Población y Sociedad en la América Colonial Española: Impacto Demográfico y Estructura Social

Poblamiento y Sociedad en América

El Despoblamiento Indígena

La conquista española de América desencadenó una catástrofe demográfica sin precedentes para la población originaria. Las estimaciones sobre la población residente en América en 1492 varían enormemente entre los historiadores, con cifras que oscilan entre un máximo de 90-112 millones y un mínimo de 13-15 millones de habitantes, lo que refleja la dificultad de establecer datos precisos.

Un cálculo ampliamente aceptado es el realizado en 1570 por Juan López de Velasco, cosmógrafo-cronista de Indias. Según él, en la América colonial de aquellos años residían aproximadamente 10 millones de indígenas.

El despoblamiento continuó después de 1570 y a lo largo de todo el siglo XVII, aunque a un ritmo más lento. Finalizado este siglo, comenzó a observarse una lenta recuperación demográfica. Al concluir el periodo colonial, en torno a 1825, se estima que en la América española vivían unos ocho millones de indígenas.

Causas de la Despoblación

Las principales causas de este drástico descenso demográfico fueron:

  1. La violencia de la conquista y la colonización: Tanto las guerras de conquista como la explotación posterior (trabajos forzados, tributos) generaron una alta mortalidad. La colonización impuso un reacomodo económico y social que agravó el derrumbe demográfico.
  2. El impacto psicológico y cultural: La derrota militar, la dominación política y la anulación de sus sistemas de vida y creencias provocaron un profundo trauma en las poblaciones indígenas, un fenómeno que algunos autores denominan desgarro vital, afectando la voluntad de vivir y reproducirse.
  3. Las enfermedades epidémicas: El factor más devastador fue la introducción de enfermedades para las cuales los indígenas carecían de inmunidad, debido a siglos de aislamiento biológico. Enfermedades comunes en Europa como el sarampión, la gripe, la viruela, el tifus y la peste bubónica (probablemente a lo que se refiere el texto original con ‘peste bucólica’) causaron una mortalidad masiva. A estas se sumaron enfermedades tropicales introducidas desde África, como la fiebre amarilla y la malaria, transportadas a través del comercio de esclavos.

El Poblamiento Hispánico

El núcleo colonizador inicial estuvo formado por los aproximadamente 1200 hombres que viajaron con Cristóbal Colón en sus primeros viajes y los cerca de 2500 que llegaron con el gobernador Nicolás de Ovando a La Española en 1502.

La Corona española intentó mantener la uniformidad ideológica (católica) en las tierras conquistadas, estableciendo una emigración restringida y controlada. Era necesario obtener un permiso o licencia de embarque expedido por la Casa de la Contratación, establecida en Sevilla en 1503. Se sabe que uno de los aspectos que a menudo se ocultaba al solicitar la licencia era el oficio real, ya que muchos viajaban a América con la aspiración principal de enriquecerse rápidamente y obtener estatus social (ennoblecimiento o reconocimiento).

Existía también una emigración clandestina; muchas personas se infiltraban en los barcos sin el permiso correspondiente, a menudo embarcando en las Islas Canarias, donde los controles eran inicialmente menores.

Geográficamente, casi el 37% de los emigrantes registrados procedían de Andalucía, debido a que Sevilla (y más tarde Cádiz) centralizaba la administración y el comercio con las Indias. Le seguían en importancia los procedentes de Extremadura y las dos Castillas. El hispanista sueco Magnus Mörner estimó que, entre 1506 y 1600, emigraron legalmente a América unas 243.000 personas.

La emigración fue mayoritariamente masculina en las primeras décadas. Se observó que inicialmente solo un 10% de las licencias se concedían a mujeres. Durante el reinado de Felipe II, se tomaron medidas para fomentar la emigración familiar, y el porcentaje femenino aumentó, llegando a representar aproximadamente un 25% del total en algunos períodos.

Ya en el siglo XVIII, la emigración regulada por la Casa de Contratación disminuyó (emitiendo unas 300-400 licencias anuales). La política migratoria española en esta centuria se orientó también a reforzar las fronteras de los virreinatos ante la presencia o expansión de otras potencias europeas (Gran Bretaña, Francia, Portugal). Por ello, muchos emigrantes de este período eran soldados destinados a la defensa fronteriza.

