Evolución de las fuerzas políticas de oposición al sistema de la Restauración: Republicanos y nacionalistas
Los partidos excluidos del sistema habían tenido muy poco peso desde el comienzo de la Restauración, pero en los inicios del siglo XX su fuerza y sus apoyos comenzaron a aumentar.
Los republicanos
En las primeras décadas del siglo XX, la oposición más importante era el republicanismo. Representaba la aspiración de los intelectuales y de sectores de las clases medias a una democratización política que identificaban con el régimen republicano. Conoció una renovación ideológica con la inclusión de las doctrinas del nuevo liberalismo democrático, más sensible a las reformas sociales, para intentar mejorar la vida de las clases medias y obreras. El impulso regenerador y unificador llegó en 1903 con la formación de la Unión Republicana, y cosechó un notable éxito electoral en las grandes ciudades. Las divergencias en este partido terminaron por dividir de nuevo al republicanismo. En 1908 se escindió el sector radical, liderado por Lerroux, que formó el Partido Radical.
Los nacionalistas
El nacionalismo catalán
El nacionalismo catalán era el de mayor relevancia en las primeras décadas del siglo XX. Estuvo dominado por la Lliga Regionalista, fundada en 1901. Esta formación política consideraba que se debía compatibilizar la regeneración política y la modernización económica con su reivindicación de la autonomía de Cataluña. Este era el partido de la burguesía catalana y no contó con el apoyo de la clase obrera, ya que no atendía a las reformas sociales. Practicó una política pactista, colaborando en ocasiones con los partidos del turno (Conservadores y Liberales).
El nacionalismo vasco
Tras la muerte de Sabino Arana en 1903, fundador y líder del PNV (Partido Nacionalista Vasco), se inició un duro y largo enfrentamiento entre el sector independentista y defensor de las ideas aranistas, y otro más moderado, liberal y posibilista, que optaba por la autonomía vasca dentro de España. Con la nueva estrategia del sector autonomista, el nacionalismo vasco se extendió desde Vizcaya al resto de las provincias vascas, se aproximó a la burguesía industrial, amplió sus bases sociales y se consolidó como la fuerza mayoritaria en el País Vasco.
La crisis general de 1917: causas, manifestaciones y consecuencias
La crisis militar: Juntas de Defensa
Uno de los factores que explican el malestar de los militares fue el proyecto de reforma militar, que pretendía modernizar el ejército mediante una reducción del excesivo número de oficiales. Otro motivo era el sistema de ascensos, en su mayoría por méritos de guerra, lo cual favorecía a los militares que servían en África frente a los peninsulares. El conflicto surgió entre los jóvenes oficiales peninsulares de algunos cuerpos, que exigían el establecimiento de la «escala cerrada», es decir, que los ascensos fueran por rigurosa antigüedad. El descontento cristalizó en la formación de las Juntas de Defensa, que se extendieron a todo el ejército. En junio de 1917 presentaron un ultimátum al gobierno conocido como el «Manifiesto de las Juntas». En el largo pulso entre el gobierno y las Juntas, estas últimas, con el apoyo del rey, lograron imponer sus demandas.
La crisis política: la Asamblea de Parlamentarios
El lenguaje regeneracionista de las Juntas fue interpretado por diversos y heterogéneos grupos de la oposición (catalanistas, republicanos y socialistas) como una señal inminente de la quiebra del régimen y la oportunidad para una reforma o una revolución democrática. Cambó, líder de la Lliga, tomó la iniciativa. Ante la suspensión de las garantías constitucionales, la imposición de la censura de prensa y el cierre de las Cortes decretado por el gobierno conservador de Dato, convocó a todos los senadores y diputados españoles a una Asamblea de Parlamentarios en Barcelona en julio de 1917. La Asamblea acordó la formación de un gobierno provisional y la celebración de Cortes Constituyentes que reformasen la Constitución para aprobar la autonomía para Cataluña. Pero el reducido apoyo de los grupos políticos (solo asistieron 70 parlamentarios de un total de 760, en su mayoría republicanos y socialistas) y el rechazo de las Juntas a sus pretensiones permitieron al gobierno disolverla.
La crisis social: huelga general de agosto
En el verano de 1917 se añadió un tercer desafío: el del movimiento obrero y su disposición a lanzarse a una huelga general. En marzo de 1917, las dos grandes organizaciones sindicales, UGT y CNT, suscribieron un manifiesto convocando una huelga general. Para los dirigentes socialistas, la huelga general, en caso de producirse, debería servir para derrocar al régimen e implantar una república democrática. Finalmente, en agosto de 1917 estalló la huelga general, pero solo tuvo una especial incidencia en los centros industriales de Madrid, Barcelona, el País Vasco y Asturias, donde se produjeron los incidentes más graves. Apenas tuvo impacto en las zonas rurales. El ejército cumplió la orden de disparar contra los obreros, y se produjeron 71 muertos y 2000 detenidos en todo el país. Los miembros del comité de huelga fueron detenidos y condenados a cadena perpetua, que no llegaron a cumplir, pues al año siguiente salieron elegidos diputados.
