Ideologías Obreras del Siglo XIX
Marxismo
El marxismo es una ideología fundamental del movimiento obrero y una de las teorías sociales más influyentes, que debe su nombre a Karl Marx. Esta teoría afirmaba que en las sociedades industriales existía una lucha de clases inherente entre la burguesía (propietaria de los medios de producción) y el proletariado (los obreros). Marx proponía una revolución obrera para destruir el capitalismo, abolir la propiedad privada de los medios de producción y establecer un nuevo orden socialista liderado por los trabajadores. Estas ideas inspiraron la creación de partidos socialistas y comunistas a partir de 1875.
Anarquismo
El anarquismo, con pensadores como Bakunin o Kropotkin, se oponía a cualquier forma de Estado y aspiraba a sustituirlo por la libre asociación voluntaria entre las personas. Rechazaban la política institucional, los partidos políticos y la participación en elecciones, defendiendo la acción directa y la autogestión.
Las Internacionales Obreras
La Segunda Internacional (Asociación Internacional de Trabajadores) se fundó en 1889, agrupando a partidos socialistas de distintas nacionalidades. Esta organización adoptó algunos de los símbolos más reconocibles del movimiento obrero, como la celebración del Primero de Mayo como Día Internacional de los Trabajadores y el himno de La Internacional.
Bajo la presión del creciente movimiento obrero, los gobiernos comenzaron a elaborar leyes laborales para mitigar los abusos empresariales. Algunas de las primeras medidas incluyeron:
- La prohibición o regulación del trabajo infantil.
- La implantación de la jornada laboral de 8 horas.
- La creación de seguros obligatorios de accidente y enfermedad.
El Nacimiento del Nacionalismo
Inicialmente, el término ‘nación’ designaba simplemente al grupo de personas nacidas en un mismo lugar y que estaban bajo el poder de un mismo monarca. Sin embargo, durante el siglo XIX, el concepto evolucionó y se cargó de contenido político e ideológico, pudiendo una nación reunir a personas de distintos pueblos y culturas bajo una identidad compartida.
Dos Conceptos de Nación
En el siglo XIX coexistieron principalmente dos concepciones sobre qué definía una nación:
- Concepción cultural (Romanticismo alemán): Defendida por pensadores como Herder o Fichte, consideraba la nación como un ente con un «espíritu propio» (Volksgeist) basado en elementos objetivos compartidos como la lengua, la cultura, las tradiciones y la historia. La pertenencia a la nación era casi innata.
- Concepción política (Ilustración francesa y liberalismo): Planteaba la nación como una comunidad de ciudadanos que deciden voluntariamente vivir bajo las mismas leyes y compartir un proyecto político común (soberanía nacional). La pertenencia a la nación era un acto de voluntad política.
Políticas y Movimientos Nacionalistas
Estas ideologías impulsaron dos tipos de procesos:
A. Políticas Nacionalizadoras
Los Estados ya existentes implementaron políticas para fomentar un sentimiento nacional unificado entre sus habitantes. Esto incluía:
- La imposición de una lengua nacional a través de la escolarización obligatoria.
- El desarrollo y promoción de tradiciones, fiestas y símbolos comunes (banderas, himnos).
- La enseñanza de una historia nacional que exaltase la identidad colectiva.
B. Movimientos Nacionalistas
Surgieron movimientos políticos que reivindicaban que cada nación tenía derecho a constituir su propio Estado. Estos movimientos podían ser:
- Movimientos disgregadores (o independentistas): Buscaban la separación de una nación respecto a un Estado más grande que la englobaba. Ejemplos:
- Bélgica: Se separó de los Países Bajos en 1830 y se convirtió en un estado independiente.
- Grecia: Se independizó del Imperio Otomano en 1829 tras una larga guerra.
- Irlanda: Logró su independencia (parcial) del Reino Unido en 1922.
- Movimientos unificadores: Pretendían unir en un solo Estado a una nación que se encontraba dividida en múltiples entidades políticas.
