España Siglo XX: Crisis de la Restauración, Dictadura de Primo de Rivera y Segunda República

La Crisis de la Restauración: Intentos Regeneradores y Oposición al Régimen

La Crisis de la Restauración: Intentos Regeneradores

Desde 1902 (adelantamiento de la mayoría de Alfonso XIII) hasta 1923 (dictadura de Primo de Rivera), la Restauración vivió una situación de permanente deterioro debido a:

  • Crisis de los partidos dinásticos: Divididos y sin líderes indiscutibles tras la muerte de Cánovas y Sagasta. Finalmente, se impusieron Antonio Maura y Eduardo Dato en el Partido Conservador, y Canalejas y Romanones en el Partido Liberal.
  • Frecuentes cambios de Gobierno: Agravados por las injerencias de Alfonso XIII en la vida política, que provocaron una situación de permanente inestabilidad (32 gobiernos en 21 años).
  • Fracaso del Regeneracionismo: Los proyectos regeneradores tanto conservadores (revolución «desde arriba» de Maura) como liberales (Canalejas) no dieron resultado.
  • Intromisión del Ejército en asuntos políticos: Mostró su capacidad de presión con la aprobación de la Ley de Jurisdicciones (1906), las Juntas de Defensa (1917) y finalmente el golpe de Estado de Primo de Rivera (1923) que puso fin a la Restauración.
  • Desastres militares en la guerra de Marruecos (1909 y 1921).
  • Fuerte conflictividad política y social: Por la falta de integración en el sistema de las fuerzas de oposición (republicanismo, nacionalismo periférico, movimiento obrero).

Conscientes de la crisis del sistema canovista, los partidos dinásticos se propusieron reformarlo si bien manteniendo el turnismo. Maura protagonizó el primer proyecto regeneracionista, «la revolución desde arriba», que buscaba evitar la rebelión «desde abajo» de las masas mediante medidas de diverso carácter:

  • Social: Aprobación de la Ley del Descanso Dominical, creación del Instituto Nacional de Previsión y reconocimiento del derecho de huelga.
  • Político: Aprobación de la Ley Electoral de 1907 (pretendía acabar con el caciquismo retirando el control electoral a los Ayuntamientos e imponiendo el voto obligatorio) y de la Ley de Administración Local (buscaba facilitar acuerdos con el nacionalismo moderado concediendo más autonomía a Ayuntamientos y Diputaciones).

El proyecto regeneracionista de Maura fracasó por la Semana Trágica de Barcelona (1909). Esta revuelta se desencadenó por el envío de reservistas a Marruecos. Los sindicatos convocaron en Barcelona una huelga general para evitar su embarque que desembocó en una revuelta antimilitar y anticlerical (quema de conventos). Maura declaró el estado de guerra y sofocó militarmente la rebelión. La represión, dura y arbitraria (fusilamiento de anarquistas y de Ferrer i Guardia), motivó fuertes críticas y una intensa protesta internacional. La Semana Trágica tuvo dos importantes consecuencias: la dimisión de Maura (forzado por el rey) y la reorganización del movimiento obrero (fundación de la CNT y formación de la conjunción republicano-socialista).

El cese de Maura elevó a Canalejas a la presidencia. Su programa regeneracionista buscó integrar al catalanismo y al movimiento obrero en el sistema, así como reducir la influencia de la Iglesia. Sus principales medidas fueron:

  • Descentralización administrativa: Proyecto de creación de la Mancomunidad de Cataluña (aprobado por Eduardo Dato tras el asesinato de Canalejas).
  • Supresión del impuesto de consumos: Principal gravamen sobre las clases populares.
  • Reforma del Ejército: Estableció el reclutamiento obligatorio (suprimiendo los sustitutos y la redención de quintas) aunque mantuvo los soldados de cuota. Además, creó los regulares (y desde 1920 la Legión) para reducir el envío de españoles a Marruecos.
  • Prohibición a la instalación de nuevas órdenes religiosas en España sin autorización expresa del Gobierno (Ley de Candado) y restablecimiento del matrimonio civil.

El asesinato de Canalejas (1912) por un anarquista frustró el éxito de sus reformas.

La Oposición al Sistema

La incapacidad de los Gobiernos para integrar a nacionalistas, republicanos y obreristas en el sistema de la Restauración aceleró la descomposición del régimen (crisis de 1909 y 1917).

El Republicanismo

El programa republicano se basaba en el laicismo, la ampliación de los derechos, la reforma social y la fe en el progreso a través de la educación. Tuvo gran influencia entre sectores ilustrados de la clase media y trabajadores cualificados. Sin embargo, su peso político fue pequeño por la tradicional división entre republicanos unitarios y federalistas.

La formación más importante fue el partido Radical, fundado por Alejandro Lerroux. En su origen fue un partido populista, anticlerical y anticatalanista, pero evolucionó hacia posiciones moderadas tras ser acusado de promover la quema de iglesias durante la Semana Trágica. El Partido Reformista, liderado por Melquíade Álvarez, fue más moderado, estando dispuesto a admitir la monarquía si se comprometía con la democracia.

El Nacionalismo Periférico

Los nacionalismos periféricos adquirieron mayor protagonismo político y social tras el desastre del 98, que reflejó la debilidad del nacionalismo español.

En 1901 las formaciones catalanistas se unieron en la Lliga Regionalista, partido liberal conservador que hegemonizó la defensa del movimiento autonomista hasta la fundación de Estat Catalá (1922) por Francesc Maciá, de ideas izquierdistas e independentistas. La Lliga, liderada primero por Prat de la Riba y posteriormente por Francesc Cambó, reivindicó el autogobierno, la defensa del catalán y el aumento de la influencia de Cataluña en la política nacional. La Lliga tuvo un crecimiento espectacular a partir de 1906 al capitalizar la protesta civil que siguió al asalto militar a la revista Cu-Cut! y la posterior Ley de Jurisdicciones.

El Partido Nacionalista Vasco (PNV) lideró el nacionalismo vasco, más débil que el catalán. Tras la muerte de su fundador (Sabino Arana, 1903), el PNV evolucionó del independentismo antiliberal hacia el autonomismo, ensanchando así su apoyo social y territorial (hasta entonces limitado a Vizcaya). En 1903 consiguió su primer escaño.

El regionalismo gallego (Liga Galega) y el andalucismo (liderado por Blas Infante) tuvieron mucho menos peso político.

