Evolución Histórica: Estado Liberal, Trabajo, Industria y Migraciones Globales

El Estado Liberal y el Nacimiento del Constitucionalismo Moderno

El liberalismo romántico reflejó, en el dualismo “Estado-individuo”, su aversión tanto contra los excesos del Estado centralizador nacido de la Revolución Francesa como contra el absolutismo monárquico de la Restauración. La idea fundamental era concebir un Estado fuerte que protegiese al ciudadano, pero que no lo oprimiese, buscando preservar un margen de libertad para la vida privada del individuo.

Así nació el constitucionalismo moderno: un sistema de garantías políticas y jurídicas destinado a constituir el marco jurídico de la soberanía y establecer los límites legales del poder. El liberalismo, originado en Francia, se difundió rápidamente por toda Europa como doctrina política y económica. Sus principios, herederos de la era revolucionaria, fueron expuestos en grandes manifiestos políticos como la Declaración de Independencia de Estados Unidos y las Declaraciones de Derechos francesas.

Estos objetivos debían conseguirse mediante la adopción de formas de gobierno constitucional, basadas en la aceptación de las siguientes reglas:

  • El gobierno debe actuar dentro de los límites fijados por la ley.
  • El centro de la autoridad política debe corresponder a los poderes legislativos representativos.
  • Todas las ramas del gobierno deben ser responsables ante un electorado que tendrá que incluir, idealmente, a todos los adultos.

Estos ideales, defendidos en nombre de los derechos naturales, resumían la esencia del liberalismo del siglo XIX.

La Flexibilización Laboral en las Décadas de 1980 y 1990

Bajo las tesis predominantes en las décadas de 1980 y 1990, gobiernos y empresas trabajaron conjuntamente para emprender diversas estrategias orientadas al desmontaje de las normas que habían regulado los mercados de trabajo en décadas precedentes. Estas estrategias se engloban bajo términos como desregulación, re-regulación o flexibilización de los mercados de trabajo. Flexibilizar se convirtió en el objetivo central de la nueva macroeconomía de la oferta.

La flexibilización puede alcanzarse por diferentes vías:

  • Financieramente: Impidiendo que los costes laborales y sociales sean superiores a los incrementos de productividad del factor trabajo.
  • Numéricamente: Haciendo que tanto el número de trabajadores como las horas trabajadas se ajusten adecuadamente a la producción de bienes y servicios.
  • Funcionalmente: Tratando de aprovechar de la mejor manera los recursos humanos mediante la rotación entre puestos de trabajo, la formación continua, etc.

Las estrategias flexibilizadoras implementadas por las empresas obtuvieron el respaldo de la legislación laboral. Con el avance de la globalización, las viejas reglas nacionales se acomodaban mal a la necesidad de competir globalmente, lo que impulsó la necesidad de cambiar dichas reglas.

Contexto Histórico: Pactos y Desregulación

Los pactos de las décadas de 1950 y 1960, mediante los cuales se regulaban los mercados de trabajo a través de la negociación colectiva, no fueron sino un reflejo de las ventajas legales que las grandes compañías obtuvieron de los gobiernos para evitar la competencia entre sí y repartirse el mercado nacional. Este contexto de oligopolio favoreció la implantación de sindicatos fuertes.

En mayor o menor medida, los gobiernos europeos iniciaron y desarrollaron el camino de la desregulación siguiendo distintos itinerarios:

  • Itinerario de confrontación con los sindicatos (Ej: Reino Unido bajo Margaret Thatcher).
  • Itinerario de regulación formal (Ej: Holanda).
  • Itinerario de desregulación a partir de la negociación colectiva (Ej: España, Portugal o Grecia).

Revolución Industrial y Organización del Trabajo: Fordismo y Taylorismo

Fordismo: La Producción en Serie

Con la aparición de los principios de la producción en serie, surgieron figuras clave como Henry Ford y Frederick Taylor. La cadena de montaje de Ford representaba la estandarización del producto y la rutinización del trabajo. Eliminado el montaje manual individualizado, el siguiente paso fue reducir el tiempo de traslado de piezas entre máquinas para sistematizar el montaje. El término fordismo se utiliza para referirse a los principios organizativos y tecnológicos característicos de la gran fábrica moderna.

Taylorismo: La Organización Científica del Trabajo

El taylorismo proponía la organización científica del trabajo. Según Taylor, los empresarios debían conseguir el uso más eficiente del factor trabajo mediante la codificación de los conocimientos artesanales y la determinación del método óptimo por vías científicas. Esto implicaba un doble descubrimiento:

  1. El conocimiento y control de los métodos operativos industriales son, en principio, propiedad exclusiva de la dirección.
  2. Es posible eliminar (o al menos reducir significativamente) el control obrero sobre los tiempos de producción.

Con el taylorismo se produce la entrada simbólica del reloj en el taller. La medición de los tiempos y los movimientos hizo posible la sustitución progresiva del obrero cualificado por trabajadores menos especializados. La cadena de montaje de Ford fue el paso siguiente: el gesto obrero se reduce a movimientos elementales y repetitivos.

Grandes Procesos Migratorios (Siglo XIX – Principios del XX)

La crisis agraria del siglo XIX y el desarrollo de los sectores industriales emergentes provocaron cambios profundos en la estructura social y económica de muchos países. Esto produjo un aumento significativo en la movilidad de los trabajadores, principalmente desde el campo hacia la ciudad (éxodo rural).

La movilidad de la población no conoció fronteras. La corriente migratoria más importante partió de Europa, y en menor medida, de Asia hacia América.

Características de la Migración Transoceánica

Hasta mediados del siglo XIX, la mano de obra forzosa (principalmente africana, ligada a la esclavitud) era predominante en ciertos flujos. Sin embargo, con la mejoría de los transportes (mayor seguridad, menor tiempo de viaje), la migración voluntaria se incrementó exponencialmente y superó a la forzosa.

Se estima que entre 12 y 36 millones de asiáticos, junto a 50 o 60 millones de europeos, pusieron rumbo a América durante este periodo. El principal receptor de inmigrantes fue Estados Unidos, aunque también fue muy importante el flujo hacia Argentina.

Cambios Tras la Primera Guerra Mundial

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) lo cambió todo. A partir de entonces, Estados Unidos, que había mantenido una política de puertas relativamente abiertas, no se opuso al cierre progresivo de fronteras y comenzó a exigir requisitos como un test de analfabetismo a los inmigrantes.

El perfil personal y profesional del emigrante también cambió: ya no eran predominantemente granjeros y artesanos del ámbito rural, sino que provenían cada vez más de las ciudades de sus países de origen. En su mayoría eran jóvenes, varones y solteros. Una excepción notable fue la inmigración irlandesa, donde las mujeres emigraban en proporciones similares a los hombres.

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