La Guerra Civil Española: Un Conflicto que Marcó el Siglo XX

Guerra Civil Española: Orígenes, Desarrollo y Consecuencias

Ante las elecciones de febrero de 1936, se formó una coalición de izquierdas llamada el Frente Popular. Esta coalición fue un acuerdo electoral, pero no de gobierno, entre los partidos republicanos de izquierda, los socialistas y los comunistas. Su programa era moderado y se basaba en conceder una amnistía general a los encarcelados por los sucesos de octubre de 1934 y en retomar las reformas del primer bienio de la República.

Frente a esta coalición de izquierdas, las derechas y el centro se presentaron divididos. La CEDA intentó formar una coalición de derechas a nivel nacional, pero fracasó, logrando solo algunos pactos concretos. También la extrema derecha fracasó en su intento de reorganizar el Bloque Nacional. Todo esto ocurrió en un clima de tensión y en plena crisis económica mundial tras el crack de 1929.

Las elecciones fueron ganadas por el Frente Popular. Manuel Azaña fue elegido para dirigir el Gobierno primero, y después lo hizo Santiago Casares Quiroga. Casares Quiroga dispersó a los generales sospechosos de conspirar contra la República (Franco fue enviado a Canarias, Sanjurjo a Lisboa, Mola a Pamplona, etc.). Sin embargo, la derrota electoral de la derecha, el regreso a las reformas del primer período republicano y el auge de posiciones revolucionarias causaron miedo en los sectores conservadores, que temían una revolución social. Esto llevó a que algunos militares (especialmente Mola) aceleraran sus planes de golpe de Estado.

El estallido de la sublevación se precipitó tras el asesinato, el 12 de julio, del militante de izquierdas José Castillo (un guardia de asalto) y, al día siguiente, como represalia, del diputado de derechas Calvo Sotelo.

El Inicio de la Sublevación Militar

El 17 de julio de 1936, las tropas del Protectorado de Marruecos se sublevaron contra la República, y el día 18 el levantamiento se extendió a la península. Entre el 18 y el 20 de julio, la insurrección militar se expandió por España con resultados desiguales. El golpe triunfó en algunas zonas como parte de Andalucía, donde el general Queipo de Llano tomó el poder en Sevilla. El general Mola se hizo con Navarra, mientras que en Zaragoza el general Cabanellas logró controlar la mayor parte de Aragón. Los sublevados también consiguieron el control de Castilla y León, La Rioja, Galicia, Canarias, Mallorca y parte de Extremadura.

Sin embargo, en las grandes ciudades como Madrid, Barcelona y Valencia, así como en las zonas industriales y obreras de Asturias, el País Vasco y Cataluña, la sublevación fracasó. Allí, parte del ejército y de las fuerzas de orden público (Guardia de Seguridad y Asalto, y Guardia Civil) se mantuvieron fieles a la República. Además, hubo una fuerte resistencia popular de milicianos pertenecientes a organizaciones políticas y sindicales. Al ver que no era posible negociar con los sublevados, el gobierno republicano de José Giral ordenó repartir armas entre los militantes de las organizaciones obreras.

Los Bandos en Conflicto

A partir de la guerra, se consolidaron dos bandos:

  • El bando nacional o los sublevados (los “azules”), compuesto por oficiales intermedios del Ejército de Tierra, la Guardia Civil, la Legión, el Ejército de África, parte de la Marina, las masas católicas y conservadoras, y los pequeños y medianos terratenientes. Contaban con el apoyo total de la Iglesia.
  • El bando republicano (llamados “los rojos” por los sublevados), formado por generales leales a la República, la Armada y la Marina, la Aviación, la Guardia de Asalto, los partidos de izquierda, el proletariado y la pequeña burguesía.

La Internacionalización del Conflicto

Rápidamente, el conflicto adquirió un carácter internacional debido a las tensiones políticas en Europa en ese momento. El auge del fascismo en Italia y Alemania preocupaba a países como Gran Bretaña y Francia. Para evitar que la guerra española se convirtiera en un conflicto internacional, estos países propusieron un Comité de No Intervención, en el que también participaron las potencias fascistas.

A pesar de este acuerdo, Italia y Alemania no lo respetaron y prestaron apoyo a los sublevados con material bélico y tropas. Mussolini tenía un gran interés en que España formara parte de su proyecto de dominio en el Mediterráneo y el norte de África, por lo que envió un gran número de voluntarios conocidos como los Camisas Negras. Los sublevados también recibieron el apoyo de la dictadura de Salazar en Portugal, que envió unos 10.000 voluntarios llamados Viriatos.

El papel de Alemania fue fundamental. Gracias a su ayuda, los militares pudieron cruzar el Estrecho de Gibraltar, que estaba protegido por la Armada republicana. Hitler quería impedir que Francia tuviera un aliado en su frontera sur y aprovechó la Guerra Civil como campo de pruebas para su armamento y tácticas de guerra. Alemania envió a los sublevados unidades de tanques, fuerzas de defensa aérea y aviación, organizadas en la Legión Cóndor.

Por su parte, la República recibió pocos apoyos internacionales. Solo la Unión Soviética y, en menor medida, México, ayudaron a la causa republicana. Stalin fue prudente al principio, pero cuando vio la intervención de Hitler y Mussolini, decidió colaborar con el gobierno republicano enviando asesores militares y armas.

Además, llegaron a España las Brigadas Internacionales, formadas por voluntarios de diferentes países que, alentados por la Internacional Comunista (Komintern), acudieron a defender la República ante la amenaza del fascismo.