El Movimiento Obrero

El obrerismo español estuvo fuertemente dividido entre socialistas y anarquistas, enfrentados por liderar el movimiento. Unieron sus fuerzas en contadas ocasiones, como en la huelga de 1917.

  • Socialismo: Los socialistas se agrupaban en torno al PSOE, y el sindicato UGT. Su implantación fue pequeña, excepto en Madrid, Asturias y Vizcaya. El escaso peso del socialismo en España se debió tanto a su radicalismo, que lo alejaba de la clase media, como a la fuerza del anarquismo. El PSOE promovió tras la Semana Trágica una alianza electoral con los republicanos (Conjunción republicano-socialista) con la que lograría su primer diputado, Pablo Iglesias. Desde entonces aumentó su peso político. El fracaso de la huelga de 1917 hizo girar al PSOE hacia posiciones reformistas. En 1921 se produjo la escisión de una minoría que fundó el Partido Comunista de España (PCE), de escaso arraigo hasta la Guerra Civil.
  • Anarquismo: Contó con gran fuerza en Cataluña y Andalucía pese a su división en:
    • Grupos de acción directa: Mantuvieron la estrategia de la violencia contra las élites políticas (atentado contra Alfonso XIII, asesinatos de Canalejas y Dato).
    • Anarcosindicalismo: Tras la disolución de la FTRE se reorganizó en sindicatos regionales como la barcelonesa Solidaridad Obrera, hasta que en 1910 se fundó la CNT, sindicato que pronto se alzó con el liderazgo del movimiento obrero español. El anarcosindicalismo fue duramente perseguido por su participación en las huelgas generales de 1909 y 1917 y el aumento de la conflictividad de posguerra en Barcelona (pistolerismo) y Andalucía (Trienio Bolchevique).

El Impacto de los Acontecimientos Internacionales: Marruecos, la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa

El Impacto de los Acontecimientos Internacionales: La Colonización de Marruecos

Las potencias europeas, reunidas en 1906 en la Conferencia Internacional de Algeciras, acordaron dividir Marruecos en dos áreas de influencia: la española al norte y la francesa al sur.

España perseguía dos objetivos con la colonización de Marruecos: asegurar la posesión de Ceuta y Melilla, y recuperar el prestigio de la Corona y el Ejército tras el desastre del 98. Sin embargo, el Marruecos español, con menor riqueza que el francés, iba a destacar pronto por la rebeldía de sus habitantes, organizados en tribus llamadas cabilas.

La primera insurrección conocida como guerra de Melilla, se produjo en 1909 tras el ataque de cabileños rebeldes a las explotaciones mineras españolas, que se saldó con su victoria en el Barranco del Lobo. La derrota obligó al gobierno de Maura a reclutar reservistas, cuyo embarque provocó los acontecimientos de la Semana Trágica de Barcelona.

En 1912 el sultán marroquí admitió la formación de un protectorado franco-español ante el caos que vivía la región. La creación del protectorado desencadenó un aumento de la resistencia local contra la presencia española, que mostró la incapacidad del Ejército para ocupar de forma efectiva la región del Rif.

En 1921 el general Silvestre planificó una ofensiva a la que los rifeños, liderados por Abd el-Krim, respondieron con una emboscada que ocasionó más de 13000 muertos y la pérdida de la mayor parte de la región. La derrota, conocida como desastre de Annual, provocó la indignación de la opinión pública y tuvo graves consecuencias. La presión de la oposición exigiendo responsabilidades al Gobierno, al Ejército y al propio Alfonso XIII por alentar el avance de Silvestre llevó a las Cortes a formar una comisión investigadora que inició el Expediente Picasso. La reacción defensiva de los militares fue inmediata, alentando el golpe de Estado del general Primo de Rivera, quien archivó la investigación y, pese a su idea inicial de abandonar Marruecos, cambió de parecer por la presión del Ejército restableciendo el control español del Rif tras el desembarco de Alhucemas.

El Impacto de los Acontecimientos Internacionales: La Primera Guerra Mundial

España se declaró neutral durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) en sintonía con su política de aislacionismo internacional adoptada desde 1898. Sin embargo, partidos políticos, intelectuales y opinión pública se dividieron entre germanófilos (conservadores) y aliadófilos (liberales e izquierdas, aunque los anarquistas calificaron el conflicto de «imperialista» y se declararon neutrales) respecto a la guerra y sus posiciones se reflejaron en duros enfrentamientos en la prensa de la época.

La neutralidad impulsó la economía española: el aumento de la demanda de los países beligerantes favoreció las exportaciones y con ello el desarrollo de la agricultura y de la producción industrial (sobre todo en Cataluña y País Vasco). Sin embargo, mientras los beneficios empresariales crecieron espectacularmente, los trabajadores perdieron poder adquisitivo debido a la inflación mientras los salarios permanecieron estables el coste de los productos subió notablemente, ya que gran parte de la producción se destinó a los países combatientes donde alcanzaban precios muy elevados como consecuencia de la guerra. El malestar popular fue inevitable y acentuó la crisis social que vivía el país en 1917. El descontento se mantuvo al finalizar la guerra, pues el fin de las exportaciones agrarias e industriales provocó el cierre de fábricas y minas, aumentando el paro y la conflictividad.

El Impacto de los Acontecimientos Internacionales: La Revolución Rusa

La decadencia de los partidos dinásticos se acentuó tras el asesinato de Canalejas, pues ni conservadores (Dato) ni liberales (Romanones) acometieron las reformas necesarias para frenar la descomposición del sistema. La situación fue especialmente grave en 1917, cuando se desencadenó un triple conflicto que podría haber liquidado el régimen político de la Restauración de haber coincidido en sus objetivos:

