI y Francisco I unificaron el territorio. Por medio de una administración muy desarrollada y de un ejército permanente establecieron una poderosa monarquía. En Francia, las guerras de religión mantuvieron al país en guerra civil desde 1562 hasta 1594, cuando Enrique IV fue nombrado rey y restableció el orden interno.
Inglaterra: El Poder Real Tudor
En Inglaterra, el poder real alcanzó su mayor extensión bajo los reinados de Enrique VIII e Isabel I. El gobierno de ambos monarcas se basó en una administración eficiente y unas finanzas saneadas, independientes del Parlamento.
Frente a estos reinos, el Sacro Imperio e Italia mantuvieron la disgregación política medieval hasta el siglo XIX.
Los Descubrimientos Geográficos y el Nuevo Mundo
Ptolomeo había intuido que la Tierra era redonda. Portugal, al no poder expandirse territorialmente dentro de la Península Ibérica, buscó la expansión a través de la navegación. Además, el auge del Imperio otomano (turco) en el Mediterráneo oriental dificultaba las rutas comerciales tradicionales con Oriente, haciendo necesario buscar alternativas.
Causas de los Descubrimientos
Una serie de causas impulsaron estos descubrimientos:
- Económicas: La búsqueda de nuevas fuentes de riqueza, especialmente oro (de África) y especias (de Oriente), y la necesidad de encontrar rutas comerciales alternativas que evitaran el control otomano.
- Técnicas y Comerciales: El fomento del intercambio comercial en el siglo XV impulsó mejoras en la navegación. Las galeras mediterráneas no eran aptas para el Atlántico, lo que llevó al desarrollo de nuevas embarcaciones más versátiles como la carabela.
- Políticas: El deseo de las monarquías, como la portuguesa y la castellana, de expandir sus dominios y de continuar la lucha contra los estados musulmanes, que controlaban las costas del norte de África.
- Religiosas: El afán de extender la fe cristiana, especialmente impulsado por monarquías como la de los Reyes Católicos tras la culminación de la Reconquista, buscando convertir nuevos pueblos.
- Ideológicas y Psicológicas: La mentalidad del Renacimiento, caracterizada por la curiosidad, el afán de conocimiento, la búsqueda de fama y aventura, y la superación de los miedos y creencias medievales sobre los límites del mundo conocido.
El Proceso de los Descubrimientos
Las Exploraciones Portuguesas en África
Las expediciones portuguesas comenzaron en 1415 con la toma de Ceuta. En 1415 se intentó rodear Marruecos por el sur, perfilando el proyecto de exploración atlántica. Hacia 1445, el avance se ralentizó temporalmente. A partir de 1480, el objetivo principal fue encontrar la ruta hacia las Indias bordeando África por el este. En 1487, Bartolomé Díaz dobló el Cabo de Buena Esperanza (llegando hasta la costa de Natal), demostrando que la ruta era posible.
La Ruta Portuguesa a la India
En el año 1497, Vasco de Gama partió con 150 hombres y 4 naves para rodear el continente Africano y llegar tras esto a la India. Este proyecto lo consiguió un año más tarde (1498), cuando logró llegar al puerto de Calcuta. Con esto estableció los primeros vínculos comerciales directos con los mercaderes de la India. Finalmente, en el año 1499, dos navíos con 80 hombres llegaron a Lisboa con un gran cargamento de especias. Los portugueses tardarían aún una década en consolidar, a principios del siglo XVI, las bases de su imperio comercial en la India.
El Descubrimiento de América
Los europeos, buscando rutas alternativas a Oriente para evitar intermediarios, consideraron la posibilidad teórica de alcanzar las Indias navegando hacia el oeste, basándose en la idea de la esfericidad de la Tierra. El primero en intentar esta ruta fue Cristóbal Colón.
Cristóbal Colón, de probable origen genovés e hijo de artesanos, se movió en ambientes de navegantes y cartógrafos, adquiriendo experiencia como marino. Tras seis años en constantes negociaciones con los Reyes Católicos (Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón), consiguió el permiso y diversas ayudas para llevar a cabo el proyecto que tenía en mente: llegar a la tierra de las especias (Asia) navegando por el oeste. Partió el 3 de agosto de 1492.
Su principal error de cálculo fue subestimar enormemente la circunferencia terrestre y desconocer la existencia de un continente intermedio. Tras meses y meses de navegación, se encontraron con un nuevo continente, actualmente llamado América, el cual al principio se creyó que eran las Indias orientales. Tras este primer viaje, Colón realizó tres expediciones más a las tierras descubiertas, convencido hasta su muerte de haber llegado a las costas orientales de Asia.
Años después, Fernando de Magallanes retomó la idea de encontrar un paso hacia Asia por el oeste. Organizó una expedición (financiada por Carlos I de España) que partió en 1519. La expedición encontró un paso por el sur de América (el Estrecho de Magallanes) tras superar grandes dificultades, incluyendo el invierno austral. Cruzaron el Pacífico y llegaron a las islas Filipinas (donde Magallanes murió). Juan Sebastián Elcano completó la expedición, regresando a la Península Ibérica en 1522 y culminando así la primera circunnavegación del globo.