Ante las elecciones de febrero de 1936, se formó una coalición de izquierdas llamada el Frente Popular. Esta coalición fue un acuerdo electoral, pero no de gobierno, entre los partidos republicanos de izquierda, los socialistas y los comunistas. Su programa era moderado y se basaba en conceder una amnistía general a los encarcelados por los sucesos de octubre de 1934 y en retomar las reformas del primer bienio de la República.

Frente a esta coalición de izquierdas, las derechas y el centro se presentaron divididos. La CEDA intentó formar una coalición de derechas a nivel nacional, pero fracasó, logrando solo algunos pactos concretos. También la extrema derecha fracasó en su intento de reorganizar el Bloque Nacional. Todo esto ocurrió en un clima de tensión y en plena crisis económica mundial tras el crack de 1929.

Las elecciones fueron ganadas por el Frente Popular. Manuel Azaña fue elegido para dirigir el Gobierno primero, y después lo hizo Santiago Casares Quiroga. Casares Quiroga dispersó a los generales sospechosos de conspirar contra la República (Franco fue enviado a Canarias, Sanjurjo a Lisboa, Mola a Pamplona, etc.). Sin embargo, la derrota electoral de la derecha, el regreso a las reformas del primer período republicano y el auge de posiciones revolucionarias causaron miedo en los sectores conservadores, que temían una revolución social. Esto llevó a que algunos militares (especialmente Mola) aceleraran sus planes de golpe de Estado.

El estallido de la sublevación se precipitó tras el asesinato, el 12 de julio, del militante de izquierdas José Castillo (un guardia de asalto) y, al día siguiente, como represalia, del diputado de derechas Calvo Sotelo.

El Inicio de la Sublevación Militar

El 17 de julio de 1936, las tropas del Protectorado de Marruecos se sublevaron contra la República, y el día 18 el levantamiento se extendió a la península. Entre el 18 y el 20 de julio, la insurrección militar se expandió por España con resultados desiguales. El golpe triunfó en algunas zonas como parte de Andalucía, donde el general Queipo de Llano tomó el poder en Sevilla. El general Mola se hizo con Navarra, mientras que en Zaragoza el general Cabanellas logró controlar la mayor parte de Aragón. Los sublevados también consiguieron el control de Castilla y León, La Rioja, Galicia, Canarias, Mallorca y parte de Extremadura.

Sin embargo, en las grandes ciudades como Madrid, Barcelona y Valencia, así como en las zonas industriales y obreras de Asturias, el País Vasco y Cataluña, la sublevación fracasó. Allí, parte del ejército y de las fuerzas de orden público (Guardia de Seguridad y Asalto, y Guardia Civil) se mantuvieron fieles a la República. Además, hubo una fuerte resistencia popular de milicianos pertenecientes a organizaciones políticas y sindicales. Al ver que no era posible negociar con los sublevados, el gobierno republicano de José Giral ordenó repartir armas entre los militantes de las organizaciones obreras.

Los Bandos en Conflicto

A partir de la guerra, se consolidaron dos bandos:

  • El bando nacional o los sublevados (los “azules”), compuesto por oficiales intermedios del Ejército de Tierra, la Guardia Civil, la Legión, el Ejército de África, parte de la Marina, las masas católicas y conservadoras, y los pequeños y medianos terratenientes. Contaban con el apoyo total de la Iglesia.
  • El bando republicano (llamados “los rojos” por los sublevados), formado por generales leales a la República, la Armada y la Marina, la Aviación, la Guardia de Asalto, los partidos de izquierda, el proletariado y la pequeña burguesía.

La Internacionalización del Conflicto

Rápidamente, el conflicto adquirió un carácter internacional debido a las tensiones políticas en Europa en ese momento. El auge del fascismo en Italia y Alemania preocupaba a países como Gran Bretaña y Francia. Para evitar que la guerra española se convirtiera en un conflicto internacional, estos países propusieron un Comité de No Intervención, en el que también participaron las potencias fascistas.

A pesar de este acuerdo, Italia y Alemania no lo respetaron y prestaron apoyo a los sublevados con material bélico y tropas. Mussolini tenía un gran interés en que España formara parte de su proyecto de dominio en el Mediterráneo y el norte de África, por lo que envió un gran número de voluntarios conocidos como los Camisas Negras. Los sublevados también recibieron el apoyo de la dictadura de Salazar en Portugal, que envió unos 10.000 voluntarios llamados Viriatos.

El papel de Alemania fue fundamental. Gracias a su ayuda, los militares pudieron cruzar el Estrecho de Gibraltar, que estaba protegido por la Armada republicana. Hitler quería impedir que Francia tuviera un aliado en su frontera sur y aprovechó la Guerra Civil como campo de pruebas para su armamento y tácticas de guerra. Alemania envió a los sublevados unidades de tanques, fuerzas de defensa aérea y aviación, organizadas en la Legión Cóndor.

Por su parte, la República recibió pocos apoyos internacionales. Solo la Unión Soviética y, en menor medida, México, ayudaron a la causa republicana. Stalin fue prudente al principio, pero cuando vio la intervención de Hitler y Mussolini, decidió colaborar con el gobierno republicano enviando asesores militares y armas.

Además, llegaron a España las Brigadas Internacionales, formadas por voluntarios de diferentes países que, alentados por la Internacional Comunista (Komintern), acudieron a defender la República ante la amenaza del fascismo.

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