Reconquista y Repoblación Cristiana en la Península Ibérica
La **Reconquista** y **repoblación cristiana** de las tierras ganadas por los musulmanes se había iniciado ya en Galicia y el Cantábrico por obra de los primeros monarcas astures. Los ríos marcaron los jalones de este proceso de Reconquista y Repoblación. En un primer período se buscó el Duero. La conquista de Granada con la decisión de dispersar a los moriscos en 1571 exigió repoblar esas tierras. Luego, en 1609, se decidió expulsar a todos los moriscos, perdiendo el reino de Valencia y Aragón gran parte de su población. La población morisca consistía en unas 325.000 personas en un país de unos 8,5 millones de habitantes. Estaban concentrados en los reinos de Aragón, en el que constituían un 20% de la población, y de Valencia, donde representaban un 33% del total de habitantes. A esto hay que añadir que el crecimiento de la población morisca era bastante superior al de la cristiana. En un primer período se buscó el Duero. El primero que llegó hasta este último fue Alfonso I, rey de Asturias, aunque, por falta de elementos humanos suficientes para la tarea de repoblación, la zona quedó como tierra de nadie. Años después, Alfonso el Casto (791-842) rebasó el Duero y llegó hasta el Tajo, aunque de manera poco estable. La verdadera frontera de los siglos IX y X fue el Duero. En 814, los cristianos pasaron de las montañas cántabras a las llanuras castellanas. A Brañosera (Palencia) se le dio en 824 la primera carta de repoblación hasta hoy conocida; por eso es el más antiguo municipio español. Por entonces, la ocupación de las tierras se hacía mediante «presura», título con el que se adquiría legítimamente. Alfonso III el Magno (866-910) y Ramiro II (¿937-950?), reyes de Asturias y León, combatieron osadamente por tierras del Duero, lo que provocó que desde Córdoba se lanzase la célebre «Campaña de la Omnipotencia» organizada por Abd al-Rahmán III en el año 939, siendo estrepitosamente derrotado por el segundo de ellos, aliado con el conde castellano Fernán González y la reina navarra Toda en Simancas. El sistema de repoblación fue, en un principio, el basado en la concesión por parte del rey de tierras -que otorgaba los *bona vacantia*, los bienes sin dueño- a quien podía ocuparlas y defenderlas. Por lo general, se levantaba un monasterio y junto a él las humildes casas de las gentes que habían de labrar el campo. Los monjes eran agricultores o ganaderos, atentos no sólo a trabajar sus campos, sino a defenderlos de las incursiones árabes. Con el progreso de los cristianos, después de la conquista de Toledo se planteó el problema de la repoblación, lo mismo que había ocurrido en los territorios al norte del Tajo. Ahora bien, si en la zona norte la misión de los monasterios fue importantísima, en Castilla la Nueva, Extremadura, Valencia y Andalucía lo fue la desarrollada por las **órdenes militares**.
Las órdenes militares estrictamente españolas fueron cuatro, aparte otras de vida efímera: Calatrava, Alcántara, Santiago y Montesa, esta última fundada en Aragón, para sustituir a los extinguidos templarios; en Portugal existió la de Avis, que se distinguió en la defensa de Évora (1166) ante los musulmanes.
El Papel de las Órdenes Militares
En la doble labor -inseparable- de Reconquista y repoblación, las órdenes militares tuvieron una destacada y decisiva actuación. A la orden no española de San Juan le correspondieron en la Mancha territorios en torno a su cabeza Consuegra, entre los de calatravos y santiaguistas. La de Calatrava tuvo posesiones de Madrid hasta Despeñaperros. De la energía con que actuaron todas ellas es buen ejemplo el de la orden de Santiago. Desde su priorato leonés de San Marcos extendió su acción por el oeste de España y por el vecino Portugal hasta el sur; por todas partes tuvo propiedades y castillos. La labor efectuada desde el priorato de Uclés fue intensísima. Repobló las amplísimas tierras manchegas y edificó iglesias para restaurar el culto «in terris desertis». Los santiaguistas intervinieron en la conquista de Cuenca (1177). Su maestre estuvo presente en la conquista y repartimiento de Murcia y Sevilla. Los territorios de la orden de Santiago se extendieron por toda la geografía ibérica, si se exceptúa el nordeste y la parte más meridional de Andalucía. Las órdenes militares fueron eficaces colaboradoras de los reyes en la labor de reconquista y repoblación de nuevas tierras.
Las Cartas Puebla y los Tipos de Repoblación
Una **carta-puebla** o carta de población es un documento especial otorgado durante la Edad Media por una autoridad a los pobladores de un territorio. Esta autoridad podía ser señorial o eclesiástica: reyes, señores, Iglesia, Órdenes militares, Órdenes religiosas. Los pobladores son las personas que se asientan en la nueva tierra que se puebla (o repuebla), y que proceden de otro no muy lejano del nuevo lugar que toman por residencia. En la carta-puebla, como documento jurídico y administrativo, se consignan las normas generales a las que deben ajustarse los nuevos pobladores o los que fueran después a poblar: obligaciones, exenciones, privilegios, fueros, etc. Las cartas de población recogen muy someramente estas normas y remiten a algún fuero más extenso, donde se amplían todas las cuestiones jurídicas. T. MUÑOZ recogió en un libro una serie amplia de cartas-pueblas de los primeros tiempos de la repoblación. En él se puede ver una muestra representativa de las variedades de estos documentos, según se expedían en los siglos medievales. L. Gª. De Valdeavellano en su *Curso de Historia de las Instituciones Españolas* distingue varios tipos de repoblación durante la Edad Media. Veámoslos:
Tipos de Repoblación según Valdeavellano
**Repoblación monacal y privada**: llevada a cabo por Monasterios, Órdenes Religiosas y señores particulares, se dio sobre todo en el valle del Duero durante los siglos IX y X, y en algunos puntos de Salamanca y de Segovia, aún así la iniciativa era real.
**Repoblación concejil**: se inició en el siglo XI, “cuando los centros de población se constituyen en concejos o Municipios”. Llegó en el siglo XI hasta Ávila y Toledo (1085). En esta fase la repoblación era confiada a los Concejos del antiguo Reino de Toledo o de Castilla. Ello indica que los castellanos del norte se encontraban ya con importantes núcleos de población habitados, no desiertos, con una organización social mínima. Los Concejos o Municipios se convertían en centro de un territorio llamado alfoz, desde donde actuaban y repoblaban el espacio mayor o menor del alfoz, estableciendo nuevos poblamientos o desarrollando los ya existentes.
El tercer tipo de repoblación seguido en Castilla durante la Edad Media, según Gª De Valdeavellano, fue el de las **Órdenes Militares**. Se desarrolló esta etapa en los siglos XII y XIII, después de eliminado el peligro almorávide y almohade, en la franja castellana que va del Tajo a Sierra Morena, esto es, los valles del Tajo y el Guadiana, lo que hoy es La Mancha y Extremadura, prácticamente. Las Órdenes Militares, ante la inexistencia de concejos y de una población antigua, organizada y abundante, con su nobleza o clase dirigente correspondiente, toman a su cargo la conquista, colonización, repoblación y administración de estos grandes territorios, a lo que parece, yermos de población. Las Órdenes Militares son como la invención de una clase noble artificial, ya que no existía una clase noble fuerte, “natural”. Las Órdenes Militares ejercieron (empezaron a ejercerlo) el señorío de estas tierras de Castilla.
Una cuarta fase, posterior en el espacio y en el tiempo, se dio en el valle del Guadalquivir en los siglos XIII-XV. Aquí intervinieron al alimón los Concejos, abundantes y muy poblados, los nobles castellanos, que obtuvieron unas enormes concesiones de tierras y señoríos, y también las Órdenes Militares.
Conclusión
Este resumen del proceso repoblador durante y después de la Reconquista en la Edad Media afectó sobre todo a Castilla. No se recoge aquí el procedimiento repoblador en los reinos de Navarra y Aragón (Aragón, Cataluña, Valencia, Baleares, Murcia, etc.) ni Portugal, aunque hay que decir que siguieron esquemas muy parecidos. La diferencia fundamental está, en mi opinión, en que sólo Castilla encuentra una franja tan grande de terreno y tan despoblada de hombres como la Mancha. Esta circunstancia marcó el desarrollo de la historia de esta tierra para siempre. También hay que observar, y esto se aprecia a simple vista, que estas cuatro fases de la repoblación están en relación con el proceso de la Reconquista. A los momentos iniciales de la Reconquista les corresponde la repoblación señorial, monacal y concejil, que dura hasta el siglo XI. A las etapas medias de la Reconquista les corresponde la repoblación de las Órdenes Militares, durante los siglos XII y XIII, del Tajo a Sierra Morena. Por último, durante el siglo XIII (a partir de Fernando III el Santo) se reconquista y repuebla el valle del Guadalquivir (Andalucía) con procedimientos propios.