Además de los españoles peninsulares y sus descendientes nacidos en América (los criollos), la población de origen africano desempeñó un papel crucial en el poblamiento y la sociedad colonial. Los primeros africanos llegaron como esclavos acompañando a sus amos españoles desde las fases iniciales de la conquista y la colonización.

La Sociedad Estamental y de Castas

La interacción entre los grupos étnicos principales (indígenas, europeos y africanos) dio lugar a un proceso de mestizaje y a la formación de una compleja jerarquía social conocida como sociedad de castas. Esta sociedad estaba estratificada no solo por el origen étnico, sino también por el lugar de nacimiento, la posición económica y el estatus legal.

Se desarrollaron clasificaciones detalladas, a menudo representadas en los llamados «cuadros de castas», que intentaban categorizar las distintas mezclas. Aunque su aplicación en la vida real era fluida y compleja, algunos términos comunes incluían (esta es solo una muestra de las muchas denominaciones existentes):

  1. Mestizo: Hijo de español e indígena.
  2. Castizo: Hijo de mestizo y española.
  3. Criollo: Hijo de españoles nacido en América.
  4. Mulato: Hijo de español y africana.
  5. Morisco: Hijo de español y mulata (este término tenía otro significado en España).
  6. Albino: Hijo de español y morisca.
  7. Tornatrás: Descendiente con rasgos étnicos de generaciones anteriores.
  8. Lobo o Zambo: Hijo de indígena y africano.
  9. Chino: Usado a veces para descendientes de indígena y mulato/morisco (no confundir con asiáticos).
  10. Zambaigo: Hijo de indígena y mestizo/chino.
  11. Cambujo: Descendiente de diversas mezclas con ancestros africanos e indígenas.
  12. Cenizazo: Mezcla que resultaba en un tono de piel grisáceo.
  13. Albarazado: Otra mezcla compleja, a menudo con antepasados africanos.
  14. Calpamulato: Otra mezcla con ancestros africanos.
  15. Jíbaro: Término con diversos significados, a veces aplicado a ciertas mezclas o grupos indígenas no sometidos.
  16. Tente en el aire: Descendiente cuya mezcla no alteraba sustancialmente el fenotipo respecto a la generación anterior.

En la cúspide de esta pirámide social se encontraban los españoles peninsulares, que ocupaban los cargos más altos en la administración civil, militar y eclesiástica. Justo por debajo se situaban los criollos (hijos de españoles nacidos en América), que formaban la élite económica y social local, aunque a menudo se sentían postergados de los altos cargos de gobierno.

Muchos emigrantes castellanos aspiraban a mejorar su estatus social y económico en América, buscando oportunidades que no existían en la sociedad peninsular, más rígida y jerarquizada.

Aspectos Religiosos y Culturales

En el ámbito religioso, la Iglesia española en América distinguió entre infieles y paganos. Los primeros (judíos y musulmanes) eran vistos como practicantes de religiones ‘erróneas’ pero conocidas; los segundos (los pueblos indígenas) eran considerados paganos, cuyas creencias ancestrales eran desconocidas para el cristianismo. La justificación teológica para la evangelización se basaba en la idea de instruirlos en la ‘verdadera fe’ antes de poder juzgar sus actos según la moral cristiana.

El nivel de desarrollo sociocultural de los pueblos indígenas influyó en su integración (o resistencia) al sistema colonial. Paradójicamente, en regiones con estructuras estatales complejas (como los imperios Azteca e Inca), la conquista militar inicial pudo ser más rápida al descabezar el poder central. Tras la conquista, las élites indígenas (azteca, inca, maya, etc.) a menudo buscaron mantener parte de su estatus colaborando con los españoles, adoptando algunas de sus costumbres y símbolos de prestigio. La Corona reconoció ciertos privilegios a esta nobleza indígena, y se produjeron matrimonios entre conquistadores y mujeres nobles indígenas, aunque su posición social real era compleja y subordinada.

