Orígenes del Movimiento Obrero: Transformación Laboral, Conflictos y Socialismo

De Artesanos a Proletarios

Desde mediados del siglo XVIII, las condiciones de trabajo fueron cambiando, sobre todo en Inglaterra. Al implantarse la libertad de producción, que permitió la creación de nuevas manufacturas al margen de toda reglamentación gremial, los antiguos artesanos perdieron todos sus privilegios. Los propietarios fijaban las condiciones de la producción y de la contratación laboral.

Los trabajadores de las nuevas manufacturas eran campesinos que habían emigrado a la ciudad para conseguir trabajo y también población urbana, en especial artesanos arruinados porque no podían competir con la introducción de las nuevas máquinas. Se transformaron en proletarios que, carentes de toda propiedad salvo de su prole, necesitaban trabajo y eran contratados por los propietarios del taller para cumplir la jornada laboral a cambio de un salario.

El trabajo asalariado fue configurando una nueva clase obrera que se consolidaría a partir de 1820 al iniciarse la era de la fábrica. Las fábricas, locales mayores que los talleres y con máquinas más potentes movidas con la energía del vapor o la hidráulica, afianzaron un nuevo orden laboral: jornadas de hasta 15 horas, un ritmo de trabajo constante y sin descanso aplicado también a mujeres y niños con una dura disciplina y salarios bajísimos.

Además, en un primer momento el proceso de mecanización condujo al paro a amplios sectores de trabajadores manuales como los tejedores ingleses. De las 800.000 personas que en el año 1800 trabajaban en los telares manuales de Inglaterra, en el año 1834 solo quedaban 200.000. El desempleo, los bajos salarios, las jornadas agotadoras y la dura disciplina laboral crearon conflictos. Los trabajadores se dieron cuenta rápidamente de la explotación a la que estaban sometidos.

Los Primeros Conflictos y el Ludismo

En un primer momento, los cambios provocaron conflictos aislados y motines. Surgieron asociaciones de trabajadores formadas por oficiales artesanos en vías de proletarización. Primero se organizaron los trabajadores de un mismo oficio y a nivel local; luego se fueron uniendo localidades diversas y de distintos oficios. Ante la formación de sociedades obreras y las acciones colectivas, la intervención gubernamental adquirió un carácter represivo. Las asociaciones obreras acabaron siendo prohibidas tanto en Francia (Ley de Le Chapelier, 1791) como en Inglaterra (Combination Acts, 1799-1800).

En paralelo, se desarrollaban movimientos radicales, herederos de la Revolución Francesa, que propugnaban reformas democráticas y reclamaban derechos y libertades. En las ciudades inglesas se impulsaron movilizaciones, marchas y concentraciones en las que participaron los trabajadores a favor de la reforma política y la abolición de las leyes antiasociativas. En este contexto, cerca de Nottingham, el ejército reprimió en 1811 con violencia una manifestación de trabajadores que se quejaban de la anchura de los nuevos telares para la fabricación de medias que les obligaba a trabajar más por el mismo salario. Por la noche, y como protesta, fueron incendiados más de 60 telares.

La destrucción se asoció a un dirigente, el Capitán Ned Ludd, que pronto adquirió una dimensión mítica. Su nombre fue utilizado para firmar las cartas de amenaza a los propietarios de máquinas. Los luditas consideraban que las máquinas agredían los intereses de los trabajadores porque provocaban el paro y la disminución de los salarios. Con sus acciones, los luditas pretendían forzar a los patronos a negociar las condiciones de trabajo. El ludismo se extendió a las regiones industrializadas de Inglaterra y en el continente europeo desde la Bretaña hasta Alcoy (1820) y Barcelona (1835). Fue objeto de persecución gubernamental (en 1813 fueron ejecutados 18 luditas) y entró en declive a partir de 1817, si bien en la década de 1830 se reactivó en el campo inglés con ataques a las máquinas trilladoras.

El Socialismo Utópico

Frente a la emergente sociedad capitalista, producto de la Revolución Industrial, se alzaron voces críticas que denunciaban las injusticias del nuevo sistema y que idearon otras formas de organizar la sociedad. Fueron propuestas innovadoras que durante la primera mitad del siglo XIX configuraron lo que se denominaría socialismo utópico. Los modelos sociales que propugnaban y los medios para llevarlos a cabo presentaban diferencias. Algunos, como Babeuf y Blanqui, consideraban que la igualdad social solo podía alcanzarse por medio de la acción violenta de una minoría que impondría una dictadura revolucionaria. Pero la mayoría creía en una pacífica transformación social a través de la difusión de las ideas, de la educación y del propio ejemplo.