- Unificación Italiana (Risorgimento): Italia estaba dividida en diversos estados (Reino de Piamonte-Cerdeña, Reino de las Dos Sicilias, Estados Pontificios, Lombardía-Véneto bajo dominio austriaco, etc.). La existencia de una lengua y cultura comunes forjó un sentimiento de unidad. El proceso, liderado por el Reino de Piamonte-Cerdeña (rey Víctor Manuel II y su ministro Cavour) y con la figura clave de Garibaldi, se desarrolló en varias fases:
- 1858: Pacto secreto entre Napoleón III de Francia y Cavour para expulsar a Austria de Italia.
- 1859: El ejército franco-piamontés derrota a los austriacos en las batallas de Magenta y Solferino. Lombardía y los ducados centrales se incorporan a Piamonte.
- 1860: Garibaldi, al frente de los «Camisas Rojas», conquista el Reino de las Dos Sicilias (sur de Italia).
- 1861: Víctor Manuel II es proclamado Rey de Italia.
- 1866: Tras la derrota de Austria ante Prusia, Italia aprovecha para incorporar Venecia.
- 1870: Tras la derrota de Francia (protectora del Papa) ante Prusia, las tropas italianas ocupan Roma, que se convierte en la capital del reino unificado.
- Unificación Alemana: Tras el Congreso de Viena (1815), los estados alemanes se agruparon en la Confederación Germánica, presidida por Austria. Prusia, bajo el liderazgo del canciller Otto von Bismarck, impulsó la unificación a través de varias guerras:
- 1834: Creación del Zollverein (unión aduanera) que integró económicamente a muchos estados alemanes bajo liderazgo prusiano.
- 1848: El Parlamento de Fráncfort (surgido de la revolución de 1848) ofrece la corona de una Alemania unificada al rey de Prusia, quien la rechaza por provenir de un parlamento liberal.
- 1866: Guerra Austro-Prusiana. La decisiva victoria de Prusia en la Batalla de Sadowa excluye a Austria de los asuntos alemanes y lleva a la creación de la Confederación de Alemania del Norte, liderada por Prusia.
- 1870-1871: Guerra Franco-Prusiana. La victoria de Prusia sobre Francia (Batalla de Sedán) permite la incorporación de los estados alemanes del sur.
- 1871: En el Palacio de Versalles, Guillermo I de Prusia es proclamado Emperador (Káiser) del Imperio Alemán (Segundo Reich).
- Unificación Italiana (Risorgimento): Italia estaba dividida en diversos estados (Reino de Piamonte-Cerdeña, Reino de las Dos Sicilias, Estados Pontificios, Lombardía-Véneto bajo dominio austriaco, etc.). La existencia de una lengua y cultura comunes forjó un sentimiento de unidad. El proceso, liderado por el Reino de Piamonte-Cerdeña (rey Víctor Manuel II y su ministro Cavour) y con la figura clave de Garibaldi, se desarrolló en varias fases:
Imperialismo
El imperialismo consiste en el dominio político, económico y cultural de un país (la metrópoli) sobre otros territorios (las colonias). Aunque existía desde antes, alcanzó su máxima intensidad en el último tercio del siglo XIX, cuando las potencias industriales europeas (principalmente Gran Bretaña y Francia, pero también Alemania, Italia, Bélgica, Países Bajos, Portugal y España) junto con nuevos actores no europeos como Estados Unidos y Japón, se expandieron y repartieron extensos territorios en Asia, África y Oceanía.
Se estima que si en 1800 el 35% de las tierras del planeta dependían de Europa y EE. UU., en 1914 este porcentaje ascendía al 84%.
Factores del Imperialismo
Factores Económicos
- La búsqueda de nuevos mercados donde vender los excedentes de producción industrial.
- La necesidad de espacios donde invertir capitales de forma rentable (préstamos, infraestructuras).
- El deseo de obtener materias primas baratas (caucho, cobre, oro, diamantes, etc.) y mano de obra a bajo coste.
Factores Políticos
- La conquista de lugares estratégicos para controlar rutas marítimas y terrestres (Canal de Suez, estrechos, etc.).
- El deseo de aumentar el prestigio internacional y la influencia geopolítica.
- El fortalecimiento del orgullo nacional a través de la posesión de un imperio colonial.
Factores Demográficos
- La presión demográfica en Europa debido al crecimiento de la población. La emigración a las colonias sirvió como válvula de escape, reduciendo la presión social y económica en la metrópoli.
