Este tema, junto con el de la inmigración, fue el gran caballo de batalla en la campaña del referéndum. Para los partidarios, todo eran ventajas. Los que se manifestaban en contra pronosticaron una debacle económica que no se ha concretado… hasta ahora.
En noviembre [de 2017], el Gobierno británico presentó sus presupuestos para 2018 y rebajó las previsiones de crecimiento en los próximos años y cuadriplicó la dotación destinada a afrontar las consecuencias de la salida de la UE (3.000 millones de libras frente a los 700 millones de libras iniciales).
En su momento se previó una desaceleración de la economía británica que la obligaría a endeudarse en 142.000 millones de euros más de lo previsto en los próximos cinco años.
Se estimó que el Brexit reduciría en un 2,4% el crecimiento previsto de la economía británica en los próximos cinco años debido a la reducción del comercio, la inversión y la inmigración.
La Oficina Británica de Responsabilidad Presupuestaria confirmó los pronósticos sobre los efectos negativos del Brexit a largo plazo y corrigió a la baja sus anteriores previsiones de crecimiento. Desde que se votó el Brexit, la libra se ha devaluado un 25% frente al euro.
Aunque los augurios más pesimistas sobre el Brexit no se han cumplido hasta ahora, la depreciación de la libra avisa de que se puede producir una espiral inflacionista (en aquel momento, la inflación estaba en el 3%) que perjudicaría especialmente a las clases populares, precisamente las que, en su momento, se decantaron por el Brexit.
El Brexit no tiene sólo consecuencias para el Reino Unido, también las tiene para la Unión Europea:
Impacto en Sectores Clave de la UE
Industria aeroespacial: (con la colaboración de empresas europeas) con programas muy complejos y caros. Los profesionales del sector consideran que a largo plazo el Brexit sería muy dañino.
Infraestructuras: como grandes aeropuertos, en las que la presencia de grandes empresas europeas y españolas desaparecería o se limitaría, rompiéndose así una historia de colaboración que ha tenido mucho éxito hasta ahora.
Ingeniería civil: muy potente en el Reino Unido, que vería reducido su espacio económico y sus posibilidades.
Sector de la alimentación: que recibe grandes inversiones de Europa y de fuera. El 60% de todas las compañías no europeas que operan en Europa tenían su base en el Reino Unido y probablemente se irían con el Brexit.
Ciencia: para la que Europa era el lugar donde más talento encontraba el Reino Unido.
Justicia
En el ámbito de la justicia, se acordó que los jueces ingleses deberían respetar la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE).
“Para los ciudadanos de la UE, el TJUE seguirá siendo competente”. El texto del acuerdo va más allá y establece que el Tribunal seguirá siendo el árbitro final de la interpretación del derecho comunitario y “los tribunales del Reino Unido deberán tener debidamente en cuenta las decisiones pertinentes [del TJUE] después de la fecha especificada [de salida]”, así como consultar con el Tribunal si la ley no está clara. El acuerdo incluye una cláusula de extinción de ocho años.
Garantías Legales
¿Cómo se garantizaría esto, más allá de las buenas intenciones? Londres se comprometió a promulgar una Ley de Retirada que daría amparo a los acuerdos y tendría un carácter preeminente, similar al que los Tratados, directivas y reglamentos europeos exhiben frente a los ordenamientos nacionales: sería directamente aplicable y tendría primacía en el ordenamiento jurídico británico (en caso de duda, prevalecería la Ley de Retirada y las normas europeas integradas explícitamente en ella).
La aplicación de esta ley estaría supervisada por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) en su calidad de “árbitro único”.
En esta cuestión, como en general, los analistas mostraron en su momento cierto optimismo, aunque la Ley de Retirada debía ser aprobada por el Parlamento británico, y en él las mayorías no estaban claras, no solo porque el Partido Conservador necesitaba el apoyo parlamentario de los unionistas de Irlanda del Norte, sino también porque entre los *tories* existía una gran división interna.
Una muestra de que las cosas no estaban claras fue la presentación de una moción para que los parlamentarios pudieran solicitar una extensión de las negociaciones si no se llegaba a un acuerdo antes de marzo de 2019 (fecha prevista para la salida). Los conservadores temían que la mayoría simple que tenían en la Cámara corriera peligro.