La Conquista de los Imperios Americanos
Cuchillo ceremonial de las culturas precolombinas del Perú
En los veintisiete años que siguieron al primer viaje de Colón, los españoles continuaron descubriendo las tierras de lo que había resultado ser un nuevo continente. La instalación de colonos apenas había ido más allá de las islas Antillas, donde su presencia generó problemas demográficos, económicos y doctrinales. La llegada de Carlos I a España, en 1517, coincidió con la difusión entre los pocos españoles asentados en las costas e islas del Caribe de noticias sobre la existencia de riquísimos imperios en el interior del continente.
En 1519, Hernán Cortés salió de Cuba y desembarcó en la costa de México. Tres años después, Cortés, con ochocientos hombres, puso fin al imperio azteca y dominó la meseta central mexicana, tan extensa como la península Ibérica. El éxito de Cortés y la llegada de noticias que hablaban de la existencia de otro imperio aún más rico al sur espoleó la codicia de los colonos instalados en el istmo de Panamá.
En 1532, Francisco Pizarro organizó una expedición de doscientos hombres con los que, mediante la captura y ejecución del emperador Atahualpa, se hizo con el imperio inca, que ocupaba el actual Perú, Ecuador y parte de Bolivia. En 1535, Pizarro fundó la ciudad de Lima.
Factores del Éxito de la Conquista
Los éxitos fulminantes de Cortés y Pizarro, con sus escasos soldados frente a los grandes imperios azteca e inca, se explican por varios factores:
- La falta de cohesión política interna de los imperios precolombinos, formados por diversos pueblos sometidos, muchos de ellos hostiles a los aztecas o incas, que en ocasiones se aliaron con los españoles.
- La superioridad tecnológica militar española (armas de fuego, armaduras de acero, caballos, perros de presa), desconocida por los indígenas y con un fuerte impacto psicológico inicial.
- El devastador impacto de las enfermedades europeas (viruela, sarampión) en la población indígena, que carecía de defensas inmunológicas contra ellas.
- La existencia de mitos y profecías en algunas culturas indígenas sobre la llegada de dioses desde el mar, lo que pudo generar confusión y paralizar la resistencia inicial.
La conquista, sin duda, se llevó a cabo con la crueldad que suele acompañar a los encuentros entre pueblos de distinto nivel cultural.
Primeros Núcleos de Asentamiento y Expansión
Desde el punto de vista geográfico, la conquista española prefirió las tierras tropicales de América a las templadas. Los tres núcleos de asentamiento más importantes fueron las Antillas, la meseta mexicana y los Andes centrales. Las Antillas eran las tierras americanas más asequibles para la navegación desde la Península en el camino de ida. La primera fundación en las Antillas fue la ciudad de Santo Domingo, que se convirtió en el núcleo de la primitiva ocupación española de América, organizada inicialmente como una factoría comercial. México y los Andes centrales eran las zonas más pobladas y donde había más recursos naturales. Las bases de la expansión hacia estos lugares fueron las Antillas, para el caso de México, y Panamá, para el caso de los Andes.
Las conquistas de México y Perú provocaron el desarrollo de expediciones a partir de los territorios ocupados. Nuevos descubridores y nuevos conquistadores, en una intensa actividad y dando muestras de una resistencia sobrehumana, se encargaron de ampliar el imperio español. Pese a que la leyenda de la existencia de «El Dorado» no murió nunca, las nuevas empresas tuvieron que ver menos con la captura de grandes tesoros y más con la colonización agrícola y ganadera, la explotación minera y la fundación de ciudades. Entre 1536 y 1580, la exploración y conquista continuaron: Gonzalo Jiménez de Quesada fundó Santa Fe de Bogotá; Pedro de Valdivia exploró y fundó Santiago y otros enclaves en Chile; Juan de Garay refundó Buenos Aires tras el fracaso de la primera instalación española.
Los Conquistadores
Los protagonistas de la conquista fueron generalmente segundones de familias hidalgas. En América buscaban las posibilidades que su tierra natal no les ofrecía y un escenario para el desarrollo de las hazañas que les inspiraba la lectura de los libros de caballería. Sus iniciativas fueron estrictamente particulares. Los monarcas se limitaban a otorgar una capitulación de conquista, esto es, una licencia para que los conquistadores reclutaran la gente a su costa y dominaran un territorio. El éxito de la expedición suponía para la Corona la incorporación de una tierra nueva. El fracaso, muy frecuente, lo pagaba el conquistador.
La Expansión hacia Asia: Las Filipinas
Por las mismas fechas que continuaba la expansión en América, Miguel López de Legazpi y Andrés de Urdaneta llegaron a las islas Filipinas, llamadas así en honor del rey Felipe II. Demostraron que la mejor manera de alcanzar las verdaderas Indias (las costas orientales de Asia) no era la circunnavegación de América, como Magallanes había hecho, sino la navegación hacia el oeste desde la costa occidental de México. La ruta marítima desde Acapulco (el Galeón de Manila) mantenía la tenue unidad entre el virreinato de Nueva España (México) y las islas Filipinas. La fundación de Manila, en 1571, fue la conclusión de aquella impresionante aventura de descubrimiento y expansión española hacia Asia.