  • Crisis militar: En 1916 oficiales de graduación media crearon la Juntas de Defensa, asociaciones corporativas que reclamaban mejoras salariales y rechazaban tanto la política de ascensos por méritos de guerra (que beneficiaba a los militares destinados en Marruecos, conocidos como «africanistas»), como la propuesta de reforma militar, que reducía el número de oficiales y eliminaba la escala cerrada como sistema de promoción. Ante la presión militar Alfonso XIII reemplazó al Gobierno Liberal por uno presidido por uno presidido por el conservador Eduardo Dat, que atendió las demandas de los junteros (excepto la política de ascensos en épocas de guerra). La crisis evidenció la intromisión de la Corona en los Gobiernos, la capacidad de coacción del estamento militar sobre el civil y las disensiones internas entre militares africanistas y peninsulares.
  • Crisis política: Para denunciar la falta de representatividad del turnismo Cambó (Lliga Regionalista) solicitó al Gobierno la convocatoria de Cortes para reformar la Constitución de 1876. Ante la negativa de Dato, Cambó convocó en Barcelona la Asamblea de parlamentarios, que reunió a nacionalista, socialistas y republicanos. La Asamblea pidió un cambio de Gobierno y Cortes constituyentes que estableciesen un Estado democratizado. Aunque sus solicitudes no fueron atendidas y la Asamblea fue disuelta por la Guardia Civil por orden gubernativa, su convocatoria reflejó la profunda crisis del sistema.
  • Crisis social: Ante el deterioro de las condiciones de vida de los obreros por la Primera Guerra Mundial, UGT y CNT convocaron una huelga general revolucionaria para reivindicar mejoras laborales y políticas. Solucionada la crisis militar con la aceptación de las peticiones de la Juntas de Defensa, Dato contó con la ayuda del Ejército (que hizo que la huelga fracasara) y desató una dura represión (encarcelamiento de Largo Caballero y otros líderes sindicalistas).

Aunque la Restauración sobrevivió a la crisis de 1917, el deterioro del sistema era evidente y se complicó aún más por la crisis económica que siguió a la Primera Guerra Mundial y las expectativas revolucionarias creadas por la Revolución soviética. La conflictividad creció (aumentó la sindicación y las huelgas) y para hacer frente a la situación se constituyeron Gobiernos de concentración en los que participaron conservadores, liberales y la Lliga regionalista (el propio Cambó fue ministro en dos ocasiones). Los Gobiernos aprobaron leyes de contenido social (sistema público de pensiones, jornada laboral de 8 horas en la industria) ante el temor a una insurrección revolucionaria, pero estas medidas no consiguieron impedir la confrontación.

Las mayores tensiones se produjeron durante el Trienio bolchevique (1918-1921) en el campo andaluz, protagonizadas por las reivindicaciones de los jornaleros, así como en el sector industrial catalán. En Barcelona la conflictividad derivó en una espiral de gran violencia cuando patronal y Gobierno impulsaron el pistolerismo a través de los sindicatos amarillos y la Ley de Fugas para neutralizar el intenso movimiento huelguístico dominado por la CNT, a lo que los los anarquistas respondieron con atentados. En estos años se sucedieron los asesinatos de obreros (Salvador Seguí, líder anarquista), empresarios y políticos (Eduardo Dato).

Finalmente, el general Primo de Rivera aprovechó el descrédito lo de los partidos (11 Gobiernos en 5 años), la inestabilidad social, el temor al auge del catalanismo y la indignación por el papel del Ejército y la Corona en las derrotas militares en Marruecos (desastre de Annual) para justificar el golpe de Estado de septiembre de 1923, que liquidó definitivamente el sistema político de la Restauración.

La Dictadura de Primo de Rivera y el Final del Reinado de Alfonso XIII

La Dictadura de Primo de Rivera

Contexto y Apoyos

La crisis de la Restauración se aceleró por varios factores que explican el golpe de Estado de Primo de Rivera en septiembre de 1923:

  • Prolongada inestabilidad política: Fallidos Gobiernos de concentración, división interna de los partidos, auge de movimientos de oposición (catalanismo, republicanismo, anarquismo).
  • Conflictividad social: (huelgas, atentados, pistolerismo) alentada por la crisis económica tras la Primera Guerra Mundial y las expectativas generadas por la Revolución soviética.
  • Reveses militares en Marruecos: Rechazo a la guerra de amplios sectores de la sociedad y descontento dentro del Ejército por el Expediente Picasso.

En septiembre de 1923 el capitán general de Cataluña, Primo de Rivera, perpetró un golpe de Estado que justificó como un intento regeneracionista de solucionar los problemas del país mediante una dictadura temporal. El golpe contó con el apoyo del Ejército, la burguesía (especialmente la catalana, deseosa de restaurar el orden a cualquier precio), así como con la pasividad del Gobierno y las organizaciones sociales. El destino de Alfonso XIII quedó ligado al de la dictadura, al aceptar el golpe y encargar a Primo de Rivera la formación de un nuevo Gobierno.

La dictadura se divide en dos etapas según la composición del Ejecutivo, siempre presidido por Primo de Rivera:

Directorio Militar (1923-1925)

El Directorio Militar (Gobierno compuesto exclusivamente por militares) puso fin al sistema de la Restauración. Sus primeras medidas revelaron ya su autoritarismo: cierre del Parlamento, suspensión de la Constitución de 1876, censura de prensa, centralización (el Gobierno nombraba a los alcaldes y a los gobernadores provinciales, que fueron siempre militares) y represión del catalanismo (supresión de la Mancomunidad, prohibición del uso de la bandera y limitación del catalán al ámbito privado).

En los primeros años Primo de Rivera consiguió un importante apoyo social gracias a:

  • Restablecimiento del orden público: Conseguido gracias a la ilegalización de las organizaciones anarquistas (CNT) y la prohibición de huelgas y manifestaciones.
  • Victoria en la guerra de Marruecos: Primo de Rivera era partidario de abandonar el Protectorado por los gastos que acarreaba y la oposición popular a la presencia española en Marruecos. Se preparó la retirada pese a la protesta africanista. Sin embargo, los ataques de Abd el-Krim en el Protectorado francés hicieron a Primo de Rivera variar su política, acordándose una acción militar conjunta. El desembarco de Alhucemas (1925) permitió recuperar los territorios perdidos en el desastre de Annual y pacificar el Protectorado. Además, Primo de Rivera encargó la defensa de Marruecos a legionarios y regulares, evitando así el desgaste social del envío e tropas de reemplazo (formadas por reclutas españoles)
Directorio Civil (1925-1930)

Los éxitos llevaron a Primo de Rivera a intentar perpetuarse en el poder. Para ello constituyó un nuevo Gobierno formado por civiles (destacando José Calvo Sotelo, ministro de Hacienda). El Directorio Civil persiguió tres grandes objetivos:

  • Paz social: Se crearon comités paritarios de patronos y trabajadores para resolver los conflictos laborales. Primo de Rivera intentó atraerse a líderes sindicales socialistas como Largo Caballero (UGT, que participó en estos comités hasta 1928) manteniendo la persecución a anarquistas y comunistas.
  • Prosperidad económica: La dictadura impuso una política económica intervencionista basada en el proteccionismo arancelario, los monopolios estatales en sectores estratégicos (Telefónica, CAMPSA) y la construcción de infraestructuras (electrificación rural, carreteras, pantanos, regadíos). Sin embargo, aunque la economía prosperó favorecida por la coyuntura internacional, las medidas provocaron un aumento de la deuda pública que obligó a devaluar la peseta para favorecer las exportaciones.
  • Institucionalización del régimen: Primo de Rivera intentó perpetuar la dictadura creando un nuevo partido, la Unión Patriótica, y un nuevo parlamento, la Asamblea Nacional Consultiva (compuesta por miembros de la Unión Patriótica y funcionarios nombrados por el Gobierno), que debía elaborar una constitución. El resultado fue un fracaso: la Unión Patriótica no logró convertirse en un partido de masas y la Asamblea Nacional quedó debilitada por el rechazo del PSOE a participar en ella.