Charles Fourier defendió la creación de falansterios, agrupaciones comunitarias donde la propiedad era colectiva y hombres, mujeres y niños compartían todas las tareas. Étienne Cabet diseñó Icaria, un país donde se realizaba el sueño comunista de una total igualdad social, proyecto que intentó realizar, sin éxito, en América. Robert Owen defendió la organización de los trabajadores en cooperativas sin propietarios ni salarios, y la llevó a la práctica en su fábrica textil de New Lanark (Escocia) hasta que las presiones del gobierno y de empresarios le obligaron a trasladarse a Indiana (EEUU).

La Asociación Internacional de Trabajadores (AIT)

La Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) fue creada en Londres (1864) por delegados de asociaciones obreras inglesas y francesas, y emigrantes políticos italianos y alemanes. Posteriormente incorporó sociedades obreras de distintos países (owenistas, cartistas…) y personalidades involucradas en la lucha social. Se organizó en secciones nacionales y tenía un consejo general dirigido por Marx, que redactó los estatutos y el manifiesto inaugural donde se establecían sus principios básicos: la emancipación de la clase obrera debía ser obra de los trabajadores mismos, que conquistarían el poder político para acabar con la sociedad burguesa e implantar el socialismo.

Los primeros congresos de la AIT se celebraron en Ginebra (1866), Lausana (1867) y Bruselas (1868). Se adoptaron acuerdos para impulsar las movilizaciones obreras en cada país y se defendieron unas medidas que influyeron en las reivindicaciones obreras: reducción de la jornada laboral, supresión del trabajo infantil, mejora de las condiciones laborales de la mujer, desaparición del ejército permanente, socialización de los medios de producción y el recurso a la huelga como el medio más eficaz para conseguir estos objetivos.

Estos acuerdos no impedían la existencia de discrepancias internas que llevaron al enfrentamiento abierto, desde 1869, entre Marx y Bakunin. Marx controlaba la AIT a través del consejo general y gran parte de los acuerdos de la AIT reflejaban sus posiciones. Frente a él, Bakunin defendía la abolición del Estado y no su conquista, y se mostraba hostil a cualquier autoridad política. Acusaba a Marx de dictatorial y propugnaba la autonomía de las secciones y la pérdida de poder del consejo general. Las delegaciones de los países más industrializados (Inglaterra, Alemania) apoyaban las ideas de Marx y las de los países más agrícolas (España, Francia, Italia) daban apoyo a las tesis bakunistas.

La Comuna de París

A partir de 1868, la Internacional vivió con preocupación la reciente tensión política y militar entre Francia y Alemania e hizo un llamamiento al movimiento obrero para que mostrara la clara oposición a la guerra. Pero el conflicto estalló en julio de 1870. Francia fue derrotada en la batalla de Sedán y el ejército alemán llegó a las puertas de París, lo cual provocó el hundimiento del imperio de Napoleón III que quedó prisionero de Bismarck. Se formó en 1871 un gobierno encabezado por Thiers, de carácter conservador, que preparó la capitulación ante los alemanes.

Las clases populares de París no aceptaron ni al nuevo gobierno, ni sus intenciones de capitular y se produjo una insurrección popular. El gobierno tuvo que abandonar la ciudad y refugiarse en Versalles. En este contexto de vacío de poder, y para organizar la defensa frente a los alemanes, se realizaron unas elecciones que llevaron a la constitución de la Comuna de París (marzo-mayo 1871): un gobierno popular que respondía al ideal de una república democrática y social.

La Comuna organizó la resistencia de París y emprendió un conjunto de reformas que se convirtieron en el referente para el movimiento obrero y democrático: nacionalización de los bienes del clero, reforma de la justicia, substitución del ejército por milicias populares, abolición de la policía, entrega de las empresas abandonadas a cooperativas obreras y un proyecto de enseñanza laica y gratuita. En mayo las tropas de Versalles y los prusianos consiguieron tomar París. El bombardeo sobre la ciudad se inició el 1 de mayo y el 21 ocuparon tras una semana de lucha. La represión fue durísima con miles de fusilamientos, detenciones y deportaciones. El obrerismo francés quedó desarticulado y tardaría años en recuperarse.

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