Periodo de Transición y Futuro
Quedaba por pactar el estatuto final de las relaciones entre la UE y el Reino Unido. Theresa May solicitó un periodo de transición de dos años, desde 2019 (fecha de la salida) hasta 2021, para que el Brexit fuera menos abrupto. Bruselas exigió que durante el periodo de transición se aplicase la normativa en vigor de la UE (mercado único, presupuestos, jurisdicción del TJUE…) y se trasladase automáticamente a la legislación británica cualquier cambio legal que aprobase la UE, pero el Reino Unido no tendría voz ni voto. Esto significaba que los ciudadanos podrían seguir moviéndose libremente, aunque Londres quería que los llegados en este periodo de transición se acogieran a un nuevo sistema.
Por otra parte, durante ese periodo, el Reino Unido no podría firmar nuevos acuerdos comerciales con terceros, aunque sí podría tener negociaciones informales con otros países sobre posibles pactos futuros.
El Consejo Europeo indicó en su momento que “acordaba negociar un periodo de transición que incluyera toda la normativa europea, mientras que el Reino Unido, como país tercero, no participaría en las instituciones de la UE ni en la elección de sus miembros”.
Durante ese tiempo de transición se negociaría la futura relación comercial entre el Reino Unido y la UE.
Posibles Modelos de Relación Futura
De acuerdo con el comisario Barnier, que llevó las negociaciones, el modelo de relación podría ser similar al del acuerdo comercial con Canadá (CETA), que tardó ocho años en negociarse y estuvo a punto de descarrilar por la oposición del Parlamento de Valonia.
Un acuerdo con el Reino Unido podría ser, por una parte, más fácil, ya que el Reino Unido estaba entonces integrado en la UE y, por otra, más difícil, porque los parlamentos nacionales serían más sensibles a cómo podría afectar a sus países y a los privilegios que pudiera obtener el Reino Unido, lo que podría transmitir el mensaje de que es rentable salirse de la UE; un mensaje que Alemania quería evitar a toda costa.
España y el Brexit
Las relaciones económicas entre España y el Reino Unido eran excelentes y muy beneficiosas para nuestro país, pero el Brexit influyó negativamente en esa relación, como se puede observar al examinar los datos de la época.
El mercado del Reino Unido era el quinto destinatario de nuestras exportaciones y ocupaba el sexto lugar entre nuestros proveedores.
En los años previos al Brexit se había venido produciendo un reforzamiento de las relaciones comerciales entre España y Reino Unido.
En 2016 continuó la expansión de las exportaciones españolas a Reino Unido y el saldo de la balanza comercial bilateral siguió siendo favorable a España. Reino Unido fue el tercer destino para las exportaciones españolas totales y el primer destino para nuestra inversión directa.
En 2016, las exportaciones de bienes y servicios de España a Reino Unido ascendieron a 36.550 millones de euros, con un aumento del 6,4% en relación con 2015.
La evolución de los intercambios comerciales en 2016 enmascara un comportamiento muy distinto en las dos mitades del año, lo que podría atribuirse al efecto de la depreciación de la libra tras el referéndum del Brexit.
Así, las exportaciones de bienes experimentaron una significativa desaceleración a partir de la segunda mitad de 2016.
En la primera mitad de 2016 (periodo previo al referéndum), las exportaciones españolas a Reino Unido registraron un fuerte dinamismo con un aumento del 11,3% respecto al mismo periodo del año anterior, prolongándose e, incluso, intensificando el dinamismo del año anterior.
Mientras que para el conjunto de la Unión Europea el incremento fue del 5,7%.
Sin embargo, a partir del referéndum, la evolución diferencial de las exportaciones al Reino Unido y a la UE cambió de signo, y en 2017 este fenómeno continuó.
En los tres primeros trimestres de 2017 (de enero a septiembre), las exportaciones de bienes al Reino Unido habían caído un 1,7% con respecto al mismo periodo del año anterior (muy afectadas por el mal comportamiento de las exportaciones de automóviles), lo que contrastaba con el fuerte aumento de las exportaciones a la UE en el mismo periodo (7,9%).
Si los datos comerciales mostraban ese impacto, los datos de turismo arrojaban las mejores cifras comparativas con otros países, ya que los turistas que provenían del Reino Unido eran los más numerosos.
En la primera mitad de 2017, los compradores de vivienda con mayor peso entre el total de extranjeros fueron los británicos (13,9%), seguidos de los franceses (8,8%), alemanes (8,2%), italianos (7,7%), rumanos (6,9%) y belgas (6,2%).