Crisis de la Dictadura

La conflictividad aumentó a partir de 1928 debido a varios factores, desencadenando el final de la dictadura:

  • Reorganización de la oposición: Conservadores y liberales exigieron elecciones y poner fin a la suspensión de la Constitución de 1876. Los partidos republicanos formaron Alianza Republicana, que obtuvo el apoyo de los principales intelectuales de la época (Ortega y Gasset, Unamuno). El catalanismo reforzó la presión contra la política centralista.
  • Aumento de la movilización obrera: La crisis económica provocó un incremento de la conflictividad social. El anarquismo recuperó fuerzas (reorganización de la CNT y fundación de la FAI) y la UGT puso fin a la colaboración con el régimen.
  • División en el Ejército: La supresión de la escala cerrada dio lugar a varias intentonas golpistas como la Sanjuanada.
  • Revuelta universitaria: Causada por el rechazo estudiantes al proyecto de homologación de los títulos de los colegios universitarios religiosos. Estuvo liderada por el sindicato universitarios FUE (Federación Universitaria Escolar).

Final del Reinado de Alfonso XIII

Ante la pérdida de apoyos del régimen Alfonso XIII forzó la dimisión de Primo de Rivera (enero, 1931) para evitar que la crisis de la dictadura arrastrara a la monarquía.

El rey nombró presidente al general Dámaso Berenguer (cuyo Gobierno se conoció como la Dictablanda) con la misión de volver al sistema de la Restauración, pero fue incapaz de reconducir la situación por el aumento de la conflictividad laboral y la movilización de los partidos republicanos (la izquierdista Acción Republicana, de Manuel Azaña, el centrista Partido Republicano Radical de Lerroux o la Derecha Liberal Republicana de Niceto Alcalá-Zamora)

La oposición antimonárquica firmó el Pacto de San Sebastián que integró a republicanos, nacionalistas y más tarde al PSOE. Se creó un Comité Revolucionario, presidido por Alcalá-Zamora, para preparar la proclamación de la República mediante un pronunciamiento militar reforzado por una huelga general. La CNT respaldó la conspiración, pero no se unió al pacto. Ni el pronunciamiento, iniciado en Jaca, ni la huelga fueron secundados, siendo encarcelados los miembros del Comité Revolucionario acusados de preparar el golpe militar.

Pese al fracaso de la vía insurreccional, la causa republicana continuó ganando adeptos. Un grupo de intelectuales, entre ellos Ortega y Gasset, tomaron partido y crearon la Asociación al servicio de la república.

El almirante Aznar sustituyó al general Berenguer como jefe de Gobierno en febrero de 1931 y convocó elecciones municipales para abril. Aunque los republicanos obtuvieron menos votos ganaron en la mayoría de las ciudades, lo que aprovecharon para proclamar la Segunda República (14 de abril de 1931). Alfonso XIII partió al exilio en Italia poniendo fin a su reinado.

La Proclamación de la Segunda República, el Gobierno Provisional y la Constitución de 1931. El Sufragio Femenino

La Proclamación de la II República

La proclamación de la II República estuvo precedida por una serie de acontecimientos que tuvieron lugar tras la dimisión de Primo de Rivera en enero de 1931.

Alfonso XIII nombró al general Berenguer como nuevo jefe de Gobierno. Se pretendía volver al sistema constitucional anterior a la dictadura como si nada hubiera pasado, obviando que tanto la clase política como la opinión pública identificaban al rey con la dictadura. Así, Berenguer no contó con el apoyo ni de conservadores ni de liberales, teniendo además que hacer frente a la crisis económica de forma infructuosa.

En agosto de 1930 republicanos y nacionalistas catalanes y gallegos (más tarde se sumó el PSOE) firmaron el Pacto de San Sebastián con el fin de derribar a la monarquía e instaurar un régimen parlamentario plenamente democrático. Para ello formaron un Comité Revolucionario, encabezado por el ex-ministro monárquico, Alcalá-Zamora. El Comité estimó que la mejor forma de derribar la monarquía era con un pronunciamiento militar secundado por una huelga general. Sin embargo, tanto la sublevación militar, iniciada en Jaca, como la huelga fracasaron siendo los líderes militares fusilados y los políticos encarcelados (diciembre, 1930).

Pese al revés la causa republicana continuó ganando adeptos. Un grupo de intelectuales. Ortega y Gasset, Machado, Marañón o Pérez de Ayala crearon la Asociación al servicio de la República, visibilizando el rechazo del mundo de la cultura al rey. En Cataluña, Francesc Maciá y Lluis Companys fundaron Esquerra Republicana, contraria al colaboracionismo de la Lliga Regionalista con la monarquía.

En febrero Alfonso XIII sustituyó a Berenguer por el almirante Aznar, que convocó elecciones municipales para abril de 1931. Pese a su carácter municipal las elecciones se convirtieron en un plebiscito para la monarquía.

La votación se celebró el 12 de abril. Aunque los partidos monárquicos obtuvieron más votos, la coalición republicano-socialista ganó ampliamente en las grandes ciudades, donde las elecciones eran verdaderamente libres. Alfonso XIII marchó al exilio a Italia. Así el 14 de abril de 1931 se proclamó la Segunda República. Al mismo tiempo, Francesc Maciá (líder de Esquerra) autoproclamó unilateralmente la República Catalana Independiente, aceptando solo echar marcha atrás ante la promesa de las nuevas autoridades de conceder grandes cotas de autonomía a Cataluña.