Factores Ideológicos
- El convencimiento de la supuesta superioridad de la raza blanca y la civilización occidental, lo que legitimaba el derecho a dominar a otros pueblos considerados «inferiores» o «atrasados».
- La creencia en una misión civilizadora y evangelizadora (convertir al cristianismo a los pueblos indígenas).
- La curiosidad científica y el afán explorador, que impulsaron la creación de sociedades geográficas y la realización de expediciones científicas y geográficas por territorios desconocidos para los europeos.
Organización de las Colonias
1. Administración Política
Existieron diversas formas de dominio:
- Colonias: Territorios sometidos directamente a la soberanía de la potencia colonizadora, que imponía su administración y gobierno. Podían ser colonias de explotación (centradas en la extracción de recursos con poca población europea) o colonias de poblamiento (con importante asentamiento de población metropolitana, como Canadá o Australia).
- Protectorados: Teóricamente, se mantenía un gobierno indígena, pero la potencia colonial controlaba la política exterior, el ejército y la explotación económica. (Ej: Marruecos franco-español, Egipto británico).
- Concesiones: Territorios cedidos o arrendados por un país independiente a una potencia colonial por un tiempo determinado, usualmente con fines comerciales (Ej: Hong Kong cedido a Gran Bretaña por China).
2. Explotación Económica
La economía colonial se organizó en función de los intereses de la metrópoli:
- Creación de grandes plantaciones para producir cultivos que no se daban en Europa (café, cacao, caucho, té) destinados a la exportación.
- Explotación intensiva de los recursos minerales del subsuelo (oro, diamantes, cobre, estaño) para beneficio de la metrópoli.
- Utilización de mano de obra indígena barata, a menudo en condiciones de semiesclavitud o trabajo forzado.
- No se fomentó la industrialización local para evitar la competencia con la industria metropolitana. Se construyeron infraestructuras (ferrocarriles, puertos) orientadas a facilitar la extracción y exportación de recursos.
3. Una Sociedad Racista
La colonización impuso una profunda segregación social y racial:
- Colonias de poblamiento: En zonas con clima similar al de la metrópoli, atrajeron a numerosos inmigrantes europeos. La población autóctona a menudo fue desposeída de sus tierras, diezmada o se convirtió en una minoría marginada en su propio territorio.
- Colonias de explotación: La sociedad estaba claramente dividida:
- Los colonizadores (funcionarios, militares, empresarios, misioneros) constituían una minoría privilegiada que ocupaba los principales cargos políticos y económicos. Vivían en barrios separados, con mejores condiciones y servicios.
- La población colonizada vivía en condiciones de pobreza y subordinación, carecía de derechos políticos y sociales plenos y estaba sometida a la autoridad y a menudo a los abusos de los colonizadores.
España en el Siglo XIX: De la Guerra de Independencia a la Restauración
La Guerra de la Independencia Española (1808-1814)
En 1807, España, bajo el reinado de Carlos IV y la influencia de su valido Manuel Godoy, firmó con la Francia de Napoleón el Tratado de Fontainebleau. El acuerdo permitía el paso de tropas francesas por España para invadir Portugal, aliado de Inglaterra (enemiga de Francia). Sin embargo, Napoleón aprovechó la ocasión para ocupar estratégicamente ciudades españolas.
La presencia de las tropas francesas y el descontento con Godoy generaron malestar. El príncipe heredero, Fernando, aprovechó esta situación e instigó el Motín de Aranjuez (marzo de 1808), que provocó la caída de Godoy y la abdicación de Carlos IV en favor de su hijo, convirtiéndose en Fernando VII.
Napoleón, viendo las disputas internas de la familia real española, los convocó a Bayona (Francia). Allí, les obligó a ambos a abdicar en su favor, cediendo la corona a su hermano, José Bonaparte (José I).
El 2 de mayo de 1808, ante la salida de los últimos miembros de la familia real hacia Francia, se produjo una sublevación popular en Madrid contra las tropas francesas. Este evento marcó el inicio de la Guerra de la Independencia.
La guerra tuvo un doble carácter:
- Fue una lucha de liberación contra la ocupación francesa.