En áreas habitadas por sociedades con organizaciones políticas menos centralizadas y economías de subsistencia, la colonización fue a menudo más lenta, difícil o indirecta, y los intentos colonizadores a veces fracasaron.

Pervivencia de Estructuras Indígenas y Rol Femenino

En las sociedades indígenas prehispánicas, el parentesco era un elemento clave de integración social. Coexistían lazos de sangre con formas de organización comunal y estatal, como los calpullis aztecas o los ayllus incas. La conquista alteró profundamente estas estructuras, pero no las eliminó por completo. El sistema colonial impuso nuevas divisiones y redefinió las relaciones entre gobernantes y gobernados, a menudo vinculadas a la etnia y al grado de colaboración con el poder español. La persistencia de elementos sociales y culturales indígenas (como formas de organización comunal, lenguas o lazos de parentesco) fue fundamental para la configuración de la sociedad colonial, incluso hasta el siglo XVIII.

Las mujeres indígenas jugaron un papel crucial en este proceso. En muchos casos, fueron entregadas a los españoles como parte de alianzas políticas, tributos o intercambios, una práctica que tenía antecedentes prehispánicos pero que adquirió nuevas dimensiones bajo la dominación colonial. Estas uniones, forzadas o voluntarias, dieron origen a los primeros mestizos y sentaron las bases de la sociedad híbrida que caracterizaría a América Latina. Además, las mujeres indígenas fueron transmisoras fundamentales de conocimientos, prácticas culturales y lenguas.

La Alta Nobleza

Los parámetros sociales trasplantados desde Castilla a América se basaban en una:

  • Sociedad estamental hereditaria: Los estamentos privilegiados eran la nobleza y el clero. En Castilla, la nobleza había experimentado una transición de un poder predominantemente rural a uno más cortesano y urbano hacia finales del siglo XV.
  • Sociedad corporativa: Organizada en cuerpos (estamentos, gremios, etc.) con derechos, deberes y privilegios específicos para sus miembros.

Los miembros de la alta nobleza peninsular (duques, marqueses, condes) generalmente no emigraban para establecerse permanentemente en América. Ocupaban los más altos cargos (virreyes, gobernadores, capitanes generales) por un tiempo determinado y solían regresar a España al finalizar su mandato, salvo fallecimiento durante el mismo. Formaban parte del Consejo de Indias y ocupaban puestos diplomáticos y altos mandos militares relacionados con el imperio.

El término indiano se usaba comúnmente para referirse a cualquier español que había hecho fortuna en América y regresaba a España ostentando su riqueza. Aunque algunos conquistadores y sus descendientes sí recibieron títulos nobiliarios por sus servicios, la Corona española fue reacia a crear una poderosa nobleza hereditaria en América. La concesión de títulos nobiliarios por méritos en Indias fue limitada, destacando casos como el de Colón o algunos conquistadores principales (Cortés, Pizarro). La Corona limitó la creación de una nobleza fuerte y hereditaria en América para evitar la formación de poderes locales que pudieran desafiar la autoridad real o fomentar tendencias independentistas.

La Baja Nobleza

La baja nobleza castellana estaba formada por diversos grupos con distintos grados de reconocimiento y privilegio, como hidalgos, infanzones, caballeros y ciudadanos honrados de algunas ciudades. El acceso a la baja nobleza (hidalguía) en Castilla podía provenir, históricamente o por compra/méritos, de diversos grupos sociales.

Miembros de esta baja nobleza emigraron a América buscando mejorar su fortuna y estatus. Estos hidalgos y figuras similares a menudo dominaron los cabildos (ayuntamientos) de las ciudades americanas, otorgando a estas instituciones un poder local significativo. La fundación de ciudades fue un pilar fundamental del sistema de colonización español, y la red urbana se convirtió en el centro de la vida social, política y económica hispana.

Un ejemplo temprano de concesión de hidalguía colectiva en América fue a los «Trece de la Fama» que acompañaron a Francisco Pizarro en la exploración del Perú, reconocida en las Capitulaciones de Toledo (1529). Excepcionalmente, también se podía conceder la hidalguía colectiva a los vecinos de una ciudad por servicios destacados a la Corona.