Fuerzas de apoyo y oposición a la República en sus comienzos
Debido a la brevedad requerida, se señalan a continuación los partidos y grupos sociales más significativos de cada familia política:
Fuerzas de apoyo
Dentro de estas destacamos los partidos y sindicatos obreros (PSOE, PCE, CNT y UGT). Resaltamos también a los partidos de izquierda burguesa, constituidos por las clases medias con deseos renovadores (Izquierda Republicana, etc.). Los partidos nacionalistas también apoyaron a la República por la orientación autonomista de la Constitución de 1931 (Esquerra Republicana, la Lliga y el PNV).
Fuerzas de oposición
Constituida por republicanos conservadores, clases medias recelosas de cambios sustanciales y gente de «orden» ligada a las fuerzas tradicionales dominantes. Entre los partidos de derechas destaca la CEDA, que, a pesar de no ver la República con buenos ojos, participó activamente en su vida política, llegando incluso a gobernar en el bienio conservador (1934-1936). Más contrarios a la República fueron los monárquicos y la ultraderecha (Falange).
Características esenciales de la Constitución de 1931
El proyecto fue el resultado de un compromiso entre socialistas y republicanos de izquierdas para establecer una república democrática y no confesional. Recogía una amplia declaración de derechos y libertades, como el derecho al voto de las mujeres, el establecimiento del matrimonio civil y el divorcio, y el derecho a una educación primaria obligatoria, laica y gratuita. Se respetaba la propiedad privada, pero se asumía el principio de que la riqueza del país quedaba subordinada a los intereses generales. Establecía una radical división de poderes. Las Cortes tenían una única cámara (Congreso de los Diputados), con una amplia capacidad legislativa y de control al gobierno. La Jefatura del Estado se atribuyó al presidente de la República. La Justicia se basaba en la independencia profesional de los tribunales. Se contemplaba que algunas provincias pudieran configurarse en regiones autónomas. Se establecía la separación Iglesia-Estado, eliminándose la financiación estatal de la misma.
La Guerra Civil Española y el contexto internacional
La Guerra Civil Española estalló en un momento sumamente crítico en las relaciones internacionales. Desde 1936, la tensión entre las grandes democracias europeas (Francia y Reino Unido) y los regímenes totalitarios fascista y nazi alcanzó un punto tal que cualquier crisis hacía temer el desenlace de una nueva guerra mundial. De ahí que la guerra española provocase divisiones en la opinión pública y despertase la inquietud, sobre todo, de los gobiernos británico y francés.
El Comité de No Intervención
Francia impulsó, con el apoyo de Reino Unido, la política de No Intervención. A finales de agosto de 1936, veintisiete países, incluidos Alemania, Italia y la URSS, suscribieron el Acuerdo de No Intervención en España, por el que se prohibía la exportación a España de todo tipo de material de guerra. De modo casi simultáneo, el gobierno republicano y el bando sublevado liderado por el general Franco solicitaron ayuda militar a las potencias europeas, dada la situación inicial de equilibrio de fuerzas y la escasez de equipamiento militar con los que se contaba entonces en España.
Grandes fases militares de la Guerra Civil
Batalla de Madrid (agosto 1936 – marzo 1937)
El principal objetivo de los militares rebeldes era una rápida conquista de Madrid que les permitiese consolidar la sublevación, pero el avance quedó detenido en Guadarrama y, por propio deseo de Franco, en el Alcázar de Toledo.
La caída del norte (abril – octubre de 1937)
Los fracasos en Madrid causaron que el ejército sublevado se dirigiese contra el norte industrial y minero bajo dominio republicano.
De la ofensiva sobre Teruel a la Batalla del Ebro (diciembre de 1937 – noviembre de 1938)
La ofensiva sobre Teruel solo fue una maniobra del gobierno republicano para distraer al enemigo. Franco optó por una ofensiva general en el frente de Aragón, que desembocó en la Batalla del Ebro, la más sangrienta de la guerra, con casi 100 000 muertes. Fue el principio del fin para los republicanos, puesto que, ante la superioridad aérea y de artillería de las tropas «nacionales», el ejército republicano se desplomó.
El fin de la guerra (diciembre 1938 – abril 1939)
A finales de 1938 se produjo la ofensiva franquista sobre Cataluña, que supuso el golpe decisivo para la República. A finales de marzo, los ejércitos franquistas reanudaron su ofensiva, entraron en Madrid y, después, ocuparon el resto del país.