- Fue también un conflicto civil, ya que la población española se dividió entre:
- Afrancesados: Partidarios de José I, que veían en su régimen una oportunidad de modernización y reformas ilustradas.
- Patriotas: La mayoría de la población, opuesta a la invasión francesa y leal a Fernando VII. Este bando era heterogéneo, incluyendo absolutistas y liberales.
La guerra se desarrolló principalmente mediante la táctica de guerrillas por parte española y con el apoyo crucial del ejército británico, liderado por el Duque de Wellington. La retirada de tropas francesas por parte de Napoleón para destinarlas a la desastrosa campaña de Rusia (1812) permitió a las fuerzas hispano-británicas iniciar una contraofensiva exitosa (Arapiles, Vitoria, San Marcial).
En diciembre de 1813, Napoleón firmó el Tratado de Valençay, que puso fin a la guerra y reconoció a Fernando VII como rey de España.
Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812
Durante la guerra, ante el vacío de poder dejado por la ausencia del rey, se formaron Juntas locales y provinciales que asumieron la soberanía. Estas Juntas coordinaron la resistencia y convocaron unas Cortes Generales y Extraordinarias en Cádiz (única ciudad importante no ocupada por los franceses).
Las Cortes de Cádiz, reunidas desde 1810, estaban compuestas por diputados de ideologías diversas (absolutistas, reformistas, liberales), pero el sector liberal logró imponer sus tesis. Su obra legislativa fue revolucionaria:
- Aprobaron la Constitución de 1812 (conocida como «La Pepa»), la primera constitución liberal de España. Reflejaba los principios del liberalismo político:
- Reconocimiento de la soberanía nacional (el poder reside en la nación).
- Establecimiento de la división de poderes (legislativo en las Cortes con el Rey, ejecutivo en el Rey, judicial en los tribunales).
- Inclusión de una amplia declaración de derechos y libertades individuales (igualdad ante la ley, libertad de imprenta, propiedad privada, etc.).
- Establecimiento de una monarquía constitucional y hereditaria.
- Sufragio universal masculino indirecto.
- Aprobaron numerosas reformas para abolir las estructuras del Antiguo Régimen:
- Supresión de los señoríos jurisdiccionales.
- Abolición de la Inquisición.
- Supresión de los gremios, estableciendo la libertad económica.
- Declaración de la igualdad de todos los españoles ante la ley y los impuestos.
- Inicio de un proceso de desamortización de bienes eclesiásticos.
El Reinado de Fernando VII (1814-1833)
La Restauración del Absolutismo (Sexenio Absolutista, 1814-1820)
A su regreso a España en marzo de 1814, Fernando VII fue aclamado popularmente. Los liberales esperaban que jurase la Constitución de 1812. Sin embargo, apoyado por diputados absolutistas (Manifiesto de los Persas) y parte del ejército, el rey dio un golpe de Estado: derogó la Constitución y toda la obra legislativa de las Cortes de Cádiz, restaurando el absolutismo y el Antiguo Régimen.
Durante estos seis años, Fernando VII gobernó de forma absoluta, persiguiendo duramente a los liberales y afrancesados. Los liberales, muchos desde el exilio o la clandestinidad, intentaron restaurar el régimen constitucional mediante pronunciamientos militares (intentos de golpe de Estado liderados por militares liberales), pero todos fracasaron inicialmente.
El Trienio Liberal (1820-1823)
En enero de 1820, el pronunciamiento del comandante Rafael del Riego en Cabezas de San Juan (Sevilla), al frente de las tropas que iban a embarcar para sofocar las independencias americanas, triunfó. Fernando VII se vio obligado a jurar la Constitución de 1812 («Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional»).
Durante este breve periodo se:
- Liberó a los presos políticos liberales.
- Se convocaron elecciones a Cortes.
- Se restauraron las reformas aprobadas por las Cortes de Cádiz.
- Se creó la Milicia Nacional (cuerpo de voluntarios armados para defender el liberalismo).