Mercaderes, Artesanos y Agricultores: Su Movilidad Social

La noción de «clase media» como la entendemos hoy no existía claramente en la Castilla del siglo XVI, y esta estructura social jerarquizada se replicó, con modificaciones, en América. El amplio grupo no privilegiado estaba compuesto principalmente por mercaderes, artesanos y agricultores. Es difícil cuantificar con exactitud cuántos de ellos emigraron a las Indias.

Este grupo incluía desde grandes comerciantes involucrados en el comercio transatlántico hasta pequeños mercaderes, artesanos y agricultores que vendían sus productos localmente. Los mercaderes exitosos en Castilla a menudo aspiraban a ennoblecerse, comprando títulos o cargos, una aspiración que también se trasladó a América.

En la península, los artesanos formaban un porcentaje importante de la población urbana y estaban a menudo organizados en gremios. Se distinguían los menestrales (oficiales y maestros de gremios) de los trabajadores no cualificados. Los menestrales tenían un estatus reconocido (aunque pagaban impuestos), mientras que los no cualificados a menudo vivían en condiciones precarias. Muchos menestrales viajaron a América y algunos lograron prosperar económicamente.

Con el tiempo, algunos artesanos emigrados que acumularon riqueza pudieron acceder a encomiendas de indios (aunque esto fue cada vez más restringido), adquirir tierras o esclavos, abandonando el trabajo manual directo y adoptando un estilo de vida similar al de los hidalgos o caballeros, buscando el reconocimiento social.

El Campesinado

El campesinado se encontraba en una situación difícil en Castilla debido a factores como las grandes concesiones territoriales otorgadas a la nobleza (latifundismo), los privilegios otorgados a la Mesta (poderosa organización ganadera trashumante), la carga de impuestos, las malas cosechas recurrentes y las epidemias periódicas.

Se sabe que un número significativo de emigrantes procedía del campesinado, siendo el sector más numeroso de la población y, a menudo, el más motivado por la necesidad y el deseo de prosperar y obtener tierras propias en el Nuevo Mundo.

Las Profesiones Liberales: Artistas, Médicos, Juristas, Escribanos, etc.

El creciente aparato administrativo del Estado moderno, tanto en España como en América, demandaba personal formado (letrados, escribanos, funcionarios), abriendo oportunidades para universitarios que no necesariamente pertenecían a la alta nobleza. La expansión de la burocracia y la complejidad del Estado moderno crearon un espacio para profesionales formados, aunque los puestos más altos solían reservarse para la élite peninsular.

La Corona inicialmente restringió el paso de abogados a Indias, temiendo que fomentaran litigios en una sociedad en formación para su propio beneficio. No obstante, América ofrecía diversas oportunidades laborales para personas con formación: podían ejercer como escribanos (figura fundamental en la sociedad colonial por su función fedataria), secretarios, funcionarios menores, médicos, boticarios, maestros, artistas, o incluso enrolarse en la administración militar o eclesiástica.

Los Marginados Sociales

Este grupo heterogéneo estaba formado por personas que se encontraban fuera del marco social y legal establecido por razones religiosas, étnicas, legales o económicas. Incluía a judíos, conversos (cristianos nuevos de origen judío), moriscos (cristianos nuevos de origen musulmán), gitanos, herejes procesados por la Inquisición, vagabundos y delincuentes.

La Corona intentó impedir la emigración de estos grupos al Nuevo Continente, considerado un espacio para construir una sociedad cristiana ideal y homogénea, pero muchos lograron eludir los controles. Pronto se exigió acreditar la «limpieza de sangre» (ser cristiano viejo, sin antepasados judíos o musulmanes recientes) para obtener la licencia de embarque, por lo que muchos conversos y moriscos recurrieron a la falsificación de documentos o a redes de influencia para viajar.

La emigración de conversos, especialmente portugueses (tras la unión de las coronas en 1580), fue significativa. Buscaban escapar de la presión social y de la vigilancia de la Inquisición en la península. La instauración de tribunales de la Inquisición en ciudades como Lima (1570), México (1571) y Cartagena de Indias (1610) estuvo relacionada, en parte, con la presencia de conversos sospechosos de «judaizar» (practicar el judaísmo en secreto). La relativa permeabilidad de la nueva sociedad americana les proporcionaba, en ocasiones, mayores posibilidades de ascenso social y económico y de «borrar» su pasado. Aunque la Inquisición también actuaba en América, la vastedad del territorio y la menor densidad de control social podían permitirles una mayor discreción en sus prácticas privadas.

