La Primera Guerra Mundial (1914-1919)
Entre 1914 y 1919, España experimentó un superávit en la balanza comercial, abasteciendo a los países en guerra. Aumentaron las exportaciones de manufacturas, mientras que descendieron las de productos hortofrutícolas. Las importaciones de carbón mineral, fertilizantes químicos y manufacturas también disminuyeron. La industria tuvo nuevas oportunidades para exportar. La guerra favoreció también al sector servicios, aumentando los beneficios de las empresas comerciales y de la banca, que se benefició de la prosperidad de la industria y los servicios en los que participaba. Se produjo un superávit en la balanza de pagos, gracias al saldo favorable de la balanza comercial y de servicios. El crecimiento de la producción se logró mediante más turnos de trabajo y una mejora en la eficiencia de la industria, impulsada por la creación de más empresas, aunque poco dotadas de capital.
Los beneficios aumentaron la rentabilidad de las empresas, favoreciendo a empresarios y banqueros, pero no a los trabajadores. Se produjo una carestía debido a la inflación, con la subida de los salarios quedando por detrás de la subida de los precios. La banca se consolidó como principal centro de la economía.
Tras la guerra, cayó la demanda externa y aumentó la competencia, generando una crisis de posguerra. La depreciación de las monedas de algunos países encareció las exportaciones y redujo las importaciones. A partir de 1920, tuvo lugar un déficit comercial y un aumento del desempleo. Esta crisis industrial llevó al gobierno a elevar las medidas de protección. En 1922, se prohibieron las importaciones de cereales.
La Dictadura de Primo de Rivera
El estallido de la guerra de Marruecos llevó a Primo de Rivera a dar un golpe de Estado. La dictadura contó con el apoyo de empresarios, banca, grandes propietarios y el propio monarca. Para algunos sectores, supuso una salida a la crisis.
La dictadura se inspiró en el modelo totalitario, considerando que el Estado debía ser el encargado de organizar y propulsar la producción nacional. Esto se logró con un esfuerzo de proteccionismo, apoyo del Estado a la producción industrial y barreras de entrada en los mercados para evitar una excesiva competencia y hacer frente a la crisis de sobreproducción (se creó en 1926 el comité regulador de la producción industrial). Otra medida fue la reactivación industrial mediante la inversión pública aprobada en 1926 por 10 años en obras públicas. En 1924 se creó el estatuto ferroviario, convirtiendo al Estado en agente inversor.
Este fue un periodo de prosperidad, pero con un crecimiento desequilibrado. Creció sobre todo la industria y el sector energético, mientras que la agricultura aumentó en menor medida. Crecieron más las industrias siderúrgicas, del cemento, metalúrgicas y de material férreo que las industrias de bienes de consumo y minería. En el sector energético, creció más la producción de electricidad que la de carbón mineral.
La Segunda República (1931-1936)
La proclamación de la Segunda República fue mal acogida por los empresarios, banqueros y grandes terratenientes, quienes mantuvieron una actitud hostil hacia las medidas económicas, produciéndose una evasión de capitales fuera de España y una caída de la inversión privada. También se produjo una contracción del gasto público y una paralización del crecimiento.
Se produjo una subida de los salarios reales, estimulando así el consumo, lo que impulsó la industria de bienes de consumo y aumentó la demanda de alimentos. No se vio afectada por la crisis la agricultura orientada al mercado interior, la industria de bienes de consumo y el sector exterior. La menor repercusión de la crisis se debió a una economía atrasada, menos abierta al mercado internacional, al proteccionismo y a los atrasos en el sistema financiero español.
La ausencia de crisis en determinados sectores contribuyó a amortiguar el impacto de la depresión.
A España le costó salir de la crisis por motivos socioeconómicos, aumentando la inestabilidad política como consecuencia de las tensiones sociales, lo que determinó una caída de la inversión privada.
Algunas políticas agravaron la crisis, como la política cambiaria y monetaria, así como la política laboral. Sin embargo, la política fiscal palió la caída de la inversión privada.
Los objetivos de la Segunda República pretendían estabilizar el tipo de cambio de la peseta y conseguir un equilibrio presupuestario. La peseta tendió a depreciarse, y la sobrevaluación de la peseta impidió la recuperación de las exportaciones españolas. A partir de 1932, el tipo de interés empezó a descender, aunque esto no mejoró la situación.
La política laboral tenía como objetivo reabsorber el paro, fortalecer el poder de los sindicatos y resolver el problema del desempleo.
Entre 1931 y 1933 se crearon decretos favorables a los campesinos, pero los grandes propietarios los boicotearon: de términos municipales, de labores forzosas, congelación de la renta de la tierra y la prohibición de desahucios, creación de juros mixtos. Estas políticas no contribuyeron a paliar los efectos de una coyuntura depresiva.
La política fiscal tuvo un efecto positivo, amortiguando la caída de la inversión privada mediante el aumento del gasto público. Se pretendía alcanzar el equilibrio presupuestario mediante una reforma fiscal con una política redistributiva. Hubo una expansión del gasto público y descendieron los gastos en defensa.
Los presupuestos se siguieron saldando con déficit, por tanto, no se alcanzó el objetivo.
La reforma agraria de 1933 era necesaria para mitigar el problema del paro, estimulando el crecimiento de la economía, pero era necesaria una medida que corrigiese el desigual reparto de la estructura territorial. Se pretendía alcanzar una mayor igualdad en la distribución de la riqueza y la renta en la agricultura, aumentar la productividad agraria, paliar la miseria y mejorar el nivel de vida en el campo.
El Estado expropió las fincas pertenecientes a la alta nobleza y las fincas cuyo origen era la jurisdicción señorial.
Ante la aplicación de la ley de reforma agraria de 1936, se produjo el golpe de Estado de Franco, que dio inicio a la Guerra Civil Española. Este golpe trataba de invertir la distribución de la renta que estaba a favor del trabajador y en contra del capitalismo.