Hispania Romana: Romanización
La romanización es la asimilación de la cultura y formas de vida romanas por parte de los pueblos indígenas conquistados. Fue un proceso relativamente rápido entre los pueblos ibéricos del sureste; sin embargo, la romanización fue muy lenta y superficial entre los pueblos del norte de la Península. La conquista y la romanización de la Península Ibérica y del archipiélago balear es un proceso histórico trascendental, de siete siglos de duración. La romanización fue un proceso de transformación gradual de todos los habitantes de los pueblos peninsulares en ciudadanos del Imperio Romano, que fueron asumiendo las costumbres, la organización política, jurídica y social romanas, así como su lengua, el latín. La romanización se inició con la conquista romana.
Fases de la Conquista Romana
La llegada de los romanos a la península se produjo como consecuencia de la Primera Guerra Púnica y de las alianzas de Roma con las colonias griegas del Mediterráneo occidental. Los cartagineses delimitaron sus zonas de influencia en la península ibérica mediante pactos con la República Romana. El Pacto del Ebro (226 a.C.) le dio a Roma una zona de seguridad ante una posible alianza militar entre cartagineses y galos. La derrota sufrida por Cartago en la Primera Guerra Púnica limitó su importancia al Mediterráneo occidental. Aníbal (caudillo cartaginés), en un cambio de las relaciones entre Cartago y Roma, rompió el pacto, invadió Sagunto, cruzó el Ebro e invadió la península itálica. Estos acontecimientos determinaron el inicio de la Segunda Guerra Púnica entre Roma y Cartago, que se desarrolló en la península ibérica.
Etapas de la Conquista Romana en Hispania
Primera etapa: Comienza la ocupación de la península en La Segunda Guerra Púnica. Entre el 218 y 197 a.C., los romanos conquistan el sur y el este peninsulares, destacando la toma de Cartago Nova en el 209 a.C. y poco después Gades. Son las regiones que más contacto habían tenido con los pueblos colonizadores, fenicios y griegos, y su ocupación resultó fácil para los romanos.
Segunda etapa: (197-154 a.C.). Durante esta fase, el dominio romano llegó hasta el Alto Ebro, Meseta oriental y suroeste. Es una etapa de consolidación y en la que se inicia la organización administrativa de Hispania con la creación de dos provincias: Citerior, al norte, y Ulterior, al sur.
Tercera etapa: La podemos dividir en tres momentos y afectó a las tierras centrales y occidentales. Roma hace frente a diversos movimientos de resistencia:
- Guerras Lusitanas entre 154-137 a.C.
- Guerras Celtibéricas entre 154 y 133 a.C.
De estos dos periodos hay que citar a Viriato, dirigente lusitano, y Numancia (Soria), ciudad celtíbera y heroica. Los dos nombres son símbolos de la resistencia a la dominación romana. El tercer momento es a partir del 133 a.C., en que Roma inició la ocupación de la zona oeste y noroeste peninsular. Poco tiempo después, los romanos conquistaron las islas Baleares.
Cuarta y última etapa: Corresponde a las guerras cántabras en tiempos ya de Augusto (29-19 a.C.), donde los romanos tuvieron que emplearse a fondo para dominar a los cántabros y a los astures, pueblos del norte de la península.
La Monarquía Visigoda
Los visigodos llegaron a la Península como aliados, como tropas federadas del Imperio Romano para expulsar a suevos, alanos y vándalos. Si bien en principio mantuvieron su reino en Toulouse, tras la derrota de Vouillé (507) frente a los francos, se vieron obligados a establecer el centro de su Reino en Toledo. En este siglo VI, los bizantinos ocuparon una amplia zona del levante y el sur peninsulares. Justiniano en el siglo VI concibió la idea de reconstruir el amplio Imperio Romano bajo su mando, empresa que fracasó.
Los visigodos acentuaron las tendencias sociales surgidas durante el Bajo Imperio Romano: ruralización, latifundismo y economía cerrada. Además, en el Reino Visigodo se desarrolló tempranamente un feudalismo primitivo caracterizado por las relaciones políticas de tipo personal y el debilitamiento de las ciudades, dando como consecuencia una economía de base rural.
En la Hispania visigoda predominó el mundo rural, como hemos dicho. En el campo destacaban las villas o grandes explotaciones, que eran propiedad de la aristocracia y de la iglesia, y cuyo trabajo corría fundamentalmente a cargo de colonos. Estos eran campesinos libres, pero dependiendo del señor de manera que los vínculos con ellos limitaban su libertad efectiva. La explotación minera casi desapareció, apenas circulaba la moneda y el comercio era muy precario.