Restauración Borbónica en España: El Sistema Canovista y la Crisis de la Restauración

La Restauración Borbónica y el Sistema Canovista (1874-1923)

El retorno de la dinastía borbónica a España se explica por una serie de factores clave:

  • La falta de apoyos sociales al sistema democrático surgido de la Revolución Gloriosa (1868).
  • La debilidad de la I República y la incapacidad de sus gobiernos.
  • El peso político y económico de los sectores sociales favorables a la restauración de la monarquía y al regreso de los Borbones.

Apoyos a la Restauración

Diversos grupos sociales respaldaban la vuelta de los Borbones:

  • La burguesía: Aspiraba a un régimen político fuerte, estable y moderado, que proporcionara tranquilidad económica y controlara el creciente movimiento obrero.
  • La Iglesia: Perjudicada por la República, que había definido a España como un estado no confesional y había dejado de financiarla. La Iglesia, en general, se oponía a las ideas democráticas y defendía la monarquía.
  • Los militares: Un sector esencialmente monárquico, que abandonaba progresivamente las posiciones progresistas en favor de posturas más moderadas.
  • Los terratenientes: Al igual que la alta burguesía, deseaban un gobierno fuerte y con autoridad, que frenase la expansión del anarquismo entre los jornaleros del campo.

El Sistema Canovista

El sistema político imperante en España entre 1874 y 1923 se conoce como “sistema canovista”, diseñado por Antonio Cánovas del Castillo. Este político malagueño, exministro de la Unión Liberal durante el reinado de Isabel II, se convirtió en el líder de los partidarios de Alfonso, heredero de Isabel II. Cánovas redactó el Manifiesto de Sandhurst.

El proyecto político de Cánovas se basaba en dos pilares:

  1. La complementariedad entre el rey y las Cortes, depositarios de la soberanía y el poder legislativo.
  2. El predominio parlamentario de dos únicos partidos, que debían turnarse en el poder: el Partido Conservador (liderado por Cánovas) y el Partido Liberal (liderado por Práxedes Mateo Sagasta).

Cánovas pretendía instaurar un régimen político duradero, estable, conservador, que erradicara la intervención militar en la vida política y frenara las aspiraciones del movimiento obrero.

La Constitución de 1876

La Constitución de 1876 plasmó legalmente el sistema canovista. Era una constitución breve y flexible, pensada para ser interpretada en diferentes sentidos según el partido gobernante:

  • Soberanía compartida entre el rey y las Cortes.
  • Cortes bicamerales:
    • Congreso de los Diputados.
    • Senado (compuesto por Grandes de España, altos mandos militares, jerarcas de la Iglesia, senadores designados por el rey y senadores electos).
  • El monarca mantenía atribuciones en el poder legislativo (derecho de veto, facultad de disolver las Cortes) y, junto a sus ministros, el poder ejecutivo.
  • Lista de derechos y libertades más restringida que en constituciones anteriores.
  • No establecía un tipo de sufragio concreto. La ley electoral de 1878 (gobierno de Cánovas) aprobó el sufragio censitario, reformado en 1890 (gobierno de Sagasta) con el sufragio universal masculino.
  • Confesionalidad católica del estado, con libertad de cultos (siempre que no se manifestasen públicamente). El estado se comprometía a sostener económicamente a la Iglesia.

El Regeneracionismo y la Crisis del Sistema

Durante el reinado de Alfonso XIII (1902-1931), Antonio Maura fue el principal representante del regeneracionismo conservador. Intentó una “revolución desde arriba” para evitar la revolución “desde abajo”. Entre 1907 y 1909, aprobó una nueva Ley electoral, una Ley de administración local, medidas económicas y sociales, y una Ley de represión del terrorismo.

La Guerra de Marruecos

La guerra en Marruecos acabó con las aspiraciones reformistas. La ocupación española del norte de África respondía a la necesidad de resolver conflictos coloniales entre Gran Bretaña y Francia. En 1904, ambas potencias se repartieron el norte de África, dejando la zona costera próxima al Estrecho de Gibraltar para España. El acuerdo fue ratificado en la Conferencia de Algeciras de 1906, pero no fue hasta 1912 cuando se fijaron los límites de las posesiones españolas y francesas.

La ocupación no fue asumida con entusiasmo por el gobierno español, pero sí por el ejército, que veía la posibilidad de remediar el descrédito por la derrota contra EE.UU. en la guerra de Cuba.

La Semana Trágica de Barcelona (1909)

Las tribus marroquíes se opusieron violentamente a la ocupación española. En 1909, el ejército sufrió derrotas en el “Barranco del Lobo” y el “Monte Gurugú”, desencadenando la Semana Trágica de Barcelona.

Los sucesos de Barcelona (julio de 1909) fueron una sucesión de manifestaciones, huelgas e insurrecciones violentas del proletariado, promovidas por grupos anarquistas, socialistas y republicanos. El gobierno de Maura declaró el estado de excepción y sofocó la insurrección con el ejército. El resultado fue la muerte de más de cien personas, 1700 personas ante un consejo de guerra y 17 sentencias de muerte (5 ejecutadas).

Las causas de la Semana Trágica fueron:

  • La protesta contra la guerra colonial en Marruecos, que provocaba muchas muertes, especialmente entre los jóvenes de origen humilde. El rechazo a la guerra llegó a su punto culminante con el llamamiento a filas de los reservistas.
  • La grave situación económica y social del proletariado, especialmente del barcelonés.

Las consecuencias fueron:

  • La salida del gobierno de Antonio Maura y la sustitución por el partido liberal de José Canalejas.
  • El acuerdo entre socialistas y republicanos, que se presentaron en coalición a las elecciones de 1910, obteniendo el primer escaño para un socialista en las Cortes (Pablo Iglesias). Este acuerdo fue el inicio de un proceso que culminaría en 1931 con la proclamación de la II República.

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