El Gobierno Provisional (abril-diciembre 1931)

Tras la marcha de Alfonso XIII se constituyó un Gobierno provisional presidido por Niceto Alcalá-Zamora (conservador y católico), que contaba con representantes de todas las corrientes del Pacto de San Sebastián: republicanos moderados (Partido Radical de Alejandro Lerrroux) y de izquierdas (Acción Republicana de Azaña), socialistas (Prieto, Largo Caballero) y nacionalista catalanes y gallegos (Casares Quiroga). Alcalá-Zamora convocó elecciones a Cortes Constituyentes para elaborar una Constitución y elegir un Gobierno que reemplazase al provisional.

Aunque el principal cometido del gobierno provisional era la redacción de un proyecto de Constitución y organizar las elecciones a Cortes Constituyentes, durante su breve existencia aprobó numerosas medidas que sentaron las bases de las transformaciones llevada a cabo durante el Bienio Reformista:

  • Reforma militar: El ministro Manuel Azaña fue responsable de la aprobación de un Decreto que exigía a los oficiales jurar que servirían fielmente a la República, pudiendo aquellos que lo deseasen solicitar retirarse del Ejército con los haberes correspondientes.
  • Reforma agraria: Se estableció la necesidad de contratar como braceros a los vecinos del municipio preferentemente, y se presentó al Gobierno un proyecto de reforma agraria.
  • Reforma laboral: Se aprobó la Ley de Jurados Mixtos.
  • Reforma territorial: Se aprobaron en sus respectivos territorios los Estatutos de autonomía para el País Vasco y Cataluña, si bien las Cortes nacionales rechazaron el primero, por lo que tuvieron que transcurrir cinco años hasta que pudo volver a ser presentado.

A pesar del clima pacífico de la proclamación de la II República y las primeras semanas, el rechazo de los conservadores a las medidas del Gobierno y el impacto de la crisis económicas provocaron las primeras huelgas y choques con las fuerzas de orden público. El conflicto más grave fue el enfrentamiento con el sector más reaccionario de la Iglesia encabezado por el cardenal Segura, que degeneró en la quema de iglesias en Madrid y otras ciudades. La imagen de la Segunda República quedó muy dañada y perdió apoyos entre la burguesía y los intelectuales.

La Constitución de 1931

Los partidos republicanos, el PSOE y los nacionalistas periféricos obtuvieron una amplia mayoría en las elecciones a Cortes Constituyentes de junio de 1931. Los anarquistas no participaron y los partidos de derecha y extrema izquierda fracasaron. La Constitución se aprobó en diciembre de 1931 y sus características fueron:

  • Naturaleza del Estado: España se define como una «república democrática y de trabajadores».
  • Laicidad: Se reconoce la libertad de conciencia y la libertad de cultos. Se establece una estricta separación Iglesia-Estado y se suprime la financiación pública del clero, prohibición de enseñanza a las órdenes religiosas, disolución de la Compañía de Jesús y aprobación del matrimonio civil y divorcio.
  • Jefatura del Estado: El presidente de la República se elige por seis años por las Cortes y por un número de compromisarios igual al de diputados (no podían ser militares, religiosos ni miembros de la familia real). Actuaba como poder moderador del sistema. Nombraba al jefe del Gobierno (ratificado por la Cortes) y podía disolver las Cortes hasta dos veces (en la primera sesión de las terceras Cortes podía ser cesado)
  • Ejecutivo: El Gobierno era responsable ante las Cortes.
  • Legislativo: Cortes unicamerales (Parlamento) que legislaba y controlaba al Gobierno.
  • Sufragio universal: Por primera vez se reconoce el derecho de voto de la mujer
  • Descentralización territorial: Se reconoce el derecho a autonomía de las regiones, dentro de un Estado integral (aprobación con ⅔ de los electores y definitiva en Cortes nacionales)
  • Creación del Tribunal de Garantías Constitucionales: Constitucionalidad de las leyes.
  • Derecho a la educación: Educación primaria universal financiada por el Estado. La enseñanza se vuelve pública, laica y mixta.

Aprobada la Constitución, las Cortes eligieron a Niceto Alcalá-Zamora como presidente de la República y a Manuel Azaña como presidente del Gobierno (y ministro de la Guerra)

El Sufragio Femenino

Durante la Segunda República se avanzó en el reconocimiento de derechos en favor de las mujeres, desde acceso a empleos del sector público hasta el sufragio universal. La aprobación del sufragio femenino abrió un debate en las Cortes constituyentes entre los partidos políticos y dentro de los mismos:

  • A favor: Liderados por Clara Campoamor (Partido Radical).
  • En contra: Corriente encabezada por Victoria Kent (Partido Radical Socialista) y Margarita Nelken (PSOE), temían que las mujeres votasen a la derecha influidas por la Iglesia obstaculizando la consolidación de la República y del programa reformista de la izquierda.

El sufragio femenino fue aprobado por 161 votos favorables frente a 121 en contra. La Constitución de 1931 fue una de las primeras en Europa en reconocer este derecho.

El Bienio Reformista: Reformas Estructurales, Política Territorial y Realizaciones Sociales y Culturales. Reacciones Desde los Diversos Posicionamientos

El Bienio Reformista (1931-1933)

Aprobada la Constitución, las Cortes eligieron en diciembre de 1931 a Niceto Alcalá-Zamora
como presidente de la República y a Manuel Azaña como presidente del Gobierno (y
ministro de la Guerra). Azaña incluyó en el Ejecutivo ministros de todos los grupos políticos
del Gobierno Provisional (excepto del Partido Radical de Lerroux) buscando el apoyo de la
clase obrera y el nacionalismo periférico.
El objetivo de Azaña era modernizar el país profundizando en el programa de reformas
iniciado con los decretos de abril. Su éxito no era sencillo, tanto por el carácter estructural
de las reformas como por la reacción de los sectores más conservadores, que vieron en estas
medidas transformadoras una seria amenaza hacia sus intereses. Además, la cuantiosa
deuda pública heredada aconsejó una política de contención del gasto público que limitó la
financiación de las reformas.
Reformas estructurales y realizaciones sociales, culturales y territoriales
La reformas más relevantes acometidas durante el Bienio fueron:


