Sistema Canovista, Nacionalismos Periféricos, Movimiento Obrero y Crisis de 1898 en España

El Sistema Político Canovista y la Restauración (1874-1931)

El sistema político canovista, desarrollado en España durante la Restauración (1874-1931), se instauró con la vuelta de la monarquía borbónica en la figura de Alfonso XII. Antonio Cánovas del Castillo diseñó un modelo político para garantizar la estabilidad tras la inestabilidad del Sexenio Democrático (1868-1874). El objetivo era asegurar el control del poder por parte de las élites mediante una monarquía constitucional con bipartidismo y turnos pacíficos.

La Constitución de 1876

La Constitución de 1876 estableció la soberanía compartida entre el rey y las Cortes, otorgando amplios poderes a la Corona, incluyendo la iniciativa legislativa y el derecho de veto. Se instauró un Parlamento bicameral y se reconocieron derechos individuales, aunque con posibilidad de suspensión por parte del gobierno. El catolicismo fue declarado religión oficial, y el sufragio censitario se mantuvo hasta la instauración del sufragio universal masculino en 1890.

Bipartidismo y Turno Pacífico

El sistema político se basó en el bipartidismo entre el Partido Conservador (liderado por Cánovas) y el Partido Liberal (liderado por Sagasta), que se alternaban en el poder mediante el llamado «turno pacífico». Este mecanismo se aseguraba a través de prácticas como el caciquismo, el encasillado y la corrupción electoral. Los gobernadores civiles y los caciques locales controlaban el proceso electoral mediante la manipulación del censo, la compra de votos y la coacción, en lo que se conocía como «pucherazo». Con la ampliación del sufragio en 1890, el fraude se intensificó, y la alta abstención reflejaba la falta de confianza en el sistema.

En conclusión, el sistema canovista proporcionó estabilidad política, pero no puede considerarse una democracia real. El fraude electoral, la exclusión de amplios sectores de la sociedad y la manipulación del proceso electoral lo convirtieron en un régimen oligárquico donde el poder se repartía entre las élites, limitando la participación ciudadana y distorsionando la representación política.

El Auge de los Nacionalismos Periféricos

El primer texto es un discurso político pronunciado por Enric Prat de la Riba en el Congreso Nacionalista Catalán de 1906, donde defiende el nacionalismo catalán y su aspiración a la autonomía dentro de una España federal. El segundo texto es un artículo periodístico de opinión publicado en el periódico Bizkaitarra en 1894, escrito por Sabino Arana, fundador del Partido Nacionalista Vasco, donde expone su visión sobre la historia y cultura del País Vasco y su rechazo a la influencia española. Ambos documentos son fuentes primarias y reflejan el auge del nacionalismo periférico en la Restauración.

Comparación de los Nacionalismos Catalán y Vasco

Ambos textos abordan el nacionalismo desde perspectivas diferentes. Prat de la Riba presenta un nacionalismo catalán moderado que aspira a una organización federal de España, mientras que Sabino Arana plantea un nacionalismo vasco más radical, con tintes independentistas y antiespañolistas. Estos movimientos surgen durante la Restauración borbónica (1875-1931) como reacción al centralismo del sistema canovista, que promovía una España unitaria y homogeneizadora, provocando descontento en las regiones periféricas. Además del catalán y el vasco, surgieron otros nacionalismos como el gallego (impulsado por Manuel Murguía con la creación de la Asociación Regionalista Galega en 1889) o el canario, aunque con menor impacto. El nacionalismo canario estaba ligado al movimiento obrero y tuvo un alcance limitado.

El contexto internacional también favoreció la expansión de los nacionalismos debido a la industrialización, la urbanización y la educación, que fortalecieron la conciencia de identidad en distintos pueblos europeos. En España, la industrialización tuvo especial relevancia en Cataluña y el País Vasco, donde emergieron burguesías que defendían sus intereses regionales. En el texto de Prat de la Riba, se define la nacionalidad como una unidad de cultura con un alma colectiva propia y se defiende el derecho de las nacionalidades a autogobernarse dentro de un modelo federal. El artículo de Arana idealiza el pasado de Vizcaya como una nación independiente y critica la situación actual, denunciando la influencia española.

Similitudes y Diferencias

  • Similitudes: Ambos nacionalismos tienen un origen regionalista y un carácter conservador, desarrollándose en regiones industriales con burguesías influyentes. Ninguno obtuvo sus principales demandas hasta después de la Restauración, salvo la Mancomunidad catalana en 1914, presidida por Prat de la Riba. Además, sus líderes fundaron partidos influyentes: la Lliga Regionalista en Cataluña y el Partido Nacionalista Vasco.
  • Diferencias: El nacionalismo catalán tiene raíces más antiguas, ligadas a la abolición de los fueros tras la Guerra de Sucesión (1701-1714). El vasco surgió más tarde, vinculado a la industrialización y a la pérdida de los fueros tras las Guerras Carlistas. El nacionalismo catalán de la Lliga no era independentista, sino autonomista y federalista, mientras que el de Arana tenía una marcada postura antiespañola, con aspiraciones independentistas y un fuerte componente xenófobo, reflejado en su rechazo a los inmigrantes españoles, a quienes descalificaba como «maketos». No obstante, hacia 1898, Arana moderó su postura, inclinándose hacia el autonomismo.

El Movimiento Obrero y Campesino en España (Siglos XIX y XX)

Entre los siglos XIX y XX, España vivió importantes transformaciones sociales y económicas que propiciaron la aparición del movimiento obrero y campesino, impulsado por las precarias condiciones laborales y de vida. Los grupos menos favorecidos, como los jornaleros y trabajadores industriales, enfrentaban miseria y explotación, lo que generó grandes migraciones hacia las ciudades y fortaleció la organización social.

Socialismo

El socialismo en España comenzó con la fundación de la Agrupación Socialista Madrileña en 1879 por Pablo Iglesias, que se convirtió en el núcleo del PSOE (Partido Socialista Obrero Español) y la UGT (Unión General de Trabajadores). Su estrategia se basaba en la lucha de clases y la reforma gradual mediante el uso del sufragio y la participación parlamentaria. El PSOE impulsaba mejoras en las condiciones laborales y sociales, como la jornada laboral de 8 horas, y fue clave en la creación de la UGT en 1888. Su principal influencia se encontraba en Madrid, Asturias y Vizcaya, con un enfoque ideológico marxista y una visión de revolución social.

Anarquismo

El anarquismo destacó por su rechazo al Estado y la propiedad privada. Defendía la acción directa (huelgas, insurrección armada) para destruir el sistema burgués y alcanzar una sociedad sin autoridades ni jerarquías. Su mayor fuerza se ubicaba en Cataluña y Andalucía. Los anarquistas, además de recurrir a la violencia, fundaron la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) en 1910 como un sindicato anarcosindicalista para organizar la lucha de clases. La represión a estos movimientos fue feroz, especialmente en los Procesos de Montjuïc (1897).

Otras Formas de Organización Obrera

  • Mutualismo: Sociedades de Socorros Mutuos que ofrecían protección ante enfermedades o accidentes.
  • Sindicalismo Católico: Promovido por la Iglesia, defendía una mejora de las condiciones laborales sin ruptura del sistema capitalista, buscando una armonía entre las clases.

En conclusión, el movimiento obrero y campesino español fue diverso y complejo, con corrientes como el socialismo y el anarquismo, que representaban diferentes enfoques ideológicos y estrategias. Junto a ellas, el mutualismo y el sindicalismo católico jugaron un papel relevante en la mejora de las condiciones de vida de las clases trabajadoras y en la configuración del panorama social y político de principios del siglo XX.

La Guerra de Cuba y la Crisis de 1898

La Guerra de Cuba (1895-1898) se enmarca en un contexto de creciente interés estadounidense en el Caribe, donde se entrelazan factores económicos y geopolíticos. Estados Unidos, deseoso de expandir su influencia en la región y de proteger sus intereses comerciales, apoyó el movimiento independentista cubano que luchaba contra el dominio español. Este conflicto no solo se limitó a Cuba; se extendió a otras posesiones españolas, como Filipinas, Puerto Rico y Guam, convirtiéndose en una guerra de dimensiones globales.

El Tratado de París y sus Consecuencias

El conflicto culminó con la firma del Tratado de París el 10 de diciembre de 1898, que formalizó la pérdida de Cuba, Filipinas, Puerto Rico y Guam por parte de España. Además, España también cedió las Islas Carolinas, lo que marcó un hito en la historia del país al ser despojado de su estatus como potencia colonial.

Impacto Económico

El colapso de España como potencia colonial supuso la pérdida de mercados esenciales para las exportaciones españolas y de materias primas críticas para las industrias, especialmente en Cataluña y el País Vasco. La industria se vio afectada por la falta de recursos y mercados, lo que llevó a una crisis económica aguda. Ante el desmantelamiento de su imperio colonial, muchos capitales españoles que habían estado invertidos en el extranjero fueron repatriados. Esto facilitó un cierto desarrollo industrial en la península y permitió un saneamiento de la Hacienda pública, aunque no de forma suficiente para revertir la crisis económica. La crisis también llevó a un cambio en los cultivos, impulsando el cultivo de la remolacha en la península y de la caña de azúcar en Canarias, buscando nuevas fuentes de ingresos y exportaciones.

Impacto Social y Político

  • Crecimiento del antimilitarismo: El reclutamiento para la guerra de Cuba afectó a los que no tenían recursos, pues la incorporación a filas podía evitarse pagando una cantidad. Esta circunstancia incrementó el rechazo de las clases populares al ejército.
  • Resentimiento de los militares hacia los políticos: Se debió a la derrota y al sentimiento de haber sido utilizados. Se criticó severamente la torpeza de los gobernantes, pero el sistema político sobrevivió al desastre, aunque los partidos del turno quedaron muy desgastados.
  • Auge del nacionalismo español: La pérdida de las colonias avivó el sentimiento nacionalista en España. Surgieron movimientos que buscaban afirmar la identidad y la unidad nacional.
  • Crisis de conciencia nacional y Regeneracionismo: Se produjo una auténtica crisis de la conciencia nacional, que se manifestó de forma muy especial en el regeneracionismo y en la actitud pesimista de los intelectuales de la llamada Generación del 98 (Machado, Azorín, Unamuno, Pío Baroja, Valle Inclán). Destacó Joaquín Costa como máximo representante del Regeneracionismo, un movimiento intelectual y crítico que rechazaba el sistema político y social de la Restauración.

Finalmente, en respuesta a la crisis, surgieron intentos de reforma dentro del sistema político existente. Políticos como Antonio Maura y José Canalejas propusieron democratizar el país «desde arriba», buscando modernizar la política española y adaptarla a las nuevas realidades sociales y económicas. Sin embargo, sus esfuerzos se encontraron con la resistencia de las estructuras oligárquicas que dominaban la política española.

La Industrialización Española en el Siglo XIX

La industria española en el siglo XIX experimentó un crecimiento lento y desigual debido a diversas causas estructurales, políticas y económicas. Los sectores más importantes fueron el textil, el siderúrgico y el minero, que desarrollaron características y problemáticas propias.

Industria Textil Catalana

La industria textil en Cataluña, especialmente en Barcelona y Girona, destacó por su crecimiento. Factores como la disponibilidad de capital burgués, el conocimiento técnico adquirido de otros países y el aumento de la demanda de productos textiles impulsaron su desarrollo. Sin embargo, las limitaciones fueron notorias. La falta de carbón en la región dificultó la mecanización, obligando a utilizar carbón importado o madera, lo que incrementaba los costos. Además, el débil mercado interior, debido a la pobreza de amplios sectores, restringió el crecimiento. Para solucionar estos problemas, se crearon colonias industriales, núcleos autosuficientes que combinaban fábricas y viviendas para los trabajadores, y se implementaron políticas proteccionistas que favorecieron la producción nacional frente a las importaciones extranjeras.

Industria Siderúrgica

La industria siderúrgica se concentró principalmente en tres regiones: Málaga, Asturias y el País Vasco. En Málaga, el sector fue inicialmente impulsado por el hierro local, pero el alto coste del transporte y la falta de carbón impidieron su expansión. En Asturias, la presencia de carbón permitió la creación de fábricas, pero la calidad del mineral limitó su competitividad. La región más exitosa fue el País Vasco, especialmente Vizcaya, donde la abundancia de mineral de hierro de alta calidad y la inversión extranjera, principalmente británica, favorecieron su desarrollo. El intercambio de hierro por carbón con Gran Bretaña fue clave en el impulso de la siderurgia vasca.

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