En cuanto a los moriscos, antes de la expulsión general de 1609-1614, algunos lograron emigrar individualmente. Tras la expulsión, aunque la mayoría fue enviada al norte de África, algunos pudieron ser desterrados a América, a menudo condenados a trabajos forzados, aunque su presencia documentada como grupo significativo es limitada.

También se intentó limitar la emigración de gitanos, a menudo vistos con recelo por las autoridades debido a su estilo de vida nómada y sus estructuras sociales propias.

Respecto a los delincuentes, hubo períodos iniciales (especialmente en los primeros viajes de Colón y las conquistas antillanas) en que se conmutaron penas por el servicio en América. Condenados a muerte o a largas penas podían obtener el indulto a cambio de servir en condiciones difíciles. Posteriormente, con la idea de crear una sociedad modélica, se procuró evitar la llegada de delincuentes habituales, y los «levantiscos» o problemáticos podían ser devueltos a España.

También se intentó restringir el paso de mendigos y vagabundos («pobres ociosos»), en parte mediante el coste del pasaje y los requisitos para obtener la licencia. Otro colectivo cuya emigración se intentó controlar fue el de los hombres casados que abandonaban a sus familias en España. La Corona intentó obligarles a regresar o a llevar a sus esposas a América. Muchos rehacían su vida y volvían a casarse en Indias, pero si las autoridades se enteraban, podían ser perseguidos por bigamia.

Las Mujeres y su Paso por las Indias

Aunque la emigración fue predominantemente masculina, el porcentaje de mujeres aumentó con el tiempo, llegando a representar hasta un cuarto del total en ciertos períodos del siglo XVI. Entre ellas había tanto mujeres casadas que se reunían con sus maridos o viajaban con ellos, como solteras que buscaban matrimonio y una nueva vida.

Según registros tempranos de la Casa de la Contratación, el número de mujeres registradas era bajo en comparación con los hombres. Inicialmente, la Corona favoreció la emigración de familias completas y también de mujeres solteras para fomentar el asentamiento estable y la formación de familias cristianas en los nuevos territorios.

Sin embargo, surgió la preocupación de que entre las mujeres solteras que viajaban hubiera prostitutas o mujeres de «vida licenciosa», lo que llevó a un mayor control. Durante el reinado de Felipe II, se endurecieron los requisitos y se restringieron algunas facilidades previas para el viaje de mujeres solteras solas, favoreciendo la emigración de familias constituidas o de mujeres que viajaban para reunirse con parientes ya establecidos.

Un caso notable de liderazgo femenino en la emigración fue el de Doña Mencía Calderón. Tras la muerte de su esposo Juan de Sanabria, Adelantado del Río de la Plata, a quien se le había encomendado llevar familias pobladoras (incluyendo 50 mujeres casadas y solteras), Doña Mencía asumió el liderazgo de la expedición para cumplir el compromiso y asegurar los derechos de su hijo Diego. La expedición zarpó en 1550.

El viaje estuvo plagado de dificultades: fueron asaltadas por piratas franceses, padecieron escasez de víveres y agua potable, y finalmente naufragaron en la costa de Brasil. Con los restos de los navíos construyeron un bergantín. Consiguieron ayuda portuguesa y llegaron a la factoría de San Vicente. Desde allí, Doña Mencía y su grupo (compuesto mayoritariamente por mujeres y niños) emprendieron una ardua travesía por tierra y ríos, atravesando territorios hostiles y la selva, hasta alcanzar finalmente la ciudad de La Asunción (actual Paraguay) en 1556, tras seis años de odisea. Una vez en Asunción, las mujeres de la expedición, incluyendo las hijas de Doña Mencía, contrajeron matrimonio con los conquistadores españoles allí asentados, contribuyendo significativamente a consolidar la sociedad colonial en esa remota región.

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