Reforma agraria: el mayor problema del campo español era la dificultad de los
agricultores para acceder a la propiedad de la tierra (fracaso de las
desamortizaciones del s.XIX), que conducía a una elevada conflictividad social
(Trienio Bolchevique, auge del anarquismo), y perpetuaba una baja productividad
por el desinterés de los terratenientes en invertir en mejoras. Las autoridades
republicanas se comprometieron a promover una reforma agraria como solución ,
pero a la resistencia de los propietarios se sumó los desacuerdos entre los partidos
del Gobierno y la frustración de los campesinos ante la lentitud de los avances. La
Ley de Bases de la reforma Agraria (1932) aprobó la expropiación de latifundios para
su entrega a jornaleros. Fracasó por la escasez de financiación para indemnizar a los
propietarios. La frustración campesina provocó ocupación de tierras y protestas.
Reforma del Ejército: durante el reinado de Alfonso XIII, que siempre respaldó al
estamento militar frente al civil (Ley de Jurisdicciones, Juntas Militares de Defensa,
dictadura de Primo de Rivera) se volvió a evidenciar el fuerte peso del Ejército en la
vida pública. La necesidad de modernizar las Fuerzas Armadas, cuyas deficiencias


quedaron patente en las guerras de Cuba y Marruecos, era compartida incluso por el
rey, si bien bajo la premisa de aumentar su presupuesto.
Por el contrario la reforma de Azaña perseguía la democratización del Ejército
(lealtad institucional, subordinación a la autoridad civil, reducción del número de
oficiales, reforma del sistema de reclutamiento) y su profesionalización. Se creó la
Guardia de Asalto y se proclamó la Ley de Defensa de la República ante las dudas
generadas por la actitud de los militares.
Reforma secularizadora: respaldada por la Constitución de 1876, que establecía la
confesionalidad católica del Estado, la Iglesia era un firme aliado del trono y del
orden social, ejerciendo gran influencia a través del control de la enseñanza pese al
crecimiento del laicismo Ley del Candado) y el anticlericalismo (Semana Trágica,
1909).
La Constitución de 1931 estableció estableció la libertad religiosa, la laicidad del
Estado (extinción del presupuesto de culto y clero, legalidad del matrimonio civil y el
divorcio, secularización de los cementerios), la prohibición para la Iglesia de ejercer la
enseñanza, la disolución de la Compañía de Jesús y la nacionalización de parte de
parte de los bienes de las órdenes religiosa


(Ley de Confesiones y Congregaciones).
Reforma laboral: el aumento de los salarios y la mejora de las condiciones laborales
eran las principales reivindicaciones históricas de un movimiento obrero radicalizado
por los efectos de la Primera Guerra Mundial y la represión del anarquismo.
La Constitución recogió el derecho al trabajo y reforzó los mecanismos de protección
laboral. Largo Caballero (PSOE), ministro de Trabajo, impulsó la Ley de Jurados Mixtos
de Arbitraje, la negociación colectiva y la jornada de 8 horas en el campo.
Descentralización territorial: La Constitución reconoció el derecho de autonomía a
las regiones. Se tramitaron dos Estatutos de autonomía. el vasco , que fue rechazado
por la Cortes por su carácter inconstitucional y el catalán , que fue aprobado
concediéndose amplias potestades de autogobierno (Maciá, presidente de la
Generalitat)
Reforma educativa y cultural: buscó reducir el analfabetismo (50%) promoviendo
una educación exclusivamente pública, laica, obligatoria, gratuita y mixta (Ley de
Congregaciones Religiosas) creando miles de escuelas. Se mejoró la formación del
profesorado, se extendió la cultura al mundo rural


(Misiones Pedagógicas) y se
fomentó la lectura (Feria del Libro de Madrid).
Reacciones desde los distintos posicionamientos.
El gobierno tuvo que enfrentarse a una durísima oposición a lo largo de todo el Bienio:
Sectores conservadores (Ejército, Iglesia, terratenientes e industriales) consideraban
las reformas inadmisibles. Primero intentaron acabar con el sistema por la fuerza
(fallido golpe de Estado del general Sanjurjo, agosto 1932). Después mediante la
creación de partidos en 1933 como la CEDA (Confederación Española de Derechas
Autónomas), liderada por Gil-Robles. Falange Española (formación fascista fundada
por José Antonio Primo de Rivera) y Renovación Española (monárquicos liderados
por Calvo Sotelo). Por su parte la Iglesia criticó con dureza la Constitución de 1931 y
alentó a los fieles a que votaran a la derecha.
Extrema izquierda: La escasez de recursos para financiar las reformas desencadenó
gran conflictividad social (huelgas, ocupaciones…) y una dura represión. Los
anarquistas declararon a la República enemiga de obreros y campesinos y criticaron
al Gobierno republicano-socialista por no llevar a cabo suficientes mejoras.


9.3. EL BIENIO DE LA CEDA Y DEL PARTIDO RADICAL. EL FRENTE POPULAR.
DESÓRDENES PÚBLICOS. VIOLENCIA Y CONFLICTOS SOCIALES.
El bienio de la CEDA y del Partido Radical
Aunque la CEDA fue el partido más votado en las elecciones de noviembre de 1933,
Alcalá-Zamora rechazó ofrecer a Gil-Robles el Gobierno por su dudosa lealtad a la
República. En su lugar escogió a Lerroux, quien formó un Ejecutivo que gobernó con el
apoyo parlamentario de la CEDA, desarrollando una política contraria a la del Bienio
Reformista: suspendió la reforma agraria (devolviendo las tierras a los antiguos propietarios
y expulsando a los campesinos asentados) y educativa (cese de la construcción de
escuelas), paralizó la tramitación de nuevos Estatutos de autonomía, reanudó la
financiación estatal de la Iglesia y excarceló a los golpistas de 1932( Ley de Amnistía).
Pese a la política contrarreformista del Gobierno, Gil-Robles consideró insuficientes las
medidas y amenazó con retirarle su apoyo parlamentario si Lerroux no incluía en el
Gabinete a miembros de la CEDA. La presión surtió efecto, pero la incorporación de tres
ministros cedistas en el Gobierno (octubre, 1934) fue considerada una amenaza por la
izquierda radical y los nacionalistas catalanes, temerosos del desmantelamiento del
régimen democrático desde dentro como acababa de


ocurrir en Austria y Alemania con el
fescismo. Para evitarlo, UGT convocó, sin contar con los anarquistas, una huelga general
que solo tuvo amplia repercusión en Barcelona y Asturias.
Barcelona: la sublevación tuvo carácter nacionalista. El presidente Lluis Companys
(ERC) proclamó el Estat Catalá dentro de una República Federal Española, llamando
a luchar contra el ¨Gobierno fascista¨y a que se instalase en Barcelona un Gobierno
provisional de la Segunda República. La rápida intervención del Ejército abortó la
insurrección. Companys y el resto del Gobierno catalán fueron encarcelados y se
suspendió la autonomía de Cataluña.
Asturias: única región donde la UGT, la CNT y los comunistas actuaron unidos,
formaron un comité revolucionario que llamó a la ¨guerra y a la dictadura del
proletariado¨. Mineros y obreros armados dominaron la región casi una semana
(toma de minas y fábricas; asaltos a religiosos e iglesias) hasta la llegada de tropas
desde África al mando del general Franco, que se impuso tras duros combates.
La insurrección de Octubre fracasó por la desunión del movimiento obrero, la falta de
apoyo de la burguesía y la rápida reacción del