Sin embargo, el Trienio fue muy inestable debido a la división entre los propios liberales (moderados y exaltados), la oposición absolutista interna (apoyada por el propio rey) y la hostilidad de las potencias absolutistas europeas de la Santa Alianza. Éstas, reunidas en el Congreso de Verona, decidieron intervenir. En 1823, un ejército francés (los «Cien Mil Hijos de San Luis») invadió España sin apenas resistencia y restauró a Fernando VII como monarca absoluto.
La Década Ominosa (1823-1833)
Fue la última etapa del reinado de Fernando VII, caracterizada por:
- Una dura represión contra los liberales (ejecución de Riego, exilio de miles de personas).
- La anulación de toda la legislación del Trienio Liberal.
- Una grave crisis económica y hacendística.
- El problema sucesorio: Fernando VII no tenía hijos varones. Para asegurar el trono a su hija Isabel (nacida en 1830), promulgó la Pragmática Sanción, que derogaba la Ley Sálica (que impedía reinar a las mujeres si había varones en la línea sucesoria, como el hermano del rey, Carlos María Isidro).
La Primera Guerra Carlista (1833-1840)
A la muerte de Fernando VII en 1833, su hermano Carlos María Isidro no reconoció a su sobrina Isabel (de tres años) como reina y se autoproclamó rey (Carlos V), iniciándose la Primera Guerra Carlista.
Fue un conflicto complejo con una doble dimensión:
- Conflicto dinástico: Entre los partidarios de Isabel II y los de Carlos María Isidro.
- Conflicto ideológico:
- Isabelinos (o Cristinos): Apoyaban a la regente María Cristina (madre de Isabel) y a la reina niña. Defendían el liberalismo (moderado o progresista) y un Estado centralizado. Tuvieron el apoyo de la burguesía, las ciudades y parte de la nobleza y el ejército.
- Carlistas: Apoyaban a Carlos María Isidro. Defendían el absolutismo monárquico, la vuelta al Antiguo Régimen, el catolicismo tradicionalista y el mantenimiento de los fueros (leyes e instituciones propias) de Navarra y el País Vasco frente al centralismo liberal. Tuvieron apoyo en zonas rurales del País Vasco, Navarra, Cataluña, Aragón y Valencia, principalmente entre el campesinado, el bajo clero y parte de la nobleza rural. Su lema era «Dios, Patria, Rey y Fueros».
La guerra fue larga y cruel, desarrollándose sobre todo en el norte de España. Finalizó en 1839-1840 con la victoria del bando isabelino, sellada por el Convenio o Abrazo de Vergara (1839) entre el general isabelino Espartero y el general carlista Maroto, aunque algunos focos carlistas resistieron hasta 1840.
El Reinado de Isabel II (1833-1868)
Periodo de Regencias (1833-1843)
Durante la minoría de edad de Isabel II, el poder fue ejercido por regentes:
- Regencia de María Cristina de Borbón (1833-1840): Marcada por la Guerra Carlista. Para obtener apoyos contra los carlistas, la regente tuvo que apoyarse en los liberales, lo que consolidó el paso del absolutismo al liberalismo. Se sucedieron gobiernos moderados y progresistas. Hitos importantes: Estatuto Real de 1834 (carta otorgada), Motín de Sargentos de La Granja (1836) que fuerza a restaurar la Constitución de 1812, Constitución progresista de 1837, y la Desamortización de Mendizábal (1836), que expropió y vendió bienes de la Iglesia. La regente tuvo que exiliarse en 1840 por la presión del general progresista Espartero.
- Regencia de Espartero (1840-1843): El general Baldomero Espartero, héroe de la guerra carlista, asumió la regencia. Su gobierno, de signo progresista pero muy autoritario, generó una fuerte oposición (incluida la de los moderados y parte de los progresistas). Fue derrocado por un pronunciamiento moderado liderado por el general Narváez en 1843.
Para poner fin a la inestabilidad de las regencias, las Cortes decidieron adelantar la mayoría de edad de Isabel II a los 13 años en 1843.
Década Moderada (1844-1854)
Periodo de dominio del Partido Moderado, liderado por el general Narváez. Se caracterizó por:
- Elaboración de la Constitución de 1845: De carácter moderado, establecía la soberanía compartida entre el Rey y las Cortes, fortalecía los poderes de la Corona y restringía mucho el sufragio (censitario muy limitado).
