Introducción: El Auge del Capitalismo Industrial
El capitalismo instauró una división entre el capital y el trabajo, organizando la sociedad en dos grupos principales: la burguesía y el proletariado. Estas clases sociales, si bien permitían cierta movilidad social, se definían principalmente por el poder económico.
A. La Nueva Sociedad de Clases
La burguesía, poseedora del capital, desarrollaba los negocios y era propietaria de las fábricas, entidades financieras y empresas comerciales. El proletariado, o clase obrera, vivía del trabajo realizado en minas, fábricas y medios de transporte a cambio de un salario. Eran la mano de obra esencial para el funcionamiento de la maquinaria industrial. En esta época, no existía legislación laboral que regulase las condiciones de trabajo, los salarios o garantizase protección en caso de accidente o enfermedad. Los obreros estaban sometidos a una dura disciplina, con frecuentes castigos y penalizaciones, y podían ser despedidos a voluntad del empresario. Los salarios eran muy bajos y no se percibían en caso de enfermedad, accidente o vejez. Niños y mujeres trabajaban en las mismas condiciones que los hombres, tanto en fábricas como en minas. El sueldo de los niños equivalía a un 10% del de los hombres, y el de las mujeres, alrededor de un 40%. La esperanza de vida era muy baja, considerándose a las personas muy envejecidas a los 50 años.
B. El Movimiento Obrero
Las duras condiciones de trabajo y la miseria en que vivía la clase obrera bajo el sistema industrial generaron una nueva conflictividad social y la aparición del movimiento obrero. La primera reacción obrera fue el ludismo, un movimiento iniciado en Inglaterra que consistía en la destrucción de las máquinas, consideradas responsables de los bajos salarios y del paro obrero. Posteriormente, algunos obreros comenzaron a organizarse en asociaciones para defender sus intereses. Las primeras fueron las Sociedades de Socorro, que actuaban como sociedades de resistencia. La derogación de las leyes que prohibían las asociaciones obreras permitió la creación de los primeros sindicatos, como la Great Trade Union, que agrupaba a trabajadores de distintos oficios.
El Marxismo
El marxismo denunció la explotación de los trabajadores y defendió la revolución para destruir el capitalismo. Proponía la conquista del poder político para crear un Estado obrero que aboliría la propiedad privada, poniéndola en manos del Estado. El objetivo final era una sociedad comunista sin clases sociales ni Estado. Los marxistas crearon partidos obreros socialistas que, además de la revolución obrera, participaban en las elecciones y en los parlamentos para impulsar leyes favorables a los trabajadores.
La Segunda Revolución Industrial y el Imperialismo
La Segunda Revolución Industrial transformó la economía y la sociedad de las principales potencias europeas. Una nueva organización del trabajo y nuevas fórmulas empresariales permitieron un espectacular desarrollo de la producción, el comercio y los transportes. Europa se lanzó al dominio político y económico del resto del mundo, explotando los recursos de África, América Latina y Asia, y logrando la dominación política de gran parte de estos continentes.
A. Causas del Imperialismo
- Intereses económicos: Los países industrializados de Europa necesitaban nuevos mercados para vender su excedente de producción industrial, comprar materias primas y productos coloniales a bajo precio, e invertir sus excedentes de capital en lugares con mano de obra más barata.
- Crecimiento demográfico: El aumento de la población europea, que alcanzó los 450 millones de habitantes en 1900, generó un excedente de población, especialmente en la agricultura, que estimuló la emigración hacia otros continentes.
- Concepciones racistas y nacionalistas: La idea de una raza blanca superior legitimaba la imposición sobre otros pueblos, utilizando cualquier medio, incluyendo la guerra.
B. La Rivalidad entre las Potencias
La expansión imperialista también fue impulsada por el deseo de ampliar las zonas de influencia de cada potencia industrial. Tras la unificación de Italia y Alemania, la expansión colonial se convirtió en la principal vía para aumentar el poder político. Esto promovió una carrera por controlar nuevos territorios. Las grandes potencias se lanzaron al reparto del mundo, controlando parte de América, la mayoría de las islas del Pacífico, casi todo Asia y África. Los principales imperios coloniales europeos fueron el francés y el británico. Leopoldo II adquirió el Congo como propiedad privada, legándolo posteriormente a Bélgica. Alemania se estableció en Tanganica y el África Sudoccidental, mientras que Italia llegó tarde al reparto. Holanda controlaba posesiones en Indonesia, Portugal en África y Rusia se expandió por Asia. España se asentó en el Golfo de Guinea, el Sahara y el norte de Marruecos. Estados Unidos y Japón, potencias extraeuropeas, también se expandieron hacia América y Asia, respectivamente.
C. Consecuencias del Imperialismo
Los europeos modificaron los territorios de Asia y África, creando nuevos países y trazando nuevas fronteras. Construyeron infraestructuras para explotar y comunicar los territorios conquistados y levantaron nuevas ciudades. Esto modificó la estructura económica y política africana sin tener en cuenta las diferencias tribales, lingüísticas o religiosas, creando países con graves problemas de cohesión interna. En las colonias se impusieron los intereses económicos de los colonizadores, con la ayuda de las élites locales. La mayoría de la población indígena quedó sometida, empeorando sus condiciones de vida. Los nativos debían trabajar en plantaciones para subsistir y comprar alimentos debido a la imposición de la economía monetaria. La artesanía local se arruinó por la competencia de los productos industriales importados. La introducción de medidas higiénicas y la construcción de hospitales redujeron las epidemias, disminuyendo la mortalidad y aumentando la población. Sin embargo, este aumento demográfico, especialmente en África, desequilibró la relación entre población y recursos, generando subalimentación crónica. En el ámbito cultural, las costumbres autóctonas no resistieron el impacto de la cultura occidental, perdiendo parte de su identidad. Se desarticularon las sociedades tradicionales, sin respeto por las formas de vida indígenas. Se dividieron o unieron etnias artificialmente, rompiendo unas y forzando la convivencia de grupos enfrentados. Los europeos reclutaron a indígenas para su ejército y administración.