Gobierno. Provocó cerca de 1500 fallecidos,
30000 detenidos y una profunda fractura social reflejada por:


Derechización del gobierno de Lerroux: tras la insurrección de Octubre el Gobierno
reforzó su conservadurismo: suspendió la autonomía catalana, aprobó una nueva
Ley Agraria contraria a las reformas de 1932 y Gil-Robles, ministro de Guerra
nombró en puestos clave del Ejército a militares reaccionarios (Mola, Franco). No
obstante, esas medidas fueron consideradas insuficientes por la CEDA, que
dificultaba la acción del Gobierno buscando el nombramiento de Gil-Robles como
presidente.


Aumento de la tensión política: la derecha se movilizó para intensificar su intento
de liquidar la República ante los sucesos de octubre y el desgaste del Partido Radical
y la CEDA. José Calvo Sotelo agrupó a los monárquicos más autoritarios en el
Bloque Nacional, mientras Falange Española y los carlistas (Comunión
Tradicionalista) radicalizaban sus mensajes.
El fracaso de la huelga general y los posteriores acontecimientos también tuvo efectos en
las izquierdas. el PSOE se dividió en reformistas (Prieto) y revolucionarios (Largo
Caballero), Azaña agrupó a los republicanos de izquierdas en una única formación
(Izquierda Republicana), los comunistas promovieron una gran alianza electoral (Frente
Popular) y los anarquistas siguieron rechazando la participación política como medio para
lograr sus fines.
En septiembre de 1935 Lerroux dimitió tras varios escándalos (estraperlo) relacionados con
la corrupción. Alcalá-Zamora rechazó de nuevo ofrecer el Gobierno a Gil-Robles, por lo que
disolvió el Parlamento y convocó elecciones para febrero de 1936 en un clima de gran
radicalización política.
El Frente Popular
Las elecciones de febrero de 1936 fueron muy competidas. La izquierda (republicanos,
socialistas, comunistas, y nacionalistas de izquierdas) formó el Frente Popular, en la que los
anarquistas no se integraron. Su programa buscó recuperar las reformas del Bienio y
amnistiar a los represaliados de la Revolución de 1934. La derecha se presentó dividida. Las
elecciones se celebraron en un clima de gran tensión. El Frente Popular venció por un
estrecho margen de votos, aunque el sistema electoral le concedió una amplia mayoría de
diputados.
Azaña encabezó un Gobierno formado solo por republicanos que cumplió lo prometido:
reanudación de las reformas del Bienio (restablecimiento de la autonomía catalana,
aceleración de la reforma agraria), amnistía para los represaliados y neutralización de los
militares más reaccionarios (Franco enviado a Canarias y Mola a Navarra).
En mayo las nuevas Cortes destituyeron a Alcalá-Zamora como presidente de la
República por considerar improcedente la última disolución del Parlamento (segunda de su
mandato). Fue sustituido por Manuel Azaña, que ofreció formar Gobierno a Indalecio
Prieto, que rechazó el cargo por la falta de apoyo dentro de su propio partido. Azaña
escogió a Casares Quiroga, cuyo partido (Izquierda Republicana) apenas contaba con
diputados en el Parlamento.
Desórdenes públicos, violencia y conflictos sociales
Aunque los desórdenes alcanzaron su punto álgido tras febrero de 1936, los conflictos
sociales y la violencia fueron constantes durante la Segunda República:
Derechas: su oposición al régimen republicano y las reformas estructurales les hizo
recurrir a la violencia al verse alejados del poder (conspiraciones militares de
Sanjurjo y Mola) y cuando ejercieron el mismo (represión tras los suceso de octubre
de 1934)
Izquierdas: también recurrieron a la violencia al ser desplazados del poder
(insurrección del 1934) así como cuando ejercieron el mismo por acción (Casas
Viejas) u omisión (quema de iglesias).
La radicalización política y la debilidad del Gobierno de Casares quiroga facilitaron el
aumento de los desórdenes públicos y la confrontació:
Maniobras golpistas: tras perder las elecciones la derecha decidió liquidar la
república mediante un golpe de Estado, cuya organización se encargó al general
Mola.
Confrontación social: UGT y CNT presionaban al Gobierno con ocupaciones de
tierras y huelgas, mientras las luchas callejeras entre la extrema derecha e izquierda
dejaban numerosos muertos. La radicalización llegó al Parlamento, con amenazas y
provocaciones. Se ilegalizó a Falange Española y José Antonio Primo de Rivera fue
encarcelado.
Finalmente, el asesinato de José Calvo Sotelo (13 de julio) como represalia por el asesinato
del teniente Castillo (militante del PSOE perteneciente a la Guardia de Asalto) unos días
antes precipitó la sublevación militar (17 y 18 de julio). El fracaso del golpe de Estado y la
negativa de los insurrectos a deponer las armas desencadenó la Guerra Civil