- Suspensión de la venta de bienes desamortizados y acercamiento a la Iglesia (Concordato de 1851).
- Creación de la Guardia Civil (1844) para mantener el orden público, especialmente en el campo.
- Fuerte centralización administrativa y política.
- Represión de la oposición progresista y demócrata.
El desgaste del gobierno moderado y el autoritarismo creciente llevaron al pronunciamiento militar de O’Donnell en Vicálvaro («Vicalvarada») en junio de 1854, que, apoyado por revueltas populares progresistas, dio paso al Bienio Progresista.
Bienio Progresista (1854-1856)
Breve periodo de gobierno del Partido Progresista, con Espartero como presidente y O’Donnell (líder de la Unión Liberal, un nuevo partido de centro) como ministro de Guerra. Principales medidas:
- Restauración de algunos principios liberales más avanzados (Milicia Nacional, libertad de imprenta).
- Nueva Desamortización de Madoz (1855), que afectó principalmente a bienes de los ayuntamientos (bienes de propios y comunes).
- Importante legislación económica: Ley de Ferrocarriles (1855), Ley de Sociedades Bancarias y Crediticias.
- Se elaboró un proyecto de constitución (la «non nata» de 1856) que no llegó a aprobarse.
La fuerte conflictividad social (huelgas obreras, levantamientos campesinos) y las disputas políticas entre Espartero y O’Donnell llevaron a este último a dar un golpe de Estado en julio de 1856, poniendo fin al bienio y devolviendo el poder a los moderados y unionistas.
Crisis Final del Reinado (1856-1868)
Tras el Bienio, se alternaron en el poder los moderados de Narváez y la Unión Liberal de O’Donnell. Fue un periodo de relativa estabilidad inicial pero que desembocó en una profunda crisis:
- Crisis económica y social: A partir de mediados de los 60, se produjo una grave crisis financiera (quiebra de bancos y compañías ferroviarias), industrial (especialmente en Cataluña) y de subsistencias (malas cosechas, hambre), provocando revueltas en el campo y las ciudades.
- Descontento político: El autoritarismo de los últimos gobiernos moderados, la exclusión sistemática del poder de progresistas, demócratas y republicanos, y la corrupción generalizada generaron una amplia oposición.
- Impopularidad creciente de la reina Isabel II: Por su constante intromisión en la política a favor de los moderados, su vida privada escandalosa y su camarilla palaciega.
En 1866, progresistas y demócratas firmaron el Pacto de Ostende (Bélgica), al que posteriormente se adhirió la Unión Liberal tras la muerte de O’Donnell. El objetivo era claro: derrocar a Isabel II y convocar Cortes Constituyentes elegidas por sufragio universal para decidir el futuro régimen de España.
El Sexenio Democrático o Revolucionario (1868-1874)
La Revolución Gloriosa y el Gobierno Provisional (1868-1870)
En septiembre de 1868, un pronunciamiento militar iniciado en Cádiz por el almirante Topete, al que se unieron los generales Prim (progresista) y Serrano (unionista), triunfó rápidamente (Batalla de Alcolea). Isabel II se vio obligada a exiliarse en Francia. Fue la Revolución Gloriosa.
Se formó un Gobierno Provisional presidido por el general Serrano, con Prim como hombre fuerte. Se convocaron elecciones a Cortes Constituyentes por sufragio universal masculino (por primera vez en España).
Las Cortes aprobaron la Constitución de 1869, la más democrática hasta entonces:
- Establecía una monarquía democrática.
- Reconocía la soberanía nacional.
- Incluía una amplísima declaración de derechos y libertades (reunión, asociación, expresión, sufragio universal masculino, libertad de culto aunque el Estado mantenía al clero católico).
- Establecía una clara división de poderes.
Aprobada la Constitución, Serrano fue nombrado Regente y Prim pasó a presidir el gobierno, con la difícil tarea de encontrar un rey para el trono vacante de España.
Reinado de Amadeo I (1871-1873)
Tras barajar varios candidatos, las Cortes eligieron como rey a Amadeo de Saboya, hijo del rey de Italia Víctor Manuel II, perteneciente a una dinastía liberal y popular. Amadeo I llegó a España en diciembre de 1870, pero su principal valedor, el general Prim, fue asesinado en Madrid días antes de su llegada.
Su breve reinado (enero 1871 – febrero 1873) fue un fracaso debido a la enorme inestabilidad y la falta de apoyos:
- La oposición de los carlistas (que iniciaron la Tercera Guerra Carlista en 1872), de los alfonsinos (partidarios de restaurar a los Borbones en la figura de Alfonso, hijo de Isabel II) y de los republicanos.
- La continuación de la Guerra de los Diez Años en Cuba (iniciada en 1868).
- Las divisiones internas entre los partidos que debían apoyarle (unionistas, progresistas, demócratas).
- El rechazo de la aristocracia y la Iglesia.
Sintiéndose incapaz de gobernar, Amadeo I abdicó en febrero de 1873.
La Primera República Española (1873-1874)
Ante la abdicación del rey, las Cortes, de mayoría monárquica pero sin candidato viable, proclamaron la República el 11 de febrero de 1873.
Fue un régimen efímero (apenas 11 meses) y extremadamente convulso, con cuatro presidentes del Poder Ejecutivo (Estanislao Figueras, Francisco Pi y Margall, Nicolás Salmerón y Emilio Castelar). Se enfrentó a gravísimos problemas:
- La división entre los propios republicanos: principalmente entre federales (partidarios de organizar el Estado como una federación de regiones o cantones autónomos, liderados por Pi y Margall) y unitarios (partidarios de un Estado centralizado).
- El estallido del movimiento cantonalista (verano de 1873): numerosas ciudades y regiones (Cartagena, Sevilla, Valencia, etc.) se declararon cantones independientes, desafiando al gobierno central. Fue especialmente grave el Cantón de Cartagena, que resistió hasta enero de 1874.
- La intensificación de la Tercera Guerra Carlista, que llegó a controlar amplias zonas del norte.
- La continuación de la Guerra de Cuba.
- La conspiración militar alfonsina.
En enero de 1874, mientras se votaba un nuevo gobierno, el general Pavía dio un golpe de Estado disolviendo las Cortes republicanas. Se estableció un gobierno provisional liderado por el general Serrano, que gobernó de forma dictatorial durante casi un año, manteniendo formalmente la República pero preparando el retorno de los Borbones.
La Restauración Borbónica (1874-1923)
En diciembre de 1874, el general Martínez Campos dio un pronunciamiento militar en Sagunto, proclamando rey de España a Alfonso XII, hijo de Isabel II. Este acto marcó el fin del Sexenio Democrático y el inicio de la Restauración.
El arquitecto político del nuevo régimen fue Antonio Cánovas del Castillo, líder del Partido Conservador. Sus objetivos iniciales fueron:
- Poner fin a la inestabilidad política del Sexenio.
- Acabar con los conflictos bélicos: la Tercera Guerra Carlista fue derrotada definitivamente en 1876 y la Guerra de Cuba finalizó temporalmente con la Paz de Zanjón en 1878.
- Establecer un sistema político estable basado en el liberalismo doctrinario (conservador) y la monarquía parlamentaria.
El Sistema Político de la Restauración
El sistema canovista se basó en varios pilares:
Constitución de 1876
Fue la constitución de más larga vigencia en la historia de España (hasta 1923, y formalmente hasta 1931). Sus características principales eran:
- Carácter conciliador y flexible: Buscaba integrar elementos aceptables tanto para los moderados (conservadores) como para los progresistas (liberales), dejando muchos aspectos abiertos al desarrollo por leyes posteriores.
- Soberanía compartida: Entre el Rey y las Cortes.
- Amplios poderes para la Corona: El Rey era el jefe del Estado y del ejército, nombraba al presidente del gobierno, podía convocar y disolver las Cortes y tenía derecho de veto sobre las leyes.
- Cortes bicamerales:
- Senado: Compuesto por senadores por derecho propio (grandes de España, jerarquías militares y eclesiásticas), senadores vitalicios nombrados por el Rey, y senadores elegidos por sufragio censitario.
- Congreso de los Diputados: Elegido por sufragio (inicialmente censitario, muy restringido; a partir de 1890 se implantó el sufragio universal masculino, aunque sin efectos reales democratizadores debido al fraude).
- Declaración de derechos similar a la de 1869, pero su ejercicio se remitía a leyes posteriores, que a menudo los restringían.
- Confesionalidad católica del Estado, pero con tolerancia hacia el ejercicio privado de otros cultos.
El Turno Pacífico
Cánovas diseñó un sistema de alternancia pactada en el poder entre los dos grandes partidos dinásticos (leales a la monarquía alfonsina):
- Partido Conservador: Liderado inicialmente por el propio Cánovas del Castillo. Agrupaba a los sectores más moderados y conservadores (antiguos moderados, unionistas de derechas).
- Partido Liberal: Liderado inicialmente por Práxedes Mateo Sagasta. Agrupaba a los sectores más progresistas del sistema (antiguos progresistas, demócratas y republicanos moderados que aceptaron la monarquía).
Cuando un partido en el gobierno se desgastaba, el Rey llamaba al líder del partido de la oposición a formar gobierno. Este convocaba elecciones, que siempre ganaba gracias al fraude electoral sistemático. Este fraude se garantizaba mediante:
- Caciquismo: El control social y económico ejercido por los «caciques» (personas influyentes a nivel local: terratenientes, empresarios, abogados, etc.) en las zonas rurales para dirigir el voto de la población mediante favores, presiones o coacciones.
- Pucherazo: La manipulación directa de los resultados electorales por parte de las autoridades (falsificación de censos y actas, compra de votos, coacción a los votantes, etc.).
Este sistema proporcionó una gran estabilidad política durante décadas, pero a costa de falsear la voluntad popular y mantener al margen del sistema a importantes fuerzas políticas y sociales.
Oposición al Sistema
A pesar de la estabilidad aparente, existía una importante oposición política y social al margen del turno dinástico:
- Carlistas: Aunque derrotados militarmente en 1876, mantuvieron su base social e ideológica, especialmente en Navarra y el País Vasco, y actuaron como fuerza política ultraconservadora y católica.
- Republicanos: Divididos en diversas facciones (federales, unitarios, posibilistas), pero con presencia en las ciudades y entre las clases medias e intelectuales.
- Movimiento obrero: Creció notablemente durante la Restauración, aunque dividido ideológicamente:
- Anarquistas: Con fuerte implantación en Cataluña y Andalucía desde el Sexenio Democrático (introducido por Fanelli en 1868). Se organizaron en la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE). Estaban divididos entre anarcosindicalistas (partidarios de la acción sindical a través de organizaciones como Solidaridad Obrera y luego la CNT, fundada en 1910) y sectores partidarios de la «propaganda por el hecho» (atentados terroristas, como el del Liceo de Barcelona o el asesinato de Cánovas en 1897).
- Socialistas: El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) fue fundado clandestinamente por Pablo Iglesias en 1879, y su sindicato afín, la Unión General de Trabajadores (UGT), en 1888. De ideología marxista, su crecimiento fue más lento que el anarquismo en este periodo, concentrándose en Madrid, Asturias y Vizcaya.
- Nacionalismos periféricos: Surgieron o se consolidaron movimientos que cuestionaban el Estado centralista español y reivindicaban el reconocimiento de identidades nacionales propias:
- Nacionalismo catalán: Evolucionó desde la Renaixença (movimiento cultural de recuperación de la lengua y cultura catalanas) hacia la formulación política (Memorial de Greuges, 1885; Bases de Manresa, 1892, que proponían una autonomía para Cataluña). La Lliga Regionalista (1901) fue el principal partido catalanista conservador.
- Nacionalismo vasco: Surgió como reacción a la abolición de los fueros tras la Tercera Guerra Carlista y a la inmigración de españoles de otras regiones por la industrialización. Su principal ideólogo fue Sabino Arana, fundador del Partido Nacionalista Vasco (PNV) en 1895, de carácter católico, conservador e inicialmente independentista y racista.
- Regionalismo gallego (Rexurdimento): Tuvo un carácter fundamentalmente cultural y literario en esta etapa, con figuras como Rosalía de Castro o Manuel Murguía, aunque también hubo formulaciones políticas autonomistas minoritarias.