España en el Siglo XIX: De la Revolución Gloriosa a la Restauración Borbónica
1. Antecedentes: El Reinado de Isabel II y la Crisis del Sistema
Entre 1863 y 1868, el reinado de Isabel II se caracterizó por gobiernos cada vez más conservadores y autoritarios, lo que acentuó la oposición al régimen. Al mismo tiempo, una grave crisis industrial, financiera y de subsistencia incrementó el malestar social. El aumento de la corrupción y el desprestigio de la reina, debido a su conducta privada y su constante injerencia en el gobierno, facilitaron la unión de la oposición. Todos los partidos, excepto el Moderado, firmaron el Pacto de Ostende, cuyo objetivo era destronar a Isabel II y convocar Cortes Constituyentes.
2. La Revolución Gloriosa (1868)
La sublevación estalló en septiembre de 1868. Iniciada por el unionista almirante Juan Bautista Topete en Cádiz y los generales Prim y Serrano, a este pronunciamiento militar se le unieron rápidamente sublevaciones populares en diversas zonas del país. Las tropas del general Serrano derrotaron a las tropas isabelinas en la batalla del puente de Alcolea el 28 de septiembre de 1868. Isabel II huyó a Francia. La que los progresistas vinieron a denominar «Revolución Gloriosa» había triunfado con gran facilidad en el país.
3. El Gobierno Provisional y la Constitución de 1869
Inmediatamente se estableció un gobierno presidido por Serrano, con Prim en el ministerio de Guerra, que convocó elecciones a Cortes Constituyentes por sufragio universal. La coalición gubernamental venció en unos comicios relativamente limpios y marcó con su ideología la nueva Constitución de 1869. Republicanos y carlistas también obtuvieron diputados, evidenciando el carácter democrático del proceso. La Constitución, promulgada en junio, recogía la soberanía nacional, división de poderes, derecho de reunión y asociación, libertad de cultos y una monarquía democrática con cortes bicamerales elegidas por sufragio universal masculino. Se implantó el sistema de oposición en la carrera judicial y el juicio por jurados. Este texto significó un gran impulso democratizador para España, adelantándola en muchos aspectos a Europa.
4. El Reinado de Amadeo I (1871-1873)
Tras la aprobación de la Constitución que establecía la monarquía como forma de gobierno, Serrano fue nombrado Regente y Prim asumió la presidencia del gobierno. Descartada la restauración borbónica, se inició la búsqueda de un candidato en las familias reales europeas. Finalmente, las Cortes eligieron a Amadeo de Saboya, hijo de Víctor Manuel II, rey de la unificada Italia, y miembro de una dinastía con fama de liberal. Sin embargo, el mismo día de su llegada a España, el general Prim fue asesinado. Como principal apoyo del nuevo monarca, su ausencia debilitó enormemente su posición. Amadeo se encontró con un amplio rechazo de sectores diversos y enfrentados: los carlistas, activos en el País Vasco y Navarra; los alfonsinos, que apoyaban el regreso de los Borbones en la figura de Alfonso, hijo de Isabel II; y los republicanos, que exigían reformas políticas, económicas y sociales más radicales, con un marcado anticlericalismo. Además, la alianza de unionistas, progresistas y demócratas, que había impulsado la Constitución y llevado a Amadeo al trono, comenzó a desintegrarse. Enfrentó dos grandes conflictos: la Tercera Guerra Carlista, con Carlos VII liderando la insurrección en el País Vasco, Navarra, Cataluña, el Maestrazgo y Levante; y la creciente guerra de independencia en Cuba, que se intensificó sin una solución efectiva.
Durante su breve reinado de dos años, la inestabilidad política fue constante, con repetidas elecciones y crisis de gobierno sin resultados. Finalmente, agotado por la situación y sin apoyo suficiente, Amadeo I abdicó a principios de 1873 y regresó a Italia. Ante la imposibilidad de encontrar un nuevo monarca, las Cortes proclamaron la Primera República el 11 de febrero de 1873.
5. La Primera República (1873-1874)
La Primera República fue proclamada sin una mayoría republicana en las Cortes, ya que las ideas republicanas tenían escaso apoyo social y eran rechazadas por la alta burguesía, los terratenientes, el ejército y la Iglesia. La mayoría parlamentaria era monárquica y desconfiaba de Serrano por su tendencia autoritaria. Los pocos republicanos pertenecían a la clase media urbana, mientras que la clase trabajadora apoyaba al movimiento obrero anarquista. La debilidad del régimen provocó una gran inestabilidad política, con cuatro presidentes en un año: Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar. Figueras asumió la presidencia sin definir si la República sería unitaria o federal, posponiendo la decisión para las futuras Cortes Constituyentes. Su gobierno incluyó ministros del Partido Radical, republicanos federales y moderados como Castelar. El objetivo principal era convocar Cortes para redactar una nueva Constitución. A pesar del contexto adverso, los gobiernos republicanos impulsaron reformas radicales:
- Supresión del impuesto de consumos, lo que agravó el déficit de Hacienda.
- Eliminación de las quintas, debilitando al Estado frente a los carlistas.
- Reducción de la edad de voto a 21 años.
- Separación de la Iglesia y el Estado, dejando de subvencionarla.
- Regulación del trabajo infantil, prohibiendo emplear niños menores de 10 años en fábricas y minas.
- Abolición de la esclavitud en Cuba y Puerto Rico.
Estos cambios se dieron en medio de conflictos bélicos:
- Guerra Carlista: Carlos VII lideró una insurrección en el País Vasco y Navarra, estableciendo un gobierno en Estella.
- Guerra de Cuba: La insurrección independentista iniciada en 1868 derivó en la «Guerra Larga», que se extendió hasta 1878 con la Paz de Zanjón.
La victoria de los republicanos federales en las elecciones llevó a la proclamación de la República Federal y a la presidencia de Pi y Margall. Sin embargo, dentro del republicanismo surgieron diferencias: los Transigentes, liderados por Pi y Margall, defendían construir la federación desde arriba. Los Intransigentes querían establecerla desde abajo y, tras ver su proyecto rechazado, proclamaron cantones independientes en Valencia, Murcia y Andalucía. El ejército reprimió la insurrección cantonal, destacando la resistencia del cantón de Cartagena, símbolo de la mezcla entre republicanismo federal y anarquismo. Ante la crisis, Pi y Margall dimitió. Le sucedió Salmerón, quien renunció por no querer firmar penas de muerte. Emilio Castelar asumió la presidencia y trató de restaurar el orden combatiendo a carlistas y cubanos. Mientras tanto, el ejército comenzó a apoyar la restauración borbónica con Alfonso, hijo de Isabel II.
6. La Dictadura de Serrano y la Restauración Borbónica
Las sesiones de la Cortes rechazaron a Castelar, provocando su dimisión. El 4 de enero de 1874, en la votación de un nuevo gobierno, el general Pavía encabezó un golpe militar. Las Cortes republicanas fueron disueltas y se estableció un gobierno de concentración presidido por el general Serrano que suspendió la Constitución y los derechos y libertades. El régimen republicano se mantuvo nominalmente un año más, aunque la dictadura de Serrano fue un simple paso previo a la restauración de los Borbones. Serrano gobernó de acuerdo con la Constitución de 1869, pero con poderes dictatoriales. Acabó con el cantonalismo aunque no consiguió derrotar a los carlistas. El movimiento de restauración de los Borbones que planeaban los alfonsinos con su líder Cánovas del Castillo, tuvo un momento crucial con el pronunciamiento en Sagunto del general Arsenio Martínez Campos el 29 de diciembre de 1874 a favor de la restauración monárquica.