(Largo
Caballero), Azaña agrupó a los republicanos de izquierdas en una única formación
(Izquierda Republicana), los comunistas promovieron una gran alianza electoral (Frente
Popular) y los anarquistas siguieron rechazando la participación política como medio para
lograr sus fines.
En septiembre de 1935 Lerroux dimitió tras varios escándalos (estraperlo) relacionados con
la corrupción. Alcalá-Zamora rechazó de nuevo ofrecer el Gobierno a Gil-Robles, por lo que
disolvió el Parlamento y convocó elecciones para febrero de 1936 en un clima de gran
radicalización política.
El Frente Popular
Las elecciones de febrero de 1936 fueron muy competidas. La izquierda (republicanos,
socialistas, comunistas, y nacionalistas de izquierdas) formó el Frente Popular, en la que los
anarquistas no se integraron. Su programa buscó recuperar las reformas del Bienio y
amnistiar a los represaliados de la Revolución de 1934. La derecha se presentó dividida. Las
elecciones se celebraron en un clima de gran tensión. El Frente Popular venció por un
estrecho margen de votos, aunque el sistema electoral le concedió una amplia mayoría de
diputados.
Azaña encabezó un Gobierno formado solo por republicanos que cumplió lo prometido:
reanudación de las reformas del Bienio (restablecimiento de la autonomía catalana,
aceleración de la reforma agraria), amnistía para los represaliados y neutralización de los
militares más reaccionarios (Franco enviado a Canarias y Mola a Navarra).
En mayo las nuevas Cortes destituyeron a Alcalá-Zamora como presidente de la
República por considerar improcedente la última disolución del Parlamento (segunda de su
mandato). Fue sustituido por Manuel Azaña, que ofreció formar Gobierno a Indalecio
Prieto, que rechazó el cargo por la falta de apoyo dentro de su propio partido. Azaña
escogió a Casares Quiroga, cuyo partido (Izquierda Republicana) apenas contaba con
diputados en el Parlamento.
Desórdenes públicos, violencia y conflictos sociales
Aunque los desórdenes alcanzaron su punto álgido tras febrero de 1936, los conflictos
sociales y la violencia fueron constantes durante la Segunda República:
Derechas: su oposición al régimen republicano y las reformas estructurales les hizo
recurrir a la violencia al verse alejados del poder (conspiraciones militares de
Sanjurjo y Mola) y cuando ejercieron el mismo (represión tras los suceso de octubre
de 1934)
Izquierdas: también recurrieron a la violencia al ser desplazados del poder
(insurrección del 1934) así como cuando ejercieron el mismo por acción (Casas
Viejas) u omisión (quema de iglesias).
La radicalización política y la debilidad del Gobierno de Casares quiroga facilitaron el
aumento de los desórdenes públicos y la confrontació:
Maniobras golpistas: tras perder las elecciones la derecha decidió liquidar la
república mediante un golpe de Estado, cuya organización se encargó al general
Mola.
Confrontación social: UGT y CNT presionaban al Gobierno con ocupaciones de
tierras y huelgas, mientras las luchas callejeras entre la extrema derecha e izquierda
dejaban numerosos muertos. La radicalización llegó al Parlamento, con amenazas y
provocaciones. Se ilegalizó a Falange Española y José Antonio Primo de Rivera fue
encarcelado.
Finalmente, el asesinato de José Calvo Sotelo (13 de julio) como represalia por el asesinato
del teniente Castillo (militante del PSOE perteneciente a la Guardia de Asalto) unos días
antes precipitó la sublevación militar (17 y 18 de julio). El fracaso del golpe de Estado y la
negativa de los insurrectos a deponer las armas desencadenó la Guerra Civil


reanudación de las reformas del Bienio (restablecimiento de la autonomía catalana,
aceleración de la reforma agraria), amnistía para los represaliados y neutralización de los
militares más reaccionarios (Franco enviado a Canarias y Mola a Navarra).
En mayo las nuevas Cortes destituyeron a Alcalá-Zamora como presidente de la
República por considerar improcedente la última disolución del Parlamento (segunda de su
mandato). Fue sustituido por Manuel Azaña, que ofreció formar Gobierno a Indalecio
Prieto, que rechazó el cargo por la falta de apoyo dentro de su propio partido. Azaña
escogió a Casares Quiroga, cuyo partido (Izquierda Republicana) apenas contaba con
diputados en el Parlamento.
Desórdenes públicos, violencia y conflictos sociales
Aunque los desórdenes alcanzaron su punto álgido tras febrero de 1936, los conflictos
sociales y la violencia fueron constantes durante la Segunda República:
Derechas: su oposición al régimen republicano y las reformas estructurales les hizo
recurrir a la violencia al verse alejados del poder (conspiraciones militares de
Sanjurjo y Mola) y cuando ejercieron el mismo (represión tras los suceso de octubre
de 1934)
Izquierdas: también recurrieron a la violencia al ser desplazados del poder
(insurrección del 1934) así como cuando ejercieron el mismo por acción (Casas
Viejas) u omisión (quema de iglesias).
La radicalización política y la debilidad del Gobierno de Casares quiroga facilitaron el
aumento de los desórdenes públicos y la confrontació:
Maniobras golpistas: tras perder las elecciones la derecha decidió liquidar la
república mediante un golpe de Estado, cuya organización se encargó al general
Mola.
Confrontación social: UGT y CNT presionaban al Gobierno con ocupaciones de
tierras y huelgas, mientras las luchas callejeras entre la extrema derecha e izquierda
dejaban numerosos muertos. La radicalización llegó al Parlamento, con amenazas y
provocaciones. Se ilegalizó a Falange Española y José Antonio Primo de Rivera fue
encarcelado.
Finalmente, el asesinato de José Calvo Sotelo (13 de julio) como represalia por el asesinato
del teniente Castillo (militante del PSOE perteneciente a la Guardia de Asalto) unos días
antes precipitó la sublevación militar (17 y 18 de julio). El fracaso del golpe de Estado y la
negativa de los insurrectos a deponer las armas desencadenó la Guerra Civil


Izquierdas: también recurrieron a la violencia al ser desplazados del poder
(insurrección del 1934) así como cuando ejercieron el mismo por acción (Casas
Viejas) u omisión (quema de iglesias).
La radicalización política y la debilidad del Gobierno de Casares quiroga facilitaron el
aumento de los desórdenes públicos y la confrontació:
Maniobras golpistas: tras perder las elecciones la derecha decidió liquidar la
república mediante un golpe de Estado, cuya organización se encargó al general
Mola.
Confrontación social: UGT y CNT presionaban al Gobierno con ocupaciones de
tierras y huelgas, mientras las luchas callejeras entre la extrema derecha e izquierda
dejaban numerosos muertos. La radicalización llegó al Parlamento, con amenazas y
provocaciones. Se ilegalizó a Falange Española y José Antonio Primo de Rivera fue
encarcelado.
Finalmente, el asesinato de José Calvo Sotelo (13 de julio) como represalia por el asesinato
del teniente Castillo (militante del PSOE perteneciente a la Guardia de Asalto) unos días
antes precipitó la sublevación militar (17 y 18 de julio). El fracaso del golpe de Estado y la
negativa de los insurrectos a deponer las armas desencadenó la